Monthly Archives: abril 2012

Y… no pasa nada

De la serie: Esto es lo que hay

Ayer circularon por Twitter -con gran repercusión- dos enlaces realmente escandalosos: uno, en el que se pone en cuestión la rectitud y la independencia (cuando menos de criterio) de una magistrada, y se ilustra esa afirmación con hechos ciertamente preocupantes cuya relación causa-efecto habría que determinar; otro, en el que se establecería cómo los mossos d’esquadra maniobran de modo que determinados detenidos vayan a parar a manos de la magistrada en cuestión (nunca mejor dicho: en cuestión) cuando su juzgado está de guardia.

Tiendo a creerme a pies juntillas el segundo, acreditado por la experiencia que tenemos de los señores estos con barretina y de su jefe en los últimos doce meses; los mossos d’esquadra, perfectamente jaleados por sus jefes técnicos y políticos, no sólo han derrumbado su imagen hasta niveles realmente alcantarillescos sino que han conducido a que se dé por buena de principio cualquier presunción luctuosa contra ellos y que hayan de ser ellos los que carguen con la prueba refutatoria. No debería ser así, no es bueno que sea así, pero lo cierto es que es así y que la culpa sólo es de ellos… y de Puig, por supuesto. Porque, además, las pruebas (pruebas-pruebas) que proliferan en su contra son absolutamente abrumadoras (basta un paseo por YouTube para obtener horas y horas de brutalidad policial rayana, cuando no directamente incursa, en lo delictivo). Es especialmente lamentable porque, hasta la primavera pasada, los mossos d’esquadra tenían una imagen excelente entre la ciudadanía catalana. Redobla su culpabilidad en la devastación de esa imagen el hecho de que los policías (los policías de verdad) consideren iguales y compañeros a los antidisturbios y se solidaricen con ellos. Los antidisturbios no son, ni para mí ni para la mayoría de los ciudadanos, policías. Es verdad que están en el mismo cuerpo, llevan el mismo uniforme, la misma chapa y todo lo demás, pero hay una difernecia enorme entre el policía que te socorre cuando eres víctima de un accidente o de una agresión, entre el policía de de verdad te protege y está al servicio de todos nosotros, que un fulano que se dedica a agredir y golpear ciudadanos y que, encima, disfruta como un enano haciéndolo, tal como es de ver en sus propios foros.

Sobre el primero quiero no creérmelo. Me cuesta mucho aceptar una tamaña prevaricación -parecería que, además, gratuita… ¿o tampoco?- de una magistrada. Supongo que en legítima defensa ideal e ideológica: si los jueces funcionan con estos parámetros, estamos perdidos. Completamente perdidos. Tanto que habría ya que plantear una ruptura de todo el sistema, de arriba a abajo. Con el tema del canon y de la propiedad intelectual arrugamos la nariz muchísimas veces con sentencias y autos ciertamente rocambolescos, pero lo atribuimos a la falta de formación tecnológica de los jueces y a los cursillos que les impartía (o les imparte aún) la $GAE. Y teníamos razón: la vuelta que ha dado la tortilla en los últimos años demuestra que, efectivamente ahí estaba el mal. Pero el caso que expone El Teleoperador es completamente distinto y, desde luego, los hechos en sí son suficientes como para exigir una investigación. Las dos cosas: lo de la juez y lo de los mossos. No sería coherente que se marcara a Garzón como se le ha marcado y a la señora en cuestión se la dejara limpia de polvo y paja sin una previa investigación a fondo de lo que está -o puede estar pasando- ahí.

Pero como sé que no habrá ninguna investigación ni sobre la magistrada ni sobre los mossos, dejaré la cosa así, contemplando cómo el sistema se va corroyendo en su propio óxido hasta que llegue… a ver hasta dónde llega.

Hay una segunda cosa que no me sorprende, pero cuya constatación siempre me llama la atención: ¿y la prensa convencional? ¿Por qué estos temas han tenido que ser destapados por blogs personales o por medios underground? ¿Por qué esa ley del silencio en los medios tradicionales?

Son preguntas retóricas, todos sabemos por qué: porque sus amos siguen empecinados en aquella estupidez, válida sin duda en otros tiempos, pero completamente desfasada ahora: aquello de lo que no se habla, no existe. Pues sí, existe. Porque ahora se habla de ello, aunque no sea en estos medios; medios que siguen teniendo una influencia cierta, que no voy a negar, pero que va en franco y pronunciado descenso: recordamos cómo a estas alturas de calendario, hace un año, ignoraban olímpicamente las convocatorias del 15-M y pudimos ver cómo la realidad nacida exclusivamente de la red y del cabreo cívico les daba un puntapié en los dientes. Y siguen sin aprender, siguen en esa falsa ilusión de que ellos controlan la información ¡Estúpidos!

Después, claro, montan muchos congresos, certámenes y cuchipandas de diversa índole a la búsqueda angustiosa de su lugar en el espacio, sin darse cuenta de que sus males no están en el formato, sino en el fondo. Buscan cómo prevalecer en la red, porque intuyen que el papel pierde influencia; pero no es el papel: es la simple pretensión de mantener esa influencia omnímoda sobre los flujos de información. Mientras pretendan continuar controlando lo que pasa y lo que no pasa, seguirán cayendo. Sobre todo porque los hechos les ponen en evidencia.

Por ejemplo, los medios convencionales de Cataluña (los de España, ya ni te cuento) han venido ignorando una campaña que empezó modestamente pero que ha alcanzado proporciones ya realmente importantes: el boicot a los peajes de las autopistas. Ahora, cuando ya está en boca de todos este boicot y su creciente seguimiento (tan creciente que el propio Govern ha tenido que reaccionar, mal, fatal, pero reaccionar) han empezado a dar tímidas noticias sobre el mismo, como si se tratara de un hecho anecdótico. Pero lo cierto es que los amos, los que controlan a las empresas del tinglado mediático, están cagados de miedo: primero por la extensión actual del conflicto que está empezando a alcanzar proporciones realmente grandes (cat) y, en segundo lugar, tratan desesperadamente de minimizar todo ese movimiento, porque está convocado un acto de insumisión masiva para mañana martes, de regreso del puente, que podría dar lugar a atascos tan monumentales como ¡ay! indisimulables. Lo cierto es que se han formado ya colectivos para organizar la protesta y para defender a quienes la sigan de la agresión de -nuevamente- Puig, que amenaza con multas basadas en oscuros -e ilegales- decretos de tiempos de Franco.

Mientras los medios de comunicación convencionales sigan desempeñando este cutre y sucio papel, ya pueden ir organizando congresos sobre el futuro de las empresas periodísticas (que no del periodismo, la recta visión del cual sí tiene mucho futuro) y ya pueden ir menospreciando el no sé si bien o mal llamado periodismo ciudadano porque, pueden ponerse como quieran los Cebrián y compañía, pero ese periodismo ciudadano es el único farol al que podemos agarrarnos los que queremos enterarnos de lo que verdaderamente pasa, más allá de las manipulaciones de las empresas mediáticas.

Y, como diría Vodanovic, deja que los perros ladren.

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Mi gozo en un pozo

De la serie: Correo ordinario

El pasado mes de noviembre, celebraba la aparición de la iniciativa B de Books, en referencia al portal de Ediciones B dedicado al libro electrónico, un portal en el que, anunciaban, iban a distribuirse títulos baratos en archivos compartibles, sin DRM ni otras porquerías. Me las prometía muy felices, se las prometía muy felices a Ediciones B y las prometía muy felices, en definitiva, a todo el mundo.

Así que un día entré a ver de qué iba eso, y me encontré con la sorpresa de que B de Books no vendía en realidad título alguno sino que enlazaba a otras páginas que sí los vendían; eso sí, al precio que anunciaba la página del Grupo Z. La verdad, perdí el interés en la cuestión, toda vez que algunos de los vendedores eran para mí absolutamente indeseables, por motivos que no son del caso en este preciso momento.

El dia de Sant Jordi, salí a pasear por la tarde con mi mujer. Me gusta el ambiente de esa fiesta, me gusta ver las rosas en mil pequeños puestos por toda la ciudad y me encanta ver las paradas de libros que proliferan por doquier. Este año, además, empezaba a tener el melancólico morbo de disfrutar de esas paradas a sabiendas de que les queda ya muy poco tiempo, por lo menos como cosa masiva; de hecho, no compré ningún libro, sobre todo porque, como ya expliqué, después de todo un año de manejar casi exclusivamente el libro electrónico, el mamotreto de papel, y más cuando se trata de esos volúmenes enormes (innecesariamente enormes, además, con mucha frecuencia), me resulta una experiencia muy incómoda. Está claro que el poquísimo libro de papel que va a pasar por mis manos a cargo de mi bolsillo va a ser en edición en rústica, salvo casos extremos de sumo interés y falta de alternativa. Pero me supo mal no comprar un libro en tal día y me dije: «hombre, vamos a comprar uno o dos libros electrónicos, a ver cómo resulta la cosa».

Así que me fui a B de Books y, bueno, ya sabéis que la narrativa no es lo que más me gusta pero, en fin, seleccioné dos libros de Vázquez Figueroa: Coltán y Kalashnikov; total, 7 euros los dos, no está mal. En la página de compra me dio la opción de varios vendedores virtuales, así que seleccioné La Casa del Libro, que es el que vi más decente. El procedimiento de compra me pareció correcto y practicable, de modo que me dispuse a disfrutar del primero de los libros. Pincho el título y me sale una página de lectura on line. No, no, no, no, no: yo quiero descargarme el libro, así que sigo buscando y, efectivamente, encuentro la forma de hacerlo… Bueno, la forma, la forma… Pincho en el icono dedicado a la descarga (creo recordar que era un icono, no estoy seguro ahora mismo) y ese presunto icono hace aparecer un URL demencial practicable, y ese URL me conduce a una descarga de Adobe no sé qué (imagino que será el jodido DRM).

Con un globo de mil millones de pares de innombrables, me voy a la sección de atención al cliente y les canto las verdades del barquero, diciéndoles que eso no es lo que en B de Books habían dicho y que no tengo por qué descargarme para nada un programa que no me interesa lo más mínimo (y eso aún sin comprobar si ese programa tenía versión para Linux, que casi me huelo que no, pero reconozco que ésa es una presunción temeraria). Y les anuncio que, bueno, me voy a descargar Coltán y Kalashnikov de donde me dé la gana (que sitios para hacerlo hay a mogollón) y que, encima, lengua al culo todo el mundo porque los he pagado y tengo pruebas.

En resumen, un fracaso. Ya me extrañaba a mí tanta belleza.

Aunque en ocasiones me siento por ello como un panoli, nunca me he arrepentido de dar márgenes iniciales de confianza, como he hecho en este caso, aunque, como en este caso, la mayoría de las veces termine apaleado. Siempre pienso que hay que dar un empujoncito a quien entra por el buen camino, aunque entre excesivamente despacio, o a desgana, o mal calzado, o todo junto, aunque si actuara de modo opuesto me equivocaría menos. Realmente, es ilusorio pensar que alguien que, después de todo, forma parte del tinglado en su más clásico y mohoso aspecto, vaya a caerse del caballo así por las buenas. Tenía que haber trampa, y la hay.

Lo gracioso (si así puede decirse) es que, anteayer, La Casa del Libro me contestó. ¿Y qué me dijo? Que los libros eran perfectamente descargables previa instalación del Adobe-no-sé-ni-quiero-saber-qué-más. O son tontos o me toman a mí por idiota, toda vez que les dije claramente que no me interesa instalarme nada. ¿No leen lo que se les escribe, los lectores esos?

La conclusión cae por su propio peso: ya no me vuelven a ver el pelo. Ni estos, ni ningún otro. Me han engañado (B de Books) y me han tomado por tonto (la Casa del Libro) y eso, en definitiva, es fácil… la primera vez. La segunda, no. No habrá segunda.

Ya lo dije en otra ocasión: no me importa pagar a los autores por un libro electrónico. A los autores, no a los editores, a quienes no necesito para nada y, por tanto, me reafirmo en lo que dije en su día: si los autores se dignan montar una pasarela de pago, para mí será un verdadero placer retribuirles (y mucho mejor de lo que hace la editorial, además) pero no voy a pasar por más inventos: descargaré lo que me salga de los cataplines y remuneraré únicamente al autor, si me facilita ese trámite.

Y al resto de la cadena de desvalor, que le den por el culo. Así mismo.

Una nueva etapa… o no

De la serie: Correo ordinario

Hoy puede ser un día importante, quizá por la razón menos aparente: hoy, 26 de abril, veinte mil socios de la $GAE elegirán a su Junta directiva. Veinte mil socios, que son muchos más que los ocho mil con derecho a voto en el sistema anterior (eso se decía últimamente, ocho mil, aunque yo no recuerdo que fueran tantos), pero muchos menos que los socios de la entidad, que deben andar, cinco mil arriba o abajo, por los cien mil; y permanece vigente el sistema de voto censitario. Con todo, el paso adelante, corto pero cierto, es indiscutible.

Digo que hoy puede ser un día importante, quizá incluso importantísimo, porque puede (repito: puede) abrirse una etapa que trascienda de la propia $GAE. Porque no vamos a ser tan fariseos como para pretender, ni como internautas ni como ciudadanos, que lo que pase hoy en la $GAE ni nos va ni nos viene. Ya lo creo que nos concierne. Y mucho.

La $GAE sufrió en julio de 2011 un derrumbamiento. No cabe otra palabra: el tinglado que había articulado Teddy Bautista se vino abajo gracias a la intervención judicial que resultó de tres denuncias interpuestas por la Asociación de Internautas, la Asociación de Usuarios de Internet, APEMIT y VACHE (*), en la que se detectaron diversas irregularidades cuyo alcance aún no ha acabado de ser establecido puesto que las diligencias aún continúan. Pero ya antes de dicha intervención, la $GAE pasaba un momento delicadísimo debido fundamentalmente a tres factores: en primer lugar, una pérdida de prestigio prácticamente total, reconocida y lamentada por la propia entidad, ya de largo tiempo atrás; en segundo lugar, la aventura inmobiliaria que provocó una especial afectación del reventón de la burbuja general: Bautista había comprado caro y el valor de sus compras se depreció, en muy poco tiempo, un mínimo (en un cálculo muy conservador) del 20 por 100, con el agravante de que la mayor parte de esa inversión era a crédito, crédito vigente, doloroso y dificilísimo; en tercer lugar, la derrota del canon ante los tribunales, primero ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y después en la jurisdicción ordinaria española, si bien esta derrota aún no se ha materializado: el canon se sigue percibiendo exactamente igual que antes mientras el actual Gobierno mira para otro lado.

La nueva junta directiva deberá reedificar la $GAE a partir de estos escombros. No es tarea fácil, porque, además, los tiempos no acompañan. Estamos sufriendo una crisis que, obviamente, afectará a los ingresos de la entidad: es el momento de recordar que una importantísima proporción de actuaciones son -eran- de promoción pública y eso se va a caer -se ha caído ya- a mínimos realmente paupérrimos; también se ha caído la promoción privada, excesivamente sujeta en este país a subvenciones públicas, las cuales, obviamente, también se han venido abajo. Y si los internautas seguimos presionando (y presionaremos), tarde o temprano habrá que afrontar el tema del canon en el cual podrán pasar muchas cosas, pero la que es impepinable es que la $GAE (y demás colegas) no saldrán mejor paradas de lo que estaban: su oración racional -y aún precaria- es aquello del virgencita, que me quede como estoy. Todo ello en un ambiente de deuda reclamada, renegociada -a intereses costosísimos, y eso si se consigue- y, en fin, de dificultades por todas partes.

Hay que decir que, más allá de Teddy Bautista y sus secuaces -y sin que lo que voy a decir constituya la menor atenuante moral, que jurídica, desde luego, no lo es-, la culpa es de todos los socios de la entidad. Ahora hay muchas vestiduras rasgadas, mucho «los socios somos los perjudicados» y mucho «quién nos lo iba a decir», pero lo cierto es que lo que estaba sucediendo en la $GAE, quizá no en lo fraudulento, pero sí en una administración más que dudosa, era público y notorio: las denuncias antes citadas no fueron a humo de pajas. El público conocimiento de que en la $GAE las cosas no iban como debían procedió de dos vectores que no fueron escuchados más que por las entidades denunciantes: por una parte, un artículo de Ana Tudela en «Público» en el que desvelaba el entramado societario de la $GAE; y, por otra, las denuncias que, desde 2006 lleva expresando del autor Luis Cobo Manglis en relación a las irregularidades en la gestión de la entidad, denuncias por las cuales sufrió diversas represalias.

Precisamente represalias como las que sufrió Manglis son las que temieron muchos autores que vieron, oyeron, supieron y callaron. Es verdad que el heroismo no es obligatorio, pero también he dicho aquí muchas veces que el miedo no paga, que el miedo no evita el advenimiento del mal que se teme. Por tanto, y aunque probablemente injustos, los daños que han sufrido los autores son bien merecidos. El silencio siempre es cómplice, siempre, siempre.

De lo que resulte hoy, puede nacer una nueva oportunidad (o no: después hablaremos de ello). Hoy puede tomar las riendas de la $GAE un colectivo consciente de que la complicidad hay que buscarla en el público, en los ciudadanos, y no en tugurios gubernamentales o empresariales dudosos. A partir de mañana, la $GAE podría empezar a concebir de una vez puñetera que la industria, es decir, la trama empresarial que la compone, puede ser un instrumento más o menos válido (más bien menos, según avanzan los tiempos y la tecnología) pero también un enemigo, incluso el enemigo; pero que, en todo caso, a quien necesita perentoriamente es al público, un público, una ciudadanía, que a las buenas es capaz de entregarse y darlo todo por sus ídolos artísticos, como tantas veces ha demostrado, pero que también es perfectamente capaz de darles la espalda, incluso de patearles, si se la cabrea, se la desprecia, se la maltrata, se la insulta…

La nueva junta de la $GAE puede, a partir de mañana, iniciar el camino de la gran reconciliación entre los ciudadanos y sus artistas, una reconciliación que, en las debidas condiciones, siempre he defendido, siempre he considerado necesaria y, añado ahora, es urgente. Lo he dicho también muchas veces: los pueblos necesitan a los poetas, el motor de los movimientos sociales es la justicia y la razón, pero su envoltorio (muchísimas veces determinante de la adhesión) es la poesía. Con la que nos está cayendo, con las pruebas que nos esperan a todos los ciudadanos, con las movilizaciones que tenemos sí o sí que poner en marcha si no queremos sucumbir, no podemos dejar fuera a nuestros artistas, no podemos prescindir de ellos. Los que venzan en las elecciones de hoy van a asumir, entre otras, esa importante y grave responsabilidad: dar pasos firmes y claros hacia esa reconciliación.

Y eso me lleva a mi candidatura predilecta: ninguna. No es un problema de neutralidad, como vamos a ver dentro de muy pocas líneas, es que, realmente, son los autores los que han de decidir quién dirige su entidad, quién ha de afrontar todos estos desafíos; y si los afronta con recto criterio, en orden a lo antes expresado, para el resto de los ciudadanos cualquier Junta será buena.

Sin embargo, no puedo dejar de decir que sí hay una o dos candidaturas cuya victoria terminaría con toda esperanza y que me atrevo a decir que perpetuaría la guerra entre ciudadanos y autores; y son, evidentemente, las candidaturas continuistas, como la de Caco Senante, con Teodomiro Cardalda a cuestas, factótums ambos de ACAM-ROAIM, es decir, la ultraderecha de la $GAE de Teddy, y algunas otras encabezadas o compuestas por autores cuyo posicionamiento tradicional y reiterado ha estado siempre en la línea de dar caña al ciudadano. No diré nombres, toda vez que parece que tienen pocas posibilidades, pero ojo con lo que pueda venir de Catalunya.

Sólo queda, pues, esperar y confiar. Hoy, sin duda, será un día importante para todos, para los de dentro y para los de fuera. Cuando sepamos los resultados, sabremos si hay que celebrar o lamentar. Pero sólo en principio. Los nombres y las promesas electorales, dicen y no dicen. Habrá que estar a los hechos y, ciertamente, éstos no deberían tardar mucho en ser visibles. El retraso en los cambios sería, en realidad, una muy mala señal.

Y las buenas señales son urgentes.

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(*) Me avisan algunos compañeros de la AI de que he sido un tanto impreciso: no fueron tres denuncias sino una denuncia redactada por Ofelia Tejerina -Defensor del Internauta de la AI- que, suscrita por las entidades citadas, se presentó en 2007 y en 2009. No corrijo el texto original a beneficio de los que hayan podido efectuar una cita literal del mismo. En todo caso, el texto que ha subido a la página web de la Asociación de Internautas sí incorpora ya la redacción adaptada. Mil disculpas por la equivocación.

Los más buscados

De la serie: Esto es lo que hay

Si a Franco, en 1970 -pongamos por caso-, se le hubiera ocurrido divulgar a través de la prensa o de la televisión las fotografías de los subversivos (así se les llamaba en aquel entonces) más buscados, hasta sus ayudantes hubieran visto vencido el temor reverencial que sentían hacia su jefe por el ataque de risa que les hubiera acometido. Pero Franco sería todo lo que digan que fue menos tonto (diga lo que quiera Preston) y jamás se le hubiera ocurrido esta estupidez, abocada al fracaso ya en simple fase de ocurrencia.

De la fase de ocurrencia ha pasado, y ampliamente, Felip Puig, que la ha puesto en marcha y ha subido a la web de los mossos tropecientas fotografías en plan terroristas más buscados. Que alguien crea que un invento tal pueda funcionar, es algo que me produce escalofríos; que llegue a funcionar realmente, me parece inconcebible. Una cosa son, efectivamente los terroristas (los de verdad) y otra muy distinta, radicalmente distinta, esto. Además, viendo las fotos de los chavales se está al cabo de la calle de las pintas de etarras o de miembros de Al Qaeda que gastan. Para lo único que va a servir esta página es para que muchos padres se caguen de miedo y de angustia viendo ahí a sus hijos.

Porque lo que va a ocurrir, además, es que el chivato que colabore con esta aberración va a ser objeto de una censura cívica cierta, en forma de boicot a su negocio o a su tranquila convivencia vecinal (esperemos que, al menos, sin llegar a la agresión o a cualquier otro tipo de ilegalidad), tan pronto sea identificado, que tarde o temprano lo será, por más que Puig asegure confidencialidad. Tonterías: estas cosas se acaban sabiendo siempre y el soplón inevitablemente termina con el correspondiente estigma virtual.

Y no se trata de aprobar -que no apruebo, en absoluto- acto de vandalismo alguno, lo que no obsta para tener muy claro que, según están las cosas, y pese a la desaprobación generalizada, los actos de vandalismo persistirán, y aún se incrementarán, en la medida en que la desesperación de un sector creciente de ciudadanos vaya siendo más insufrible. Cambiará, en todo caso, la profesionalización: a medida que transcurran los meses, los autores de trapazadas irá siendo más comúnmente gente normal y corriente (cuando menos, hasta ese momento) y mucho menos esos profesionales que tan habitualmente nos venden. Que sí que los hay (o los hubo) pero yo no los creo en absoluto protagonistas -o protagonistas únicos- de los últimos hechos. El propio Puig se contradice en sus cifras: dice que eran 200 y que, en poco tiempo han pasado a ser 2.000. ¿Decuplicar en poco tiempo una población profesional? Ni hablar. Ahí hay algo más, mucho más.

Porque, por este lado, también nos la están metiendo doblada. Primero unas redadas -porque estamos hablando ya de auténticas redadas- de chavales cuya intervención en los hechos que se les imputa es mas que dudosa; ahora, la paginita esta. Todo parece indicar que se está implantando un auténtico régimen del terror para evitar que la gente salga a la calle. Porque, efectivamente, la posibilidad de ser detenido e imputado, por más que a la larga todo se caiga delante del juez, es muy preocupante, sobre todo para los chavales jóvenes. Si, encima, el juez les atiza la incondicional con base a unas pruebas que… en fin.

Contrasta (¿o se complementa?) ese interés por identificar terroristas con la burla que se ha hecho a los jueces -y, sobre todo, a la ciudadanía- negándose redondamente -con pretextos absolutamente inaceptables- a identificar a los antidisturbios que protagonizaron actos de brutalidad policial claramente delictivos y contra los que hay pruebas abrumadoras.

Avanza la primavera, nos acercamos al mes de mayo y si el año pasado por estas fechas los ciudadanos estábamos hartos, huelga decir cómo estamos ahora con la que ha caído desde entonces y las previsiones de lo que aún queda por caer… si no ponemos remedio. Traicionados por la clase política, reventados por el neofeudalismo imperante, con muy pocas esperanzas -los que aún mantenemos, no sabemos cómo ni por qué, alguna-, con la muchachada devorada por el paro (el cincuenta por ciento) y sin futuro alguno que no pase por la emigración, con familias desahuciadas quedando en la calle con deudas perpetuas a cuestas -en lo que no es sino la ejecución de una pena de muerte civil- a razón de centenares diarios, con una cifra de paro que asusta no a nosotros sino a Europa entera, marcando récords históricos absolutos y creciendo imparablemente… Este próximo y ya inminente mes de mayo empieza con su muy característico día 1, pero es que, dos semanas después, se celebará el primer aniversario del 15-M; en el ínterin, parece que las universidades españolas se levantan prácticamente en masa con la bendición intelectual de sus rectores. Evidentemente, la derecha -la española y la catalana- están preocupadísimas por la imagen que se dará ante una Europa (ante un París y un Berlín, más concreta y exactamente) cuyas preocupaciones y terrores determinarán las órdenes que se impartan con respecto a España. La consigna, por tanto, es clara: hay que detener la calle, como sea.

Y este como sea significa el regreso a los modos franquistas más indisimulados… lo que no debe sorprender, puesto que las cifras están regresando a los tiempos franquistas también (salvo la del paro que, como digo, alcanza récords absolutos, nunca vistos en la historia de este país desde que existe en él una industria digna de llamarse así).

Ni que decir tiene que, además de una falta de escrúpulos absolutamente digna de la clase poítica que nos aqueja, esto es un error descomunal. Este país es peligrosísimo y ellos lo ignoran o lo hacen ver. España -lo he dicho muchas veces y no me cansaré de decirlo, porque es verdad- es un país en el que se pasa del menfoutisme más absoluto a la barbaridad más generalizada en cuestión de muy pocos días: el libro de Historia nos lo muestra en multitud de ocasiones.

Y cuando la situación es explosiva (y, señores: lo es) sólo falta el detonante, y el detonante puede ser cualquier cosa: un embarque de mozos para África o una extralimitación de los antidisturbios; una extralimitación cualquiera, no hace falta que sea, necesariamente, más dura que otras anteriores.

Un montón de cartuchos de dinamita, en sí, no son nada, no hacen nada, están ahí, sin más. Pero cuando se le arrima un fulminante con una mecha encendida y la mecha se acaba, salta la casa por los aires. El montón de dinamita dejó de ser una cosa inerte, un simple lugar del espacio ocupado por un determinado volumen de materia indeterminada y se convirtió en una tragedia.

O nuestros políticos no lo saben y, entonces, son idiotas, o lo saben y, en este caso, lo que son es un hatajo de criminales.

Aplíquense ellos mismos el cuento procedente.

España va bien

De la serie: Rugidos

Ayer mordió el polvo el equipo calzoncillero homologado del nacionalismo cuatribarrado. A ver si hay suerte (¿será posible tanta felicidad?) y hoy también se hunde el equipo calzoncillero homologado del nacionalismo de toro coñaquero. Desgraciadamente, parece que nada puede evitar que uno de esos dos (casi con toda seguridad éste último) gane la liga que uno desearía que fuera de otro cualquiera, preferiblemente pequeño, qué se yo, el Getafe o el Osasuna, pero me dicen los que saben que no es una pretensión realista y que incluso es aritméticamente imposible. Bueno.

Confiemos también en que el equipo lolololo, esos rojos tan seguidos a todos los confines por tanto barrigudo con txapela y bombo, vuelva a las viejas costumbres y sea barrido en octavos de la próxima competición, que creo que es ahora ya, en cuanto termine el habitual festival anual local.

Y como este año hay cuchipanda olímpica, cabe desear también un medallero magro y miserable, cosa que parece probable, de ser cierto lo que he oído por ahí, porque las empresas patrocinadoras han recortado mucho los presupuestos dedicados a liberar a gente del calzoncillo, así que en el magno festival de a ver qué raza aria la tiene más larga, parece ser que nuestra escuadra va a naufragar frente a los elementos, como siempre.

Y todos estos malos deseos, no responden -o no únicamente- a mi colmillo sistemáticamente retorcido ante este tipo de manifestaciones en olor de sobaquina (aparte del odio africano que me generan las putadas derivadas de todas las jodidas cursas barcelonesas) sino porque a ver si de una puta vez los ciudadanos nos preocupamos de lo sustancial, en vez de estar aplicándonos placebos por perfectas gilipolleces.

Que se nos están meando encima y ya no se molestan ni en decir que llueve.

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