Monthly Archives: marzo 2012

Hostias (digamos)

De la serie: Rugidos

Leo en «El País» que la Justicia ha ratificado el veto que la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Madrid pusieron a una procesión atea a celebrar el Jueves Santo. Pese a mis simpatías hacia las entidades convocantes, aplaudo el criterio del Tribunal Superior de Justicia de la comunidad en cuestión, cuyo eje central reproduzco tomado del medio citado: «En ellas [las festividades clave en la religión católica] participan activamente los católicos, pero también otras personas con intereses culturales o meramente turísticos. Se ha de hacer hincapié en que esa festividad tiene una relevancia fundamental dentro del mundo católico por la conmemoración del día y en que, consecuentemente, es merecedor de protección, pudiendo justificar la restricción del uso de la vía pública a otros grupos de personas cuando su uso no sea compatible».

Hasta aquí, lo siento por los frustrados manifestantes, cuya intención reitero que suscribo, pero cuya manifestación en pro de la misma puede perfectamente realizarse en otra fecha.

Pero luego me salta el impresentable de turno, en este caso una organización denominada Más Libre (no sé de qué, pero, en fin…) felicitándose de que esa manifestación haya sido definitivamente prohibida ya que (cito siempre según «El País», como es de ver) se trataba de un aquelarre laicista (sic).

Y yo me pregunto: ¿qué les parecería a esos señores tan libres que yo usara idéntica libertad para calificar, por ejemplo, la misa de cuchipanda beatorra?

Pues eso.

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Reflexión a toro pasado

De la serie: Esto es lo que hay

Bueno, pues ya pasó la huelga general y pasó entre la habitual guerra de cifras: la patronal decía una, los sindicatos otra, el Gobierno una tercera (por no hablar de los autonómicos) y hasta la Guàrdia Urbana de Barcelona daba sus habitualmente pintorescos números, para no perder la costumbre.

Ha habido muchísima violencia, en esta ocasión: ha habido violencia en las calles, ha habido violencia en los piquetes y ha habido violencia en los empresarios.

Esta vez, en algunos lugares no ha sido una huelga pacífica. Se dirá, y es verdad, que hoy ha sido el día grande de esa especie de estrambóticos semiprofesionales de la guerrilla urbana (la verdad es que, si nadie les paga, son unos simples psicópatas) pero no creo que todos los contenedores quemados, todos los escaparates rotos y demás hayan sido debidos a esos capullos. Hay mucha ira en el ambiente porque la alimenta la impotencia. Y hay una sensación muy grande de impotencia entre la ciudadanía: a la frustración de la falta de alternativa política válida, se suma el ser constantemente víctimas indefensas de la barbarie económica: desahucios, despidos en masa, emigración cada vez más numerosa, una juventud sin futuro a la que ya nadie se esconde para denominar generación perdida… ¿De qué nos sirve la ley, el derecho, las instituciones? Cada consejo de ministros que se celebra prodiga indultos para los delincuentes encorbatados, pero nadie indulta al que no pudo pagar la hipoteca… Nunca jamás la ley del embudo fue tan evidente y descarada. La desesperación hace presa en capas más amplias de la sociedad a cada día que pasa: cada vez se ve más gente durmiendo en los vestíbulos de los bancos, cada vez se ve a más gente removiendo los contenedores en busca de chatarra o de comida, cada vez hay más cola en los comedores sociales, cada vez hay más niños que van al cole sin desayunar… y quién sabe si siquiera cenaron anoche. ¿Se espera que esa gente, que esos padres desesperados…? Pero, bueno… ¿cómo puede estar el corazón de un padre o de una madre cuando despiden al hijo que se va al colegio sin haberle podido dar siquiera un mendrugo? ¿Se pretende que ese hombre, que esa mujer, no quemen contenedores, que confíen en no sé qué ley y en no sé qué democracia y en no sé qué instituciones? ¡Y una mierda! Hubo violencia ayer y la seguirá habiendo y cada vez estará más extendida y será más dura.

Los piquetes… La gente de orden clamaba ayer por los piquetes. No hay derecho… ¿y el derecho al trabajo? (ya veremos cuánto clama la gente de orden por el derecho al trabajo hoy, mañana y dentro de una semana). Pero tienen razón, por más que me duela dársela: esto de los piquetes es una canallada y todo aquel que agrede, amenaza o amedrenta a una persona que se dirige a su trabajo, es un delincuente. Sin paliativos y sin otra denominación posible. ¿Vale? He dicho delincuente y canallada ¿Sí? Y he añadido que sin paliativos, que no hay denominación alternativa que valga. ¿Queda claro?

Pues si vale, si sí y si queda claro, hablemos ahora de los que van a trabajar. Al trabajo se puede ir por varios motivos: porque se corre el riesgo cierto de perderlo si se va a la huelga, porque se teme que se pueda correr ese riesgo aunque no esté constatado, porque no se está de acuerdo con la huelga o porque se es un cobarde y un mierda. Vamos a dejar ahora a los dos primeros, al del riesgo y al del miedo, que de ellos hablaremos más adelante. Al que no está de acuerdo con una huelga y lo dice de verdad y no de boquilla, suele reconocérsele porque en otras ocasiones sí ha estado de acuerdo y, por tanto, si la ha hecho, o bien ha dado la cara o, cuando menos, ha participado en otras movilizaciones; se trata, por tanto, de una persona digna de todo respeto que ejerce legítima y éticamente una libertad que posee, y constituye el más claro caso de criminalización de piquetes, ante la idea de que alguno de esos bárbaros pueda causar daño a alguna de esas personas.

Queda… el último de la fila. Estamos ante un caso que tiene sus diversas especialidades: el sobrado que está por encima de estas cosas propias de proletarios cutres (que, a veces, es un sobrado más o menos real y otras veces es un gilipollas tan cutre como cualquier otro huelguista, sólo que con ínfulas), el simple pelota, esto es, el mierda que no quiere quedar mal ante sus jefes, el miedoso patológico, o sea, el saltimbanqui que no quiere meterse en líos (que existe incluso entre funcionarios de carrera, manda narices), y esa tan frecuente especie de miserable que se cree solamente acreedor de derechos y jamás de obligaciones, incapaz de hacer nada que no sea para sí mismo (única y exclusivamente para sí mismo), que es el que utiliza todo lo demás como excusa (es el genio que suele decir -y pretende ser creído- que no puede permitirse prescindir de los ingresos de ese día: precisamente a quienes les viene de los ingresos de ese día son los que hacen huelga cada vez que se convoca, porque saben que no pararle los pies al enemigo puede costarles muchísimo más que eso). A estos elementos sí que les daría yo piquete, pero bien dado. Lo que ocurre es que, si no se está dentro de la empresa o de la unidad (y los piqueteros no suelen estarlo y hacen bien, si no, al día siguiente sus morros no valdrían un ardite) no se distingue a estos elementos de otros que acuden a su puesto de trabajo por motivos decentes. Actualización (que se me había olvidado): ninguno de estos sinvergüenzas renuncia jamás a ser partícipe de los beneficios o de los minusperjuicios que han logrado los otros con su riesgo y con su sacrificio.

Luego queda lo del miedo. No es el motivo más gallardo, pero sí el más humano. Al heroismo nadie está obligado y, en muchos casos, seguir la huelga constituiría, en términos laborales, un caso de heroismo (pero ojo, que los hay, no obstante). Porque una de las cosas que ha caracterizado a esta huelga, en mayor medida que en otras ocasiones, es el terrorismo empresarial. Hemos sabido -incluso de han hecho listas negras- de empresas que han amenazado o coaccionado a sus trabajadores: grandes superficies (alguna de ellas muy caracterizada), cadenas de alimentación y, en fin, establecimientos diversos. Hemos sabido, incluso -y parece que no es una aislada excepción- de hoteles que han prácticamente obligado al personal a pernoctar en el establecimiento la víspera para tener bien sujetos a los que habían de entrar de servicio ayer. Esto, señores de la patronal, es violencia y esta violencia desactiva sus lágrimas de cocodrilo ante los piquetes, ante los bloqueos de la entrada de grandes establecimientos, ante roturas de cristales, pintadas y demás. Yo no justifico nada, ojo, pero cuando digo nada es nada. Ustedes, los de la patronal, se quejan de una violencia, pero han promovido, motorizado y vehiculizado la otra. Así que si les han roto cosas, si les han obligado a echar el cierre, si les han echado los muebles por la ventana, se joden ustedes. Porque los que entorpecen el derecho a la huelga, son delincuentes, exactamente en la misma medida, o más, que lo son los piqueteros, aunque policías, fiscales, jueces y ministros y consejeros de Interior miren para otro lado en vez de actuar de oficio como tan prestamente actúan en tantos otros casos muchos de los cuales ni siquiera constituyen acciones delictivas.

Ayer hubo una huelga general que, más allá de los números, tuvo un seguimiento importante globalmente considerada (que hubiera sectores de más y de menos, es natural) y, como colofón, unas manifestaciones numerosísimas en prácticamente toda España, llamando muchísimo la atención las masas (ya no hablo de cifras) de Barcelona, Madrid y -anda- Valencia.

Ustedes, cínicos de mierda, a quienes tanto les gusta repetir el proverbio chino aquel de que crisis equivale a oportunidad, les devuelvo ese otro proverbio que me acabo de inventar yo pero que, andando el tiempo, verán como se cumple: huelga general y manifestaciones masivas equivalen a oportunidad.

No la aprovechen y verán lo que acabará pasando en este país.

Associació de Veïns

De la sèrie: El Congrés i els Indians

Ahir va tenir lloc l’assemblea general ordinària de l’Associació de Veïns del barri i, com sempre en aquests casos, les impressions es contrasten…

D’una banda una situació que es repeteix a tots els actes cívics d’aquest barri: la gent gran com a massa presencial -que tampoc, sento dir-ho, de participació pròpiament dita, a banda de dues o tres excepcions- i absència total de gent jove i de generacions en edat activa. Per dir-vos-ho d’una altra manera: si n’excloem els membres de la Junta directiva, jo, amb cinquanta-sis anys, era el segon o tercer soci més jove dels presents; inclús durant els primers minuts de l’acte, vaig ser rodonament el més jove.

I això, senyors, no pot ser. Jo no sé com s’ha de fer per acabar amb aquesta situació, si em demaneu idees, no les tinc, si més no, en concret. És cert que això respon en part a la sociologia del barri, que té una població molt envellida, però també ho és que la participació en actes cívics no reflexa proporcionalment els trams d’edat; és cert que la població, entre futbol, culebrons i reality shows més o menys prefabricats, està molt desmobilitzada i aquesta és la millor raó per emprendre una tasca de mobilització que ara mateix no existeix (una mica més avall en parlem); és cert que el jovent viu en un estat de depressió que sembla insalvable (i el pitjor de tot és la part de raó que tenen) però s’ha de sobreposar, s’ha d’aconseguir que se sobreposi.

En el cas concret de l’Associació de Veïns, s’hi afegeix el fet de què comunica molt malament (i això quan comunica). Pràcticament, no té presència al barri, més enllà de la “pomada” associativa. És un tema que em sap greu tocar, perquè fa un parell d’anys vaig presentar un projecte de comunicació que va ser rebutjat i ara es podria pensar que respiro per la ferida; no és així i si ho sembla ho sento, però no puc deixar de dir les coses tal com les veig: sigui el meu o sigui el de qualsevol altre, tant n’hi fa, és sumament urgent que l’AV dissenyi un pla de comunicació amb cara i ulls; que costa diners, sí, però inclús pressupostàriament hauria de ser una prioritat. Sobretot perquè la Junta està fent una bona feina i aquesta feina es malmet perquè la gent no la coneix. I com que la gent del barri no la coneix, la gent del barri passa de l’Associació de Veïns. I si la gent passa de l’Associació de Veïns, l’Associació de Veïns veu minvada la seva força.

Em fa l’efecte de què, amb les inevitables excepcions, aquesta problemàtica és general a tota la ciutat, no ens enganyem: el moviment veïnal ha estat, d’alguna manera, institucionalitzat municipalment i convenientment desactivat. Cap alcalde podria fer el que li donés la gana amb un veïnat conscienciat i mobilitzat, així que els polítics municipals ja saben el que els hi toca: els uns amb carícies, els altres a trompades -segons la línia política imperant- la qüestió és que aquesta gent dels barris s’estigui ben quieteta i ben calladeta.

Els veïns hem de prendre consciència de que la qualitat del barri influeix directa i immediatament en la nostra qualitat de vida personal i familiar, tant com la qualitat del nostre propi habitatge. Qualitat de vida és la netedad dels carrers; qualitat de vida són els equipaments, els equipaments que ens calen i no uns altres equipaments; qualitat de vida és assistència sanitària i social; qualitat de vida és medi ambient; qualitat de vida és seguretat; qualitat de vida és habitatge digne. Però la qualitat de vida no s’obté queixant-se al regidor de què els gossos s’hi caguen o de què els gamberros del soroll no ens deixen viure: per a això ja hi és el 010 i els diversos mecanismes centralitzats o descentralitzats de reclamació a l’Ajuntament; la qualitat de vida s’obté fent política. I fer política no és participar -si més no, necessàriament- en la dinàmica de partits (això a molts us fa fàstic i a mí també) sinó agrupar-nos en una o més plataformes que vectoritzin col•lectivament les nostres legítimes exigències cíviques. L’Associació de Veïns n’és una i, per a mi, és la bona; però si no us agrada, participeu en una altra o formeu-ne una de nova; ja ens hi entendrem. Estic d’acord amb l’Alberto García quan diu que el camí de l’entesa d’entitats és l’únic possible a la llarga. Però participeu, d’una manera o d’altra participeu, entre tots hem de fer la força que porti a què l’Ajuntament faci seva la nostra política.

Tornant a l’assemblea, el tango del local continua. Sabeu que la Junta va decidir -i l’assemblea va refrendar- cedir el local de la seva propietat a l’Ajuntament, atès que el manteniment de l’edifici i, el que és pitjor, les obres de reparació i modernització que és perentori fer, eren inassolibles per a l’entitat. Bé, es va negociar un conveni en el què l’Ajuntament assolia la titularitat de l’edifici però amb unes determinades condicions. Incidentalment: ahir encara hi havia qui se’n feia de noves, sobre les condicions i sobre l’actual situació de titularitat de l’edifici, jo no sé per a què s’expliquen les coses i per a què es distribueixen fotocòpies dels documents (que sí, que és un pal llegir-les, però no queda altre remei, vejam si ens acostumem a fer exercici mental, que aquest és idoni per a qualsevol edat). La qüestió, en tot cas, és que l’Ajuntament no compleix amb les condicions en qüestió.

En certa manera era previsible: el conveni es va subscriure a mitjan de l’any proppassat, quan era clar com l’aigua que a l’administració d’Hereu li restaven dos telenotícies; i ara, els convergents s’han d’empassar el marrón. Doncs mira, que es fotin (ep: també ho diria en sentit contrari, eh?). Perquè vejam si ens acostumem (Betlem, que ahir vas tenir un parell de patinades dialèctiques, al respecte…) a que no es pacta ni es tracta amb el PSC ni amb CiU: es pacta i es tracta amb l’Ajuntament de Barcelona i el qui hi estigui al poder en un moment determinat o en l’altre, se’ns en refot. L’Ajuntament (no CiU: l’Ajuntament) pot al•legar dificultats pressupostàries per fer-se el mal pagador (i només fins a cert punt) però no hem de tolerar que els interessos veïnals se subordinin als interessos del partit. Ja sé que és un plantejament il•lusori, però formalment és del tot correcte, i l’hem de sostenir. No ens parli de o per Convergència, senyor, no ens parli de o pel PSC o per cap altre partit, senyor: vostè és l’Ajuntament de Barcelona i l’Ajuntament de Barcelona ha de respondre dels compromisos de l’Ajuntament de Barcelona. Aquesta posició se’ls ha d’exigir molt fermament, perquè si no, perdem l’avantatge dialèctic, que és molt important: el conveni no es va subscriure amb els altres, es va subscriure amb vostès. I si no els agrada, s’hi posen fulles, però s’ha de complir.

En l’àmbit de l’esperança, els joves. Bones notícies, per aquesta banda: ha aparegut un grup de joves que vol endegar iniciatives al barri, sembla ser que, en un començament, de caire lúdic (però tot és començar i les coses ja aniran evolucionant al seu ritme) i sembla que volen fer-ho integrats en l’AV. És molt i molt de celebrar i, si la Junta aconsegueix aquesta integració, cosa que sembla ben possible, caldrà felicitar-los, perquè aquest sí que serà un bon pelotazo: per a l’AV, però, sobretot, per al barri. Hi tinc molta fe en el fet de què un grup de joves comenci a moure’s.

Altrament, la situació econòmica de l’entitat és ben sanejada i tendirà a millorar si l’Ajuntament es fa plenament càrrec del local i dels compromisos inherents.

I, sobretot, vaig veure a la Junta amb més moral. No sé si tindrà gaires motius, però els vaig veure una mica més engrescats que altres vegades. Tant de bo no m’equivoqui. Però és que aquesta també és una responsabilitat col•lectiva. La feina que fa la Junta de l’AV (com la majoria de les juntes formades per voluntaris no retribuïts que creuen en el que fan) és de molt bona qualitat i també important en quantitat. No transcendeix, no es filtra al comú del barri, i aquest és un dels seus errors, tal com he dit abans, però això no desmereix la tasca que estan fent que, a més, s’està desenvolupant en un ambient polític i econòmic molt i molt difícil, jo no sé si la massa social i la gent del barri se n’adona, però tripulen una barqueta al bell mig d’una tempesta d’aquelles de cavall i, bé, la barqueta hi és i va fent. Però em temo que els socis no ho sabem retribuir i això és perquè tenim -novament hi anem a morir aquí- una molt defectuosa -quan no inexistent- cultura política que ens fa associar (i molt poques vegades) quan en l’associació hi trobem un avantatge personal, en comptes de veure-hi un lloc des del qual podem prestar un servei a la col•lectivitat a la què pertanyem. No anem a servir sinó a servir-nos, i això ens fa pensar, si més no subconscientment, que tenim dret al producte de la tasca dels altres (es allò de què fan els sindicats? o bé què fa l’AMPA?, com si hi tinguessim dret a esperar una eficiència en pro de la qual nosaltres no hi fem res). Amb aquesta mentalitat, no ens n’adonem de què els voluntaris també necessiten una retribució, una retribució no econòmica, sinó en moneda de satisfacció personal, de sentir (literalment: d’experimentar la sensació) que la seva tasca és útil i que es reconeix com a tal. Aquesta retribució només se’ls hi pot pagar amb participació, que és la finalitat última de la seva tasca: canalitzar la participació de la gent.

Hem de fer l’esforç -perquè prèviament l’han fet ells- d’assistir-hi a les seves convocatòries, hem de fer l’esforç d’escoltar o de llegir el que ens diuen i parar-hi l’atenció que es mereix, hem de participar en les tasques que ens proposen, si més no en la mesura de les nostres possibilitats (que, sovint, si ens hi posem tots, tocarà a poc). Hem d’adquirir, en fi, aquesta cultura de l’esforç comú i hem d’alleujar el màxim possible la seva tasca. Ells també tenen el seu treball, la seva família, la seva vida pròpia, les seves afeccions… Senyors: hem de cuidar els qui presten servei perquè si deixem que es cremin, o ens tocarà a d’altres passar per la pedra o, simplement, l’invent se n’anirà a fer punyetes.

I veureu què content que es posarà l’Ajuntament, si això arriba a passar.

Revolcón

De la serie: Esto es lo que hay

A estas alturas de la película, no voy ni a felicitarme ni a hacerme ilusiones, para nada, por una victoria del PSOE. Tengo absolutamente claro que, a día de hoy, si gobernara el PSOE en lugar del PP estaríamos exactamente igual que estamos. Con mucho más progresí, por supuesto, pero esencialmente igual. Precisamente por esta triste constatación se armó la que se armó el 15-M; no creo que nadie fuera a aquellas manifestaciones precisamente a beneficio del PP (aunque no cabe duda de que al PP le beneficiaron, pero es que ya no se puede llegar a ese nivel de cálculo porque, entonces, todos haríamos precisamente lo único que no debe hacerse: quedarnos en casa).

Pese a todo, anoche no pude evitar un gruñido de satisfacción cuando vi los resultados electorales en Asturias y, sobre todo, en Andalucía. No tanto, en el caso de Andalucía, por la victoria del PSOE, como por la derrota del PP. Advierto, no es la primera vez que lo hago, que a mis efectos -y, por demás, a los efectos reales y prácticos- gana quien gobierna y pierde quien no. Esta cagarela de «hemos ganado las elecciones porque somos el partido más votado» ya no se la creen ni los fanboys más cenutrios: por más que seas el partido más votado, si no accedes al gobierno estás en la mierda. Y punto. Sin acceder al gobierno, puede decir que ha ganado IU, que duplica diputados y, además, es la llave que el PSOE necesita para gobernar. Dicho en otras palabras que son, por lo demás, de cajón: el PP ha mordido el polvo en Andalucía. Y ahora, si quieren, que hagan como el pedo del chiste: que lo pinten de verde.

Es importante esta derrota porque ilustra el único análisis posible: al PP se le ha pasado factura por los recortes. Y eso es un alivio inmenso, aunque haya que pagarlo al precio de que siga en el poder un PSOE no corrupto, no: putrefacto. Pero lo que hubiera ocurrido si se hubieran cumplido las previsiones (bravo por las empresas de sondeos de opinión) hubiera podido alcanzar extremos apocalípticos: un PP con sus recortes motorizados por el cheque en blanco que hubiera supuesto su victoria andaluza, nos hubiera llevado, sin duda, a la debacle cívica.

En la calle Génova los rostros estarán hoy sombríos, muy sombríos. Hasta anteayer, daban por segura su victoria no sólo en Andalucía sino en 2015, vista la putrefacción evidente del PSOE. Ayer comprobaron que no, que su 2015 no está nada seguro, que el cabreo ciudadano -corruptos por corruptos, traidores por traidores, chorizos por chorizos, qué más da- puede haberle cogido gusto al sistemático voto de castigo, es decir, tumbar a quien esté arriba, sea quien sea. Es la clara lectura del mensaje andaluz. Y harán bien en comprobar hasta qué niveles sociales alcanza el júbilo por este resultado, cuan extenso es, porque me temo que por este lado también podrían llevarse otro disgusto.

Lo cierto es que, además, me da la impresión de que este resultado da un impulso a la huelga general de este próximo jueves. No puede afirmarse redondamente, claro, pero tengo la sensación (a ver qué confirmo en mi propio entorno a lo largo del día) de que la beligerancia que han acreditado los andaluces puede contagiarse a los indecisos. Lo cierto, en todo caso, es que es necesario que esta huelga tenga éxito -y si puede ser un éxito lo que se dice «sonado», mejor-, es una cuestión casi -o sin casi- de supervivencia. El resultado andaluz seguido de un éxito rotundo de la huelga (más allá de las cifras de la guardia urbana y de ABC) se lo pondran a Rajoy muy cuesta arriba ante el Merkozy: va a tener que resistirse con bastante energía a seguir al milimétrico pie de la letra los dictados de esos dos. Dos, que, por cierto, parecen no comprender el palo que pinta en este país. Esto no es Grecia: esto puede ser peor desde muchos puntos de vista si la gente acaba cabreándose de verdad.

Rajoy no se atrevió a rebajar el déficit público a un 4,8% de un sólo presupuestazo; Rajoy sí que sabe la que puede liarse aquí si se aprieta demasiado y, además, justamente se estaba liando la de Valencia cuando estaba sobre el asunto. Lo de Valencia alarmó muchísimo a Rajoy y no quiso o no supo disimularlo: el tono casi suplicante de su llamada a la calma y, sobre todo, las órdenes tajantes de que los antidisturbios se mantuvieran alejados el día de la gran manifestación, indican que le tiene muchísimo miedo a la calle, pese a sus baladronadas preelectorales. Del enemigo, el consejo: ya sabemos, pues, cuál es el camino.

La huelga general debería ser un principio, eso es importante: sobre todo, por encima de cualquier otra cosa, no debe ser un fin, no debemos permitir que CCOO y UGT den por cumplido su expediente con un éxito que, además, tampoco sería de ellos, sino de toda la población. La huelga del jueves tendrá, creo, mucho más de 15-M que de huelga de clase. Porque eso creo y espero que es lo que está haciendo el 15-M (entendido como un espíritu, como un sentimiento ciudadano): aprovechar todas las convocatorias compatibles con su cabreo. Vuelvo a mirar a Valencia para constatarlo. La huelga general del jueves habrá de ser -creo que será- un nuevo 15-M en su fondo y en su motivación; y, tras ella, si no hay nuevas convocatorias desde el sistema, el 15-M tendrá que ponerse de nuevo en marcha por sí mismo.

En fin, ya veremos. Jugar a profeta siempre se me ha dado mal así que, de acuerdo con la ley de probabilidades para profetas de mercadillo, los hechos no me darán, en definitiva, la razón. Y, sin embargo, sí estoy convencido de que, para ir bien, para no estrellarnos, para no ser diezmados como ciudadanos, deberían dármela. Lo que sí está claro es que, cuando menos a nivel de esperanza, estamos hoy mucho mejor que el sábado. Hoy sabemos que podemos pararles los pies y que debemos hacerlo, cada cual en su lugar y momento.

El próximo momento, para todos y en todas partes, será el jueves.

La movilidad según san Trias

De la serie: Rugidos

Hoy he intentado ir al Monasterio de Pedralbes con mis hijas; tenía ganas de volver a casa con un buen paquete de tomas y el Monasterio tiene rincones, detalles y, por supuesto, planos generales, como para arrasar una SD de 4 Gb. Mi mujer me previno y por partida doble. Primero me avisó de que hoy había festival del calzoncillo, una maratón. La madre que los parió. Bueno, miré el mapa con el recorrido y vi que me cortaban la Diagonal justo por la avenida de Pedralbes. Bueno, pensé, voy por la Ronda del Mig y me escapo o bien por Balmes-Kennedy-Bonanova o bien tiro hasta Manel Girona y de allí supongo que podré tomar avenida de Pedralbes arriba. Entonces vino el segundo aviso: ojo, que mañana (por hoy) llega el festival de yonquis sobre ruedas. Hostia: la puta Volta. Bueno, miro el mapa del asunto y veo que su recorrido, en lo que a mí me afecta, es de mar-montaña, mientras que yo voy a circular en sentido Besòs-Llobregat. Quizá pueda haber algún problema que podrá soslayarse dando un pequeño rodeo.

Me planteo el transporte público, pero resulta que el transporte público, merced a los prolijos recortes de nuestro actual poncio, ya va como el puto culo los días laborables, así que imagínate en festivo; encima, las zonas altas de Barcelona están muy mal comunicadas, de manera que veo claro que de una hora de viaje -y eso yendo muy, muy bien- no me libro. Pero es que, además, hacia el mediodía, tengo que ir a Sant Feliu de Llobregat para traer a casa a una tía mía muy cara de ver porque tiene grandísimas dificultades de movilidad personal, y entonces sí que el coche es la opción única.

Así que opto por la solución Balmes-Kennedy-Bonanova. Cagada. En la intersección del paseo de la Bonanova con Via Augusta, la Guàrdia Urbana desvía hacia abajo. Por cierto: son las 10:30 de la mañana (ya en horario CEST). Le pregunto a un guindilla cómo puedo hacerlo, si puedo estacionar el coche y seguir a pie. Me dice que sí, que por ahí arriba puedo estacionar, pero que muy bien puede ocurrir que luego no pueda salir… ¡hasta más allá de las tres de la tarde! (aquí, festival de cagamentos, improperios y deseos de enfermedad eterna, dolorosa y maloliente para la Federación Catalana de Ciclismo, para la española, para la internacional y mi ferviente deseo de que les dé un pasmo que acabe con todos ellos de una puta vez).

Tiro Via Augusta hacia abajo, a buscar el acceso a Manel Girona (sin llegar a la Diagonal porque estarán los otros), pillo, efectivamente, después de un par de rodeos, Capità Arena, Manel Girona, paseo de Pedralbes (¡expedito, milagro!) hacia arriba, yuju niñas, lo hemos logrado y ya frente al Monasterio… cortado Bisbe Català (la Bonanova, con nombre cambiado) a partir de Bosch Gimpera: más de ochocientos metros de vía cortada sólo para que esos ******** a tracción animal la crucen. Obviamente, ni un maldito agujero en el que meter el coche en unas razonables proximidades (ya estuve oteando desde que encaré la avenida de Pedralbes)

Al final, renuncio y regreso a casa. Mis recuerdos al señor alcalde: arrieritos somos.

Total, no ha cambiado nada: cuando suena el pito del calzoncillo se derrumba brutalmente la vialidad de toda la puta ciudad. Cuatro capullos echando sobaquina tienen a toda una ciudad paralizada. Los derechos de los que cada año pagamos el muy dolorosísimo impuesto de circulación -por no hablar de otros dolorosísimos impuestos- a tomar por el reputísimo culo. Eso sí: como se manifiesten 50.000 ciudadanos cabreados, ahí están los hijos de Puig prestos a repartir estopa en pro de impedir el abuso del espacio público. Hay que joderse y más que joderse.

Otrosí: mi mujer, católica, tuvo que tragarse sí o sí las duras protestas (la mía entre otras, y en primera fila) de los que echamos sapos y culebras con el abuso del espacio público a que nos sometió la visita del papa a Barcelona y ahora, con toda la razón, se sorprende de que nadie proteste de que toda la puta y jodida ciudad esté cerrada a cal y canto porque unos tiparracos quieren correr a pie o sobre ruedas. Si quieren correr, que vayan a los estadios (que, encima, nos cuestan una pasta, porque todos son públicos) y que dejen en paz la vía pública.

Estoy harto de que papas, calzoncilleros y campeones de esto o de lo otro nos bloqueen la ciudad sin ningún derecho, con las bendiciones de una dictadura municipal.

Guiris, atracadores, deportistas, trileros… ¡qué asco de ciudad!

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