Reflexión a toro pasado

De la serie: Esto es lo que hay

Bueno, pues ya pasó la huelga general y pasó entre la habitual guerra de cifras: la patronal decía una, los sindicatos otra, el Gobierno una tercera (por no hablar de los autonómicos) y hasta la Guàrdia Urbana de Barcelona daba sus habitualmente pintorescos números, para no perder la costumbre.

Ha habido muchísima violencia, en esta ocasión: ha habido violencia en las calles, ha habido violencia en los piquetes y ha habido violencia en los empresarios.

Esta vez, en algunos lugares no ha sido una huelga pacífica. Se dirá, y es verdad, que hoy ha sido el día grande de esa especie de estrambóticos semiprofesionales de la guerrilla urbana (la verdad es que, si nadie les paga, son unos simples psicópatas) pero no creo que todos los contenedores quemados, todos los escaparates rotos y demás hayan sido debidos a esos capullos. Hay mucha ira en el ambiente porque la alimenta la impotencia. Y hay una sensación muy grande de impotencia entre la ciudadanía: a la frustración de la falta de alternativa política válida, se suma el ser constantemente víctimas indefensas de la barbarie económica: desahucios, despidos en masa, emigración cada vez más numerosa, una juventud sin futuro a la que ya nadie se esconde para denominar generación perdida… ¿De qué nos sirve la ley, el derecho, las instituciones? Cada consejo de ministros que se celebra prodiga indultos para los delincuentes encorbatados, pero nadie indulta al que no pudo pagar la hipoteca… Nunca jamás la ley del embudo fue tan evidente y descarada. La desesperación hace presa en capas más amplias de la sociedad a cada día que pasa: cada vez se ve más gente durmiendo en los vestíbulos de los bancos, cada vez se ve a más gente removiendo los contenedores en busca de chatarra o de comida, cada vez hay más cola en los comedores sociales, cada vez hay más niños que van al cole sin desayunar… y quién sabe si siquiera cenaron anoche. ¿Se espera que esa gente, que esos padres desesperados…? Pero, bueno… ¿cómo puede estar el corazón de un padre o de una madre cuando despiden al hijo que se va al colegio sin haberle podido dar siquiera un mendrugo? ¿Se pretende que ese hombre, que esa mujer, no quemen contenedores, que confíen en no sé qué ley y en no sé qué democracia y en no sé qué instituciones? ¡Y una mierda! Hubo violencia ayer y la seguirá habiendo y cada vez estará más extendida y será más dura.

Los piquetes… La gente de orden clamaba ayer por los piquetes. No hay derecho… ¿y el derecho al trabajo? (ya veremos cuánto clama la gente de orden por el derecho al trabajo hoy, mañana y dentro de una semana). Pero tienen razón, por más que me duela dársela: esto de los piquetes es una canallada y todo aquel que agrede, amenaza o amedrenta a una persona que se dirige a su trabajo, es un delincuente. Sin paliativos y sin otra denominación posible. ¿Vale? He dicho delincuente y canallada ¿Sí? Y he añadido que sin paliativos, que no hay denominación alternativa que valga. ¿Queda claro?

Pues si vale, si sí y si queda claro, hablemos ahora de los que van a trabajar. Al trabajo se puede ir por varios motivos: porque se corre el riesgo cierto de perderlo si se va a la huelga, porque se teme que se pueda correr ese riesgo aunque no esté constatado, porque no se está de acuerdo con la huelga o porque se es un cobarde y un mierda. Vamos a dejar ahora a los dos primeros, al del riesgo y al del miedo, que de ellos hablaremos más adelante. Al que no está de acuerdo con una huelga y lo dice de verdad y no de boquilla, suele reconocérsele porque en otras ocasiones sí ha estado de acuerdo y, por tanto, si la ha hecho, o bien ha dado la cara o, cuando menos, ha participado en otras movilizaciones; se trata, por tanto, de una persona digna de todo respeto que ejerce legítima y éticamente una libertad que posee, y constituye el más claro caso de criminalización de piquetes, ante la idea de que alguno de esos bárbaros pueda causar daño a alguna de esas personas.

Queda… el último de la fila. Estamos ante un caso que tiene sus diversas especialidades: el sobrado que está por encima de estas cosas propias de proletarios cutres (que, a veces, es un sobrado más o menos real y otras veces es un gilipollas tan cutre como cualquier otro huelguista, sólo que con ínfulas), el simple pelota, esto es, el mierda que no quiere quedar mal ante sus jefes, el miedoso patológico, o sea, el saltimbanqui que no quiere meterse en líos (que existe incluso entre funcionarios de carrera, manda narices), y esa tan frecuente especie de miserable que se cree solamente acreedor de derechos y jamás de obligaciones, incapaz de hacer nada que no sea para sí mismo (única y exclusivamente para sí mismo), que es el que utiliza todo lo demás como excusa (es el genio que suele decir -y pretende ser creído- que no puede permitirse prescindir de los ingresos de ese día: precisamente a quienes les viene de los ingresos de ese día son los que hacen huelga cada vez que se convoca, porque saben que no pararle los pies al enemigo puede costarles muchísimo más que eso). A estos elementos sí que les daría yo piquete, pero bien dado. Lo que ocurre es que, si no se está dentro de la empresa o de la unidad (y los piqueteros no suelen estarlo y hacen bien, si no, al día siguiente sus morros no valdrían un ardite) no se distingue a estos elementos de otros que acuden a su puesto de trabajo por motivos decentes. Actualización (que se me había olvidado): ninguno de estos sinvergüenzas renuncia jamás a ser partícipe de los beneficios o de los minusperjuicios que han logrado los otros con su riesgo y con su sacrificio.

Luego queda lo del miedo. No es el motivo más gallardo, pero sí el más humano. Al heroismo nadie está obligado y, en muchos casos, seguir la huelga constituiría, en términos laborales, un caso de heroismo (pero ojo, que los hay, no obstante). Porque una de las cosas que ha caracterizado a esta huelga, en mayor medida que en otras ocasiones, es el terrorismo empresarial. Hemos sabido -incluso de han hecho listas negras- de empresas que han amenazado o coaccionado a sus trabajadores: grandes superficies (alguna de ellas muy caracterizada), cadenas de alimentación y, en fin, establecimientos diversos. Hemos sabido, incluso -y parece que no es una aislada excepción- de hoteles que han prácticamente obligado al personal a pernoctar en el establecimiento la víspera para tener bien sujetos a los que habían de entrar de servicio ayer. Esto, señores de la patronal, es violencia y esta violencia desactiva sus lágrimas de cocodrilo ante los piquetes, ante los bloqueos de la entrada de grandes establecimientos, ante roturas de cristales, pintadas y demás. Yo no justifico nada, ojo, pero cuando digo nada es nada. Ustedes, los de la patronal, se quejan de una violencia, pero han promovido, motorizado y vehiculizado la otra. Así que si les han roto cosas, si les han obligado a echar el cierre, si les han echado los muebles por la ventana, se joden ustedes. Porque los que entorpecen el derecho a la huelga, son delincuentes, exactamente en la misma medida, o más, que lo son los piqueteros, aunque policías, fiscales, jueces y ministros y consejeros de Interior miren para otro lado en vez de actuar de oficio como tan prestamente actúan en tantos otros casos muchos de los cuales ni siquiera constituyen acciones delictivas.

Ayer hubo una huelga general que, más allá de los números, tuvo un seguimiento importante globalmente considerada (que hubiera sectores de más y de menos, es natural) y, como colofón, unas manifestaciones numerosísimas en prácticamente toda España, llamando muchísimo la atención las masas (ya no hablo de cifras) de Barcelona, Madrid y -anda- Valencia.

Ustedes, cínicos de mierda, a quienes tanto les gusta repetir el proverbio chino aquel de que crisis equivale a oportunidad, les devuelvo ese otro proverbio que me acabo de inventar yo pero que, andando el tiempo, verán como se cumple: huelga general y manifestaciones masivas equivalen a oportunidad.

No la aprovechen y verán lo que acabará pasando en este país.

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Comentarios

  • asmpredator  On 31/03/2012 at .

    Lo de los violentos es curioso que en todas las manifestaciones que estamos viviendo ultimamente esta siempre presentes, de espontaneo no tiene nada, alguien les debe pagar para que revienten las movilizaciones.
    En cuanto a los “mierdas” que les viene de no cobrar un dia de trabajo, conozco a varios que SI le viene de cobrar ese dia, porque ya van mal cobrando normal y tienen que andar trabajando de varias cosas para llegar a pagar la hipoteca, el cole de los niños y la vida diaria, asi que de “mierdas” nada, un mileurista con niños, hipoteca o alquiler, mujer en paro y en situación precaria SI que depende de cada dia que cobre.
    Que me digas que un dia de huelga general va a arreglar algo me suena a canto de sirenas, a intereses de patronales y sindicatos, a cortinas de humo y en definitiva a carnaza para el populacho, habria que hacer como Islandia, encausar a los delincuentes que nos gobiernan y eliminarlos de la politica, limpiar y desinfectar el corrupto poder politico y las elites directivas de bancos y grandes empresas que son la causa real del problema lo demas es humo, puro humo.
    Somos como perros vagabundos peleando por un pedazo de pan mientras los poderosos nos miran y rien.

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