Es nuestra hora

De la serie: Esto es lo que hay (bueno, en un par de meses más o menos) 😉

Pasado mañana (ejem) se va a cumplir el primer aniversario del 15-M y los primeros aniversarios son siempre efemérides propicias para el balance. Sin embargo, el balance es difícil, porque el 15-M no es algo estructurado y perfectamente definido sino, al contrario, algo muy nebuloso y etéreo. Que no quiere decir que no sea real, ojo, pero que es como un gas al que es difícil o imposible darle forma envasándolo (al menos, en ese estado gaseoso).

El 15-M son los activistas nacidos para ello precisamente el 15-M. El 15-M son los activistas de ultraizquierda reciclados oportuna y oportunísticamente para el caso. El 15-M es una ciudadanía que masca calladamente su ira en casa… hasta que deja de hacerlo calladamente y en casa, pero a modo de estallidos más o menos continuados, más mo menos espaciados, no como un estado permanente de movilización. Y puede ser muchísimas otras cosas, además de esto o en vez de esto. El 15-M -o esto que hemos acabado llamando así- habrá de ser estudiado y, si se puede, caracterizado, con mucha más perspectiva, a más largo plazo, porque su éxito o la constatación final de su fracaso están aún lejanos en el tiempo.

Por tanto, especular con que el 15-M sigue ahí y está vivo –como decía ayer Arcadi Oliveres– o con que el 15-M está muerto y enterrado, como desean más que creen (y piensan que cuanto más lo digan más real será) los de la derecha y los de la izquierda de la señorita Pepis, es terriblemente imprudente.

Se están produciendo nuevamente movilizaciones masivas. Una idiotez política que dio rienda suelta a la brutalidad policial en Valencia, desbordó nuevamente el vaso de la ira ciudadana; algunos dijeron que el 15-M había despertado de su letargo invernal, y es posible, es posible que la ira ciudadana contra las putadas que la Casta nos propina día sí y día también aproveche cualquier ocasión para llenar la calle. El caso es que Valencia acojonó al PP, que puso el bozal a los antidisturbios y los tuvo bien sujetos mientras esa Valencia, hasta entonces aletargada por una megalomanía corrupta que la ha llevado a la ruina, se sacudía pereza y espejismos y enseñaba, por primera vez en muchos años, los dientes.

Estos últimos días, las manifestaciones en protesta por la brutalidad laboral (a la que llaman reforma) han sido masivas, más allá de las consabidas guerras de cifras en las que no voy a entrar. Tanto es así, que los sindicatos de la Casta han decidido convocar una huelga general para el día 29, huelga general que el gobierno teme más que un viticultor al granizo de septiembre, y por ello realiza incensantes exclamaciones de firmeza irreductible e irreversible a ver si la sensación de que todo va a ser inútil, sumada al pánico que grosera, tenaz y falsariamente inyecta cada mañana la prensa y radio del movimiento, es decir, del sistema, en una campaña de intoxicación constante y creciente como no se había visto nunca, consiguen paralizar o adelgazar la protesta.

A eso quería ir, en parte.

Veo en los foros y en las redes sociales un ánimo dividido ante la convocatoria de huelga general. Unos, creen que debe seguirse; otros, la mayoría de los que creen que no, excusan su adhesión en el asco -perfectamente plausible- que les provocan los convocantes.

Yo, aún compartiendo el asco de los segundos, creo que la razón está de parte de los primeros. Convoque quien convoque, y aún cuando el convocante después traicione tanto el espíritu de su propia convocatoria como el de la participación, aún cuando luego haga traición a la ciudadanía en general y a los trabajadores en particular, llegando a componendas vergonzosas con sus amos (el sistema que les paga, que no hay otros), los ciudadanos tenemos que enseñar los dientes. Valencia nos enseñó que el PP le tiene pánico a la calle; pánico indisimulado, además: recordemos a Rajoy clamando por la imagen de España en un implícito esto no es Grecia. Pues hay que enseñarle que sí, que esto puede ser Grecia si él practica la sumisión igual que el gobierno griego. Algo se ha conseguido: en parte por el afán de denigrar al adversario y en parte para minimizar la desviación de la corrección del déficit en la proporción que le exigía el Merkozy, ha falseado el déficit público final de 2011 entre uno y dos puntos porcentuales; está claro que teme -y con razón- el estallido aquí. Tenemos, pues, que seguir por ese camino, porque pueden conseguirse resultados por más que toda esa banda se desgañite al unísono diciendo que no van a ceder.

Y aunque fuera así, aunque realmente no vayan a ceder, cosa muy posible contando con la complicidad de CCOO y UGT, es necesario que no les salga gratis. Porque muchas veces una guerra se gana gracias a la ferocidad de la anterior. Es la disuasión. Si los funcionarios hubiéramos quemado los muebles cuando Solchaga nos congeló el sueldo en 1992 (sí, ya sé que ha llovido mucho, pero ahí empezó todo) no andaríamos hoy tan puteados. Porque es que ya no es el 10 por 100 del año pasado ni el 3 por 100 de este, que al final va a ser un 5… o un 6 (los catalanes… sólo de momento), son otras dos congelaciones anteriores y otros 15 o 16 años con el sueldo subiendo por debajo (y algunos años muy por debajo) del IPC. Mientras el común de los trabajadores veía incrementado su sueldo en un 4,5 o un 5, nosotros en ese mismo año nos quedábamos en un 2. Y así muchos, muchísimos años, años de vacas gordas y años de vacas flacas, es igual, a nosotros siempre nos atornillaban, los funcionarios hemos perdido poder adquisitivo como nadie en activo continuo (otra cosa, claro, son los sueldos a los que acceden los que se contratan de nuevo tras un período de paro por en medio). También el resto de los trabajadores ha visto deteriorarse sus condiciones, y en proporciones muy importantes por esa mansedumbre, por esa cobardía.

Porque, sí, hay que reconocerlo: todos hemos sido cobardes, perezosos e insolidarios. No hemos sabido escarmentar en cabeza ajena, hemos dejado que a otros compañeros los hicieran polvo solamente porque a nosotros no nos afectaba, nos hemos dejado llevar por el miedo, nos hemos dejado convencer por el no va a servir para nada y, consecuente y merecidamente, nos ha pillado el toro. Y encima, ahora, nos aplican la doctrina del shock, hasta el momento, como es notorio, con pleno éxito.

Hay que romperles esa doctrina en sus putas narices. Me da igual que la huelga general la convoquen los impresentables de Méndez y Toxo y toda su cuadrilla: como si la convoca el mismísimo Emilio Botín. Yo voy a adherirme a la huelga general y creo que todos los trabajadores debieran hacer lo mismo. Es igual quién salga en la foto, es igual quién se proclame vencedor. Ellos (ahí sí, Botín y compañía) sí que sabrán quién habrá vencido, es decir, ellos o nosotros. Después, que digan lo que quieran y que sus mierdas de periódicos y de cadenas de televisión saquen la foto de quien quieran.

Podemos y debemos aplicarles a ellos la doctrina del shock. Debemos señalarles lo que han hecho los islandeses y apostillarles la imagen con el comentario de que los islandeses son muy pacíficos y tienen muy buen rollo. Nos han robado, nos han atracado vilmente, han regalado a los bancos el excedente de la Seguridad Social para nuestras pensiones, nos quitan el trabajo, nos quitan una conquista generacional como son los derechos sociales y laborales. Si nos dejamos atenazar por el miedo, lo único que conseguiremos –¡¡¡y lo estamos viendo!!!, no es una mera hipótesis- es que los males que tememos se materialicen. ¿Cuántos parados dejaron de hacer una huelga por miedo a perder su empleo? ¿Cuántos funcionarios con el sueldo ahora recortado tan bárbaramente dejaron de hacer una huelga por no perder los ingresos de ese día? ¿Cuántos interinos de los ya despedidos en Catalunya y de los que van a serlo en el resto de España más pronto que tarde, si no se pone remedio dejaron de movilizarse por miedo a represalias (pese a no haberse probado jamás ninguna; al menos, sistemáticamente)?

Me importa tres pimientos que convoquen Méndez, Toxo o la madre que los parió. Hemos de ir a la huelga. El 15-M -cualquier cosa que sea lo que haya bajo esa denominación- debe tomar la iniciativa en esta movilización y conseguir -aunque no salga en los papeles, aunque ellos aparezcan triunfantes en la foto- que Méndez y Toxo -y, por supuesto, sus amos- tengan no la sensación, sino la seguridad de que han perdido el control, que este país puede irse muy seriamente de madre con una sola derrapada más.

Que nuestra ira supere nuestro miedo. Y si es así, ganaremos.

Actualización – Mi amable comentarista me indica que me he equivocado de «M» y que no es marzo, sino mayo. Hermosa metedura de remo. Pero el post no queda en absoluto desvirtuado por esa pifia, o sea que lo dejo así, tal cual.

Me hago viejo… 😉

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Comentarios

  • electroduende21  On 13/03/2012 at .

    El tiempo pasa rápido, pero no tanto. Javier, el 15M fue el 15 de Mayo, no de Marzo. Estamos preparando una buena reivindicación el 12M, a nivel global
    Pero esto empieza aqui

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