Al éxito por la crisis

De la serie: Correo ordinario

He subido este mediodía a Linux GUAI (ya sabéis, la página del ámbito del software libre de la Asociación de Internautas) una noticia así en principio muy satisfactoria: el Gobierno vasco va a imponer el software libre en la administración, al menos, como opción prioritaria.

Digo que es una noticia satisfactoria en principio, por dos razones: la primera, porque habrá que ver el decreto una vez listo para su promulgación, porque, claro, una cosa son las buenas razones que se les predican a los medios y otra -acaso muy distinta- los amores que se publican en el boletín oficial; y la segunda, porque la satisfacción (supuesto haya de haberla, a reserva de lo dicho), viene acompañada -al menos, por mi parte- de un cierto sarcasmo: caramba, hay que ver, cuando la necesidad aprieta y la pasta escasea, como se caen algunos del caballo… o como se bajan del burro, según se quiera mirar.

Lo cierto es que, a medida que iba repasando y adaptando el formato del texto original (que procede de Deia, como es de ver), mi sonrisa bajobigotera pugnaba duramente por no trocarse en carcajada, porque ir leyendo el texto y ver cómo descubre la sopa de ajo el Gobierno vasco diez años después que el extremeño, decidme que no es para troncharse. Y suerte que ponen por delante, como pregoneros de la maravilla de la cosa, a gente seria que lleva años, seguramente, luchando por la cosa; me refiero a los dirigentes de ESLE (Asociación de Empresas de Software Libre de Euskadi).

Como suele decirse, sin embargo, nunca es tarde si la dicha es buena. Me sé yo de otros que se pasan el día recortando servicios públicos, esquilmando sueldos públicos (que ya no eran, de inicio, nada gloriosos), devastando servicios sociales, reclamando dramáticamente deudas de las que el Gobierno central es sangrantemente moroso, pasándolas putas cada vez que a la tesorería le viene un vencimiento importante (es decir, entre otras muchas ocasiones, cuando hay que pagar las nóminas a fin de mes) o jaleando bajo cuerda a la chiquillería que anda clamando con que España nos roba, que, pese a todo, siguen regalando al monopolio ingentes cantidades de nuestro dinero. En cuanto empiece a funcionar la ley de transparencia a unos cuantos nos va a faltar tiempo para catapultarnos a mirar uno por uno los resultados de las licitaciones de software de algunos que yo me sé. Y sacaremos la calculadora. Y seremos tan malos, que iremos a empresas de software libre a preguntarles -incluso con valor de compromiso, si hay lo que hay que tener, que lo habrá- a qué precio hubieran asumido ellos esa licitación si no hubiera estado cerrada a beneficio del software apropiativo. Algunos nos vamos a reir y otros se van a cagar en nuestro padre, pero al mío le he preguntado y le da igual. Los que seguro que no se reirán serán los ciudadanos desahuciados, mileuristas, recortados y demás perjudiciarios de las políticas liberales, cuando vean con cuánta liberalidad se regala el dinero en algunos sitios.

En fin, el caso es que la cosa va avanzando, despacito, pero avanzando. El otro día, supimos que el Gobierno Navarra daba también el paso, Extremadura, que nos tenía muy recelosos con el asunto, ratificó el otro día su compromiso con la continuidad de estos diez años de software libre, también vamos sabiendo de cada día más administraciones municipales que adoptan el modelo libre, y queda como piedra en el zapato Andalucía, sobre la cual hay muchas dudas porque pese a la implantación de software libre en el ámbito educativo y el desarrollo de distro propia (faltaría más) parece que Window$ predomina de manera aplastante en los escritorios pagados con dinero del contribuyente.

Falta mucho todavía: estamos hablando de tres o cuatro comunidades autónomas de las 17 que hay en el país y de unas más pocas que muchas decenas de municipios. Y, además, está la Administración del Estado, la de Justicia, la de la Seguridad Social y las correspondientes empresas públicas anexas, que todavía no han dado ningún paso. Muchísimo, demasiado dinero, una cantidad brutal de dinero público que se emplea a la salud de las fumadas del CEO del monopolio.

Pero la crisis es terca y la ambición de los bancos y de los políticos son insaciables. Tarde o temprano, necesitarán más dinero del que pueden recortar y, fatalmente, llegará un momento en que tendrán que aplicar la tijera a amiguetes y a tresporcientos. Y entonces sonará en todas partes, ya con mínimas excepciones, la hora del software libre. Entre otras horas.

No obstante, es una lástima que después de tantos años de luchar, de dar razones de peso, de rompernos los cuernos contra la ignorancia y contra la vesanía, contra la venalidad y la poca vergüenza, de oponer razones a talonarios, haya tenido que venir una crisis como esta, con el daño que está haciendo, para que el software libre se llevara el gato al agua. Porque el gasto racional del dinero público no es algo que solamente deba procurarse en tiempos de crisis, sino que debe ser una conducta permanente por parte de los rectores de las administraciones públicas. No es así, ya lo sabemos, y quizá por ello la crisis ha llegado a los extremos a que ha llegado.

¡Qué le vamos a hacer! Vivimos en la mierda de país en que vivimos.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.
A %d blogueros les gusta esto: