Virguerías y miserias

De la serie: La cueva del burócrata

Una antigua viñeta sarcástica de los años cuarenta, o quizá cincuenta, que milagrosamente pudo soslayar la censura, ilustraba el contraste de un paisaje árido, yermo, sol abrasador, matojos requemados y el típico paisano andrajoso, boina calada hasta las cejas, tirando de malas maneras de un mulo famélico, mientras en un ostentoso segundo plano pasaba zumbando un flamante Talgo, el orgullo (entonces y ahora) de la ingeniería ferroviaria nacional.

Me ha venido esta viñeta a la memoria al leer esta mañana que, a finales de este año, los ciudadanos catalanes podremos consultar a través de Internet nuestro plan de medicación, siempre que tengamos certificado digital. Me parece fenomenal, estupendo y aplaudo hasta con las orejas una aplicación tan útil tanto para los ciudadanos como para los facultativos, y ello a pesar del coste que habrá tenido o que va a tener, porque desarrollar una aplicación así con los exigentísimos requisitos de seguridad que implica es algo que no vale dos centimillos, precisamente. Pero ahora mismo, en el mes de marzo del mismo año a cuyo final empezará a funcionar ese fasto sanitario-digital, resulta que no puedo comunicarme con mi médico de familia (lo que antes se llamaba de cabecera) por correo electrónico porque a la doctora que me atiende no le han proporcionado un simple buzón personal. En uno de los centros de asistencia primaria (ambulatorio, para entendernos) más grandes de Barcelona, las pocas direcciones de correo electrónico que hay son colectivas. Y lo mismo pasa con el fax (ese dinosaurio de otra época que milagrosamente aún sobrevive). Hace una semana, un especialista me realizó una prueba tras la cual me entregó el correspondiente informe; llamé a la doctora y le sugerí, para ganar tiempo, escanearlo y mandárselo por correo electrónico. Me respondió que no, porque no tenía dirección propia (se entiende que corporativa, claro) y no le gusta que estas cosas circulen por ahí. ¿Y por fax? Lo mismo. Los resultados de los análisis de sus pacientes tiene que teclearlos cifra por cifra en un PC que emula la pantalla tonta de una red basada en un mainframe porque le llegan en modo papel y no digitalmente. Ni siquiera puede digitalizar esos informes y guardarlos como facsímil electrónico en la carpeta virtual del ciudadano correspondiente.

El burro y el Talgo.

Esto es una constante pasada, presente y me temo que futura de nuestras administraciones públicas. De pronto, alguien amanece con un fastuoso invento de Pepito Bombilla -quizá, como en este caso, útil y práctico, pero, ojo: no siempre es así– mientras en el piso de abajo claman desesperados para que se les suministre un escáner que en la calle cuesta ochenta o noventa euros. Hay veces -me ha pasado a mí- que la vergüenza torera casi te impulsa a decir «mira, me cago en la puta madre de tal por cual, bajo y lo compro yo de mi bolsillo y se ha acabado», pero otra particular vergüenza torera te refrena y piensas que anda ya, qué coño, que hasta ahí podríamos llegar.

Y esto no es lo peor, siendo ya bastante malo. Lo peor es la infrautilización de los recursos disponibles. Es decir, sufrir una ineficiencia (algunas veces, incluso pura y simple ineficacia) que podría solventarse simplemente produciendo doctrina de uso, sin que haga falta adquirir más cacharros. El dineral que le cuesta al ciudadano esa ineficiencia es acojonante, brutal, y su ahorro daría para enjuagar mucho, muchísimo déficit público. Estamos hasta arriba de maquinaria tecnológica y, sin embargo, estamos trabajando exactamente igual que en los tiempos de la máquina de escribir y la calculadora. Nos hemos limitado a suplir estas máquinas con los PC y a seguir haciendo lo mismo. Lo de utilizar la hoja de cálculo para escribir una columna de cifras y sumarla con la calculadora del Window$ (o incluso con una calculadora real) no es un chiste: yo lo he visto. Me ha costado creerlo, pero lo he visto. Nadie, en general, se ha molestado en elaborar protocolos, flujos de trabajo basados en el desarrollo de las tareas incardinadas en una red informática, ni desde el punto de vista local (unidad por unidad) ni muchísimo menos desde el punto de vista general. En algunas unidades -muy pocas- sí que existe algo así, pero debido a la excepcional lucidez y voluntad de algún jefe de servicio o de algún técnico con humor y ganas.

La formación que se imparte, además de adolecer de una calidad pésima (los cursos suele impartirlos cualquier insolvente contratado por euro y medio en la academia fundada ad hoc por el cuñado de turno o poco menos), está mal orientada. Cuando desarrollaba un cierto activismo sindical (ahora ya estoy harto de perder el tiempo y, en general, harto de casi todo, en ese ámbito) me quedaba afónico de tanto decir que los cursos típicos de guor, ecsel y demás porquería, deberían impartirlos funcionarios bregados en el programa correspondiente, no por pseudo-informáticos (no sé de dónde sacan a esa gente, otra cosa que nunca se llega a saber: la capacitación exacta del profesorado) que no saben qué es lo que hace un funcionario, ni en general ni el colectivo concreto -si es que puede especificarse, que esa es otra- que constituye el alumnado de un determinado curso. La mitad de la materia que [mal] se imparte en cualquier curso de esos, no sirve para nada.

En fin… si se hurga por este blog, será relativamente fácil encontrar tres o cuatro entradas en el mismo sentido que esta. Y es que pasan los años y nada cambia. Se proyectan los grandes inventos de TBO -grandes titulares, conferencias de prensa, fotos en portada- mientras en el despacho de al lado hay un cable eléctrico empalmado con esparadrapo (como quien dice). Hay que ir insistiendo, aunque sea clamar en desierto, porque, insisto y reitero (y lo que te rondaré morena) ése es un agujero por el que se va una cantidad de dinero tremendo, cosa que, si ya es inadmisible en tiempos de bonanza presupuestaria, es realmente sangrante en épocas como la que estamos sufriendo.

Pero lo dicho: es predicar en desierto.

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Comentarios

  • asmpredator  On 06/03/2012 at .

    ¿Nunca te ha pasado que vas a un centro hospitalario cualquiera por necesidad y no tienen ni tu historial, ni tan solo una mínima referencia de cuales son tus males y hay que repetir un montón de burrocracia (lo he escrito bien) porque no estan interconectadas las redes informáticas y todavía tienes que ir con el historial en papel arriba y abajo?, la evolución nos persigue pero parece que nosotros corremos mas.

  • electroduende21  On 06/03/2012 at .

    Para entender muchas cosas de la sanidad catalana, no dejeis de leer esta página: http://www.cafeambllet.com/press/?p=17005.

    Los directivos tienen partidas para gastos de protocolo (?!) mientras a los pacientes les recaudan por cada factura.

    No hay control de cuentas del dinéro público. Realmente.
    Por favor, difundid este robo al ciudadano

  • Ángel Bacaicoa  On 06/03/2012 at .

    Todo el historial de mi padre (Hospitalario hasta donde yo sé) esta disponible digitalmente (Análisis y escaneres incluidos) para los médicos que le atienden en el Hospital Gregorio Marañón (Cardiólogo, Urólogo y Oncóloga) y, salvo que lo solicitemos, no vemos un papel al respecto. Claro que estoy hablando de un sólo hospital. Algo es algo.

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