Jurados… o sólo prometidos

De la serie: Esto es lo que hay

El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya enmienda la plana al jurado y obliga a repetir el juicio del yerno de los Tous. Un jurado valenciano exculpa a Camps pese a la diafanidad de las pruebas que se presentan en la vista. Otro jurado condenó a Dolores Vázquez por el asesinato de Rocío Wanninkhof, que se tiró 17 meses en presidio hasta que tuvo la suerte (que muy bien podría no haber tenido) de que se descubrió -por puro rebote- quién había sido el verdadero asesino. Jacobo Piñeiro fue absuelto del delito de asesinato de dos homosexuales y condenado posteriormente a 58 años de prisión por dicho delito tras haber obligado el Tribunal Superior de Justicia de Galicia a la repetición del juicio, debido a que el veredicto inicial era un auténtico cachondeo (incluso el juez tuvo que devolver dicho veredicto al jurado por dos veces para que enmendara contradicciones).

Casos todos ellos (y más que no he encontrado o no recuerdo) que parecen indicar que esto del jurado no funciona. Y, sin embargo, parece que en otros países sí que funciona. ¿Qué es lo que está pasando? Vayamos por partes, porque me da la impresión de que estos aparentes despropósitos responden a problemas distintos.

El caso del yerno de los Tous, a mi modo de ver, responde a un evidente e indignante desfase entre la ley y el sentimiento social. La sociedad quiere, claramente, que se permita llevar la defensa del hogar, de la familia y de la más cercana propiedad privada de cada cual al máximo extremo, o, como mínimo, mucho más allá de lo que se permite ahora, sin meterse a mirar tan cuidadosamente en el microscopio judicial las moléculas del exceso o de la idoneidad en la legítima defensa. Vistas las pruebas como las veo yo, el yerno de los Tous debió ser condenado de acuerdo con el estricto tenor del código penal; sin embargo, el jurado, representando consciente o inconscientemente un sentir social no unánime pero sí cualificadísimamente mayoritario, no quiso condenar a un tío que abrió fuego sobre un par de cacos cargados de antecedentes que pretendían asaltar el domicilio familiar, como tantas otras veces ya habían hecho en otros domicilios. Si las leyes se adecuaran al sentir de la sociedad y no al deber ser que proclaman unilateralmente cuatro gilipollas, el jurado hubiera podido condenar al yerno en cuestión a una pena proporcionada -relativamente leve- en lugar de verse en la disyuntiva de o bien no dejar otra que absolverlo o bien dejarlo listo para un marrón bestial completamente absurdo. Optaron por la injusticia exculpatoria por no incurrir en la justicia desproporcionada. Otro jurado deberá ahora tragarse ese sapo (si es que el Tribunal Supremo, ante el que se ha recurrido en casación, no desmiente al TSJC).

Lo de Camps es aún más absurdo porque está más generalizado. El jurado, en este caso, también ha respondido a un sentir social generalizado, si hemos de hacer caso a lo reflejado en las urnas que, más allá de toda clase de clarísimas evidencias, ha votado masiva y reiteradamente a un colectivo de indisimulados corruptos. La impunidad -cuando menos, hasta el momento- de la dudosa suerte lotera de Fabra (el de la Diputación de Castellón, no el actual presidente de la Generalitat Valenciana) y de su ya descarado aeropuerto, la vergüenza ajena y cívica que producía escuchar el chabacano discurso que revelaban las conversaciones telefónicas de Camps, Bigotes y otras hierbas, y ello sólo como simple exponente de la muchísima mierda que hay bajo la alfombra, hace increíble que esta gente pueda seguir en el poder y cosechando mayorías absolutas; se diría que sus redes clientelares abarcan a más de la mitad de la población. En este contexto, puede entenderse el fallo del jurado en el juicio contra Camps, pero yo no sé explicar, ni siquiera en intento de adivinación, el mecanismo psicológico que les ha podido llevar a esta exculpación.

Lo sucedido con Dolores Vázquez también está muy claro: se la cepillaron por antipática. Es tan fácil como esto: le cayó gorda al jurado. Que no fue el único: recuerdo a un alférez portavoz de la Guardia Civil, mascullando con verdadero odio en una conferencia de prensa, cómo de fría, de implacable y de calculadora era la señora Vázquez. No consta públciamente que se hayan tomado medidas disciplinarias contra el oficial en cuestión (de tan raro empleo, por cierto, en escalas profesionales). Si se suma lo execrable del asesinato a la antipatía extrema que despertaba la señora, ya se tiene una excelente explicación de lo que ocurrió, explicación que probablemente completaría un perfil de los miembros del jurado que me parece intuir un tanto primario. En todo caso, pasaron de la endeblez de las pruebas y fueron directamente a la yugular, olvidando que la antipatía (que la pobre señora, desde luego, inspira en grado sumo, las cosas como son) no implica automáticamente la cualidad de asesino ni la especial aptitud para el asesinato.

Lo de Jacobo Piñeiro es una combinación -si acaso, aberrada- de lo del yerno de los Tous y de lo de Dolores Vázquez, sólo que al revés. Ahí, las antipáticas fueron las víctimas. En un más claro que el agua reflejo de homofobia, el jurado dio credibilidad a la alegación del asesino en el sentido de que temió ser violado por dos homosexuales y, llevado por ese temor, los cosió a puñaladas (a decenas de puñaladas). Claro: ¿cómo no iban unos homosexuales a ser unos violadores peligrosos? Todo el mundo sabe que cuando anda cerca un gay, hay que ponerse un tapón en el culo, no fuera a ser caso queee… Nada más natural, pues, que cargarse a un par de homosexuales que andan cerca en legítima defensa de la virginidad anal preventiva. Lógicamente, el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, absolutamente horrorizado, anuló el juicio y ordenó su repetición, en la que ya recayó un veredicto más normal.

¿Pasa lo mismo en otros países? No estoy muy informado de lo que sucede en Europa, no se le da mucha difusión, pero si miramos a los Estados Unidos, parece que es una constante la invalidación de veredictos de jurado. O, como en el caso de España, sólo conocemos los casos en que meten la pata, pero no se divulgan los otros -seguramente, la mayoría- en que los veredictos son, o parecen, ajustados y racionales.

Con el tema del jurado tengo un sentimiento contradictorio: por una parte, es una institución necesaria por pura salud social, entiendo que la justicia es cosa de todos y que cada cual tiene que mojarse cuando le toque; pero, por otro lado, me pregunto si los españoles, en términos generales, tenemos la cultura democrática suficiente como para actuar, primero, con racionalidad pura y dura y, segundo, para hacerlo contra nuestras simples apetencias, contra el individual e inflexible deber ser de cada cual. Es un problema, ya digo, de educación democrática, esa que nos falta a la hora de participar en la sociedad civil o cuya ausencia es tan notoria en las asambleas de las asociaciones o, simplemente, de las comunidades de vecinos, donde el interés particular y la ley del embudo priman siempre sobre el interés general. Nos quejamos -y con razón- de los políticos, pero olvidamos que en la mayoría de los casos somos de su misma calaña.

Esta sería una buena temática para la Educación para la Ciudadanía o como quiera que los del PP vayan a hacer llamar ahora a la cosa esa; mejor temática, desde luego, que andar con batallitas de hace ochenta años. Los españoles hemos de cambiar aún mucho, sobre todo en materia de educación cívica, la llamen como la llamen, si queremos que este país cambie; si queremos siquiera que este país sea realmente civilizado y respirable.

Mientras tanto, seguiremos con veredictos rocambolescos y seguiremos con una vida cívica triste y cutre, por más 15-Ms que armemos, con una clase política putrefacta que seguirá haciendo lo que le dé la gana -impunemente, además- al servicio de los de siempre.

O sea que, optimista, como siempre, lo veo claro: va a ser que no, que no hay remedio.

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Comentarios

  • asmpredator  On 22/03/2012 at .

    Ese civismo que pides es muy dificil en el tema de los jurados ya que no ve igual un pederasta un padre que uno que no lo es, igual que no ve igual a un violador un hombre que una mujer, por tanto si han de juzgarlo se van a mezclar las opiniones personales con las “civicas”, eso es inevitable, el ser humano es siempre parcial, la justicia perfecta no existe.

  • Freeman  On 22/03/2012 at .

    El Pueblo ha hablado !Corominas NO culpable¡

  • miguelc  On 23/03/2012 at .

    Creo que la institución del jurado popular tiene tres problemas. Uno genérico, que supongo afecta a todos los jurados de todo el mundo, y dos más que creo son específicamente nuestros.

    El general es la interferencia de las emociones con la razón. Lo cierto es que la mayoría de la gente, la mayoría del tiempo, no usamos nuestro poder de raciocinio sino que vamos por la vida “en automático”, un poco en plan robot: si sientes esto haz esto otro. Aplicado al caso presente eso quiere decir que un relato con gran carga emotiva, o un argumento bien aderezado por un abogado, nos puede impedir pensar con claridad.

    Segundo problema: Sólo he estado en dos juicios con jurado, pero en ellos me llamó la atención el comportamiento de algunos de los profesionales presentes. A veces realizaban su labor ignorando la presencia del jurado, como si fueran un mueble más en la sala (lo que no creo que les granjeara simpatías), y otras parecían dar por supuesto que esta gente normal eran poco menos que profesionales del derecho, con lo que a más de uno se le ponía cara de no estarse enterando de nada. ¿Cómo dar un veredicto justo cuando ni siquiera has entendido las exposiciones?

    Y para terminar el mayor de todos, el bajo nivel ético medio de nuestra sociedad. En buena parte nos hemos acostumbrado, hasta el extremo de haberlo aceptado como lo normal, el que cada uno vele por sí mismo y por nadie más. Si me favorece está bien. Si me perjudica está mal.

    No aceptamos responsabilidad por nuestros actos. Sopesar pruebas y argumentos es tarea intelectualmente pesada, por eso, y ya que tenemos bien claro de antemano que, pase lo que pase, no es culpa nuestra, bien podemos tirar por la calle de enmedio y redactar el veredicto que menos trabajo lleve. Total, la culpa es del sistema.

    ¡ País !

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