El incómodo papel

De la serie: Correo ordinario

Un amigo mío ha publicado un libro, su primera obra literaria (hasta ahora, aparte de la función pública, se había dedicado a los guiones cinematográficos, habiendo estrenado dos películas en el circuito comercial). Bueno, pues un poco por obligación moral (de mor, costumbre: no caigamos en grandilocuencias conceptuales) y un poco por interés en leerlo, he comprado el libro y lo he leído en estos días de fiesta; uno de estos días, seguramente esta misma semana, os haré una amplia recensión, a ver si le echamos una mano a la cifra de ventas.

El libro no ha sido publicado en formato electrónico (no sé si lo será en el futuro, pero, ahora mismo, parece que no está previsto), de modo que lo tuve que comprar en formato papel. Hacía como cosa de un año que, salvo obras de consulta o consulta de obras por una necesidad concreta (que no es lo mismo), no había cogido un libro material, en papel, en árbol muerto. Me refiero a coger un libro, sentarme en un sillón y leerlo de corrido (en dos tandas, vamos, en este caso). En todo ese tiempo lo he hecho siempre en formato digital. Pues bueno, para contrariedad de los forofos del papel a toda costa, debo decir que ha sido, en lo material, una experiencia incomodísima. Acostumbrado a mi pequeño cacharrito de 5 pulgadas o, a lo sumo, a la tablet de 10, manejar ese mamotreto de cuatrocientas y pico páginas impreso en tipos bastante grandes, lo que da lugar a un volumen y peso considerables (e innecesarios, más allá de la presencia justa para machacarte 20 euros), ha sido una plasta tremenda, casi me ha parecido a mí mismo increíble tanta incomodidad, con sólo un año de uso exclusivo del libro electrónico. Pero ha sido así. Menos mal que no puede decirse lo mismo del contenido y por ese lado la cosa ha sido no sólo llevadera, sino incluso ágil y entretenida. Pero ya digo que de esto hablaré más adelante, en breve, pero más adelante.

En definitiva, he tomado la determinación de que, a menos que haga una rara excepción (con el tiempo jugando en contra de su posibilidad), no pienso volver a comprar un libro en formato papel. Esto ya lo venía haciendo desde hace un año, pero simplemente porque las circunstancias han venido así, sin predeterminación alguna. Ahora, esa actitud ya es una resolución firme por mi parte.

Lo que me pregunto es cuánta gente habrá tenido esa experiencia y cuánta gente habrá tomado esta decisión. Imagino que poca, puesto que relativamente poca utiliza el libro electrónico y me imagino también que no en su totalidad lo utilizarán exclusivamente tal como he hecho yo, prácticamente. Sin embargo, lo que ahora no puede establecerse como realidad de presente, sí que es claramente una tendencia que será realidad en un futuro y, además, en un futuro más a corto plazo que a medio.

Pero, mientras tanto, el mundo editorial sigue llorando por la piratería pero los fondos digitales siguen siendo paupérrimos: según la Agencia Española del ISBN, durante el mes de marzo los libros digitales registrados han sido un escaso 26% del total. O sea que fatal, porque a estas alturas de la película, la proporción mínima de libros gigitales hubiera debido ser, como mínimo, el triple (sin perjuicio, claro está, de su simultánea edición en papel). Lo que quiere decir que el mundo editorial sigue más pendiente de mantener un ámbito de negocio que se hunde en vez de promover la proyección en alza. Con una demanda que claramente supera a la oferta la cual, por lo demás, es escasa y generalmente cara.

Veo, pues, muy claro, que, lejos de aprovechar la creciente digitalización para ampliar el número de lectores y de obras leídas -y, por tanto, de clientes- el mundo editorial está empujando a su propia clientela, a la que ya posee o poseía hasta hace muypoco, a la descarga gratuita (no habiéndola autorizada). Y mienten quienes aseguran que no hay competencia contra lo gratuito: la puede haber, y muy dura, si los precios están ajustados. Cualquier voracidad lectora puede soportar tranquilamente precios de entre 3 y 5 euros, sufieientes en casi todos los casos, para satisfacer los derechos del autor e incluso lo de la editorial en la medida que subsistan, una vez superados los costes de impresión, distribución y comercialización minorista. Las cuentas del Gran Capitán que efectúan periódicamente en certámenes diversos pretendiendo defender la estupidez -premeditadamente falsa y, po rtanto, falsaria- de que por debajo de los 10 euros no es rentable editar un libro, se caen por sí solas; y eso por no hablar del DRM. Y la pretensión de cobrar por el libro electrónico un escaso 10 ó 15 por 100 menos que por la edición en formato papel, es ya directamente ridícula.

La industria editorial está jugando una baza que hoy todavía se sostiene, pero que no aguantará mucho: los forofos del papel, los que se resisten contra viento y marea a adoptar el libro electrónico. Pero lo cierto es que en lugares como el transporte público -perfectamente útil para mi pequeño, modesto y chusco análisis de tendencias- veo cada vez más libros electrónicos y menos libros en papel. Es decir, la cantidad de lectores no se incrementa, pero sí disminuye el usa del papel en la lectura. Y en mis círculos de relación (los personales, no los de Google+) cada vez oigo con mayor frecuencia el anuncio del próximo salto al libro electrónico y cada vez es más frecuente que me pidan consejo sobre modelos, formatos, precios y demás. La tendencia, pues, es clara, y que los lectores de papel constituyan una excepción parece sólo una cuestión de tiempo… y de no mucho tiempo, porque, lógicamente, en la medida en que sus usuarios sean menos, el precio de los libros de papel se incrementará; incremento que será aún mayor cuando los editores abandonen la estúpida pretensión de que los lectroes digitales paguemos el gusto y las ganas papeleros (entre otras estúpidas pretensiones).

Como hace ya años que venimos diciendo (y diciéndolo todos los que más o menos conocemos el mundillo digital y la evolcuión social en ese entorno) la comercialización de contenidos está ya cambiando radicalmente. Los viejos modelos subsisten en la medida en que se puede decir que subsiste la popa de un barco que se está hundiendo por proa. Como siempre, el problema no es tanto luchar por el nuevo modelo, cuyo advenimiento es fatal, sino por impedir los daños tremendos que en esa subsistencia ya condenada a la extinción pueden causar los resistentes de los viejos modelos.

El mundo editorial -lo hemos dicho muchísimas veces- ha tenido el privilegio de poder prever con unos cuantos años de antelación lo que iba a sucederle, solamente observando lo que le ha sucedido a la edición musical. No ha aprovechado, sin embargo (y cuando menos en España) ese privilegio y su imprevisión y su obcecación le van a pasar una factura enorme. Una factura tan tremenda que la mayor parte del sector no va a poder pagarla.

Para quienes sí se acabaron las facturas, los sometimientos, la explotación y el servilismo forzoso es a los creadores, a los escritores, que van a poder soslayar -algunos ya lo están haciendo y pronto lo harán todos en masa- la estructura de dominio y de censura que supone el mundo clásico del negocio editorial.

Moribundo ya, para alegría de todos. Y para bien de la cultura.

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Comentarios

  • sinatributos  On 10/04/2012 at .

    No se trata de neoludismo, pero hay algunas cuestiones en las que el libro en papel es decididamente mejor. Le avanzo que sin duda alguna de ellas le pareceran idioteces, pero para mi no lo son en absoluto:

    1. Hojear. Buscar algo en un libro en papel es mucho más agradable que andar pasando páginas en uno electrónico. Evidentemente si recuerdas la frase parcialmente o si recuerdas que una palabra poco habitual estaba en ella la facilidad en el libro-e es abismal, pero si no, gana el otro.

    2. Notas al margen. Sí, ya sé que las plataformas e-reader de hoy en día permiten tomar notas. Ya me contará, si las usa vd, dónde están esas notas dentro de diez años. A mi me gustan los papeles que amarillean escondidos entre páginas. Llámeme bobo.

    3. Son más bonitos. El objeto libro, aunque pese, es infinitamente más hermoso que el objeto libro-e. Por no hablar del olor.

    4. Se gastan. Los libros tradicionales a los que les has dado mucha caña quedan agrietados por su lomo. Totalmente diferenciados de los libros que abrista un día y no volviste a tocar. Eso hace que el sentimiento de pertenencia hacia ellos sea mayor.

    Sólo concibo los e-libros para manuales de instrucciones, libros técnicos, y etc. Para todo lo demás prefiero seguir viendo como se me comban las estanterías.

  • Javier Cuchí  On 10/04/2012 at .

    Bueno, en realidad lo del libro electrónico o de papel no es un problema de neoludismo. Conozco gente muy próxima a mí, encantadísima con el libro electrónico, pero que tocaría una cobra antes que un ordenador.

    Sobre sus objeciones concretas:

    1. Pasar páginas de un libro electrónico es una maniobra en todo similar a las del libro convencional. Y si se quiere pasar un grueso fajo, basta con decirle al aparato que te lleve a la página X y a partir de ahí, se pueden pasar manualmente las cuatro o cinco páginas de desfase.

    2. Notas al margen: primer problema de gustos. A mí lo que me gusta es que se puedan borrar si ya no son necesarias y queden los libros limpios y esto vale para el papel y para el digital. Lapicito de mina blanda y goma de borrar. A veces, ni eso: una hoja o un pedazo de papel intercalados entre páginas.

    3. Sí y el farde de señor leído y culto que te das con unas estanterías bien abarrotadas. Yo, aparte de las del estudio -que ya son un metraje de estantería considerable- las tengo por toda la casa. Menos en la cocina y el baño, no hay habitación que se salve. Pero para mí, se trata de un factor secundario.

    4. Admito como propia esta razón. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, está claro. Pero hay que calibrar las de cada cosa y en mi caso vence por goleada el e-book

    Veamos: en mi artículo no he pretendido criminalizar -en absoluto- al lector de libros en papel. Incluso puedo reconocer fácilmente que en ocasiones -contadas, en mi caso, pero haber, haylas- puede ser más práctico el libro en papel. Pero, como he dicho antes, en un cómputo global, vence la máquina, y de largo. A mis personales efectos, desde luego, pero también a un número creciente de usuarios. La verdad es que, en el último año, se han contado con los dedos de una mano, por no decir de una oreja, las ocasiones en las que, leyendo un e-book, he lamentado no disponer de su homónimo en papel.

    Y la extensión del libro electrónico provocará una serie de efectos secundarios indeseables. Así, al pronto, se me ocurren:

    a) El encarecimiento (seguramente muy considerable y rápido) del libro de papel, lo que perjudicará a los lectores clásicos, que también tienen su corazoncito y su derecho moral.

    b) La desaparición de los libreros, infinitamente más lamentable que la más que probable desaparición de las editoriales.

    c) Una que también puede afectarme, aunque no puede darse por segura, ni mucho menos: que la digitalización represente nuevos formatos y modos de lectura ajenos a la experiencia tradicional lectora (que, hoy por hoy, sí que conserva plenamente el libro digital) y que, mira qué cosas, podría llevarnos a algunos de regreso al libro de papel, a menos que su precio llegara a lo inasumible, que es más que probable.

    Tiempo al tiempo, pero me parece que la digitalización es inexorable. Con todas sus ventajas y con todos sus inconvenientes (que, aunque pocos, cabe reconocer que existen).

    Un saludo y gracias por su atención.

  • asmpredator  On 10/04/2012 at .

    Desde que me compré un e-reader, es que no paro de leer, me resulta muy práctico a muchos niveles, antes no podía llevar los manuales a ninguna parte ahora me los llevo todos, con los libros me pasaba igual, ahora tengo mi biblioteca siempre conmigo.
    Ademas como el artilugio es multimedia, puedo llevarme mis pelis, mis fotos y mi música con lo que mi felicidad es completa, el ipad es carísimo y el movil demasiado pequeño, mi e-reader tiene la medida perfecta.
    La verdad, soy un convencido que la digitalización es la forma perfecta para tener todo tipo de contenidos,los discos de vinilo ya hace años que me los vendí (antes los digitalicé convenientemente) y con lo que me dieron me monté un buen ordenador, las cintas VHS las mandé al infierno, los CD de música y los DVD de peliculas los tengo por algún rincón del desván y los libros de papel esta quietos en la etanteria de casa acumulando polvo.

  • ryouga69  On 11/04/2012 at .

    Para equilibrar los bandos me declaro incondicional del papel por las siguientes
    razones:

    Los actuales e-books me parecen demasiado pequeños ,los que mas me atraen de 9 o 10″ son escasos y muy caros

    El libro de papel es menos delicado y no es objeto de deseo de los amigos de los ajeno. Por ejemplo las proximas vacaciones toca turismo-lagartija (eleccion de mi media naraja) y un libro de papel al que no afecta la arena y que se puede abandonar tranquilamente es mucho mas practico.

    su punto 3 tambien me parece positivo 😉 ademas de que cuando voy a casa ajena un vistazo a su libreira me dice mas de los inquilinos que horas de banales conversaciones.

    Algun modelo que he visto hacia una lenta y desagradable transicion a negro al pasar pagina, los tablets son mas polivalentes pero dudo que su pantalla sea comoda con una fuerte luz diurna y desconfio de su bateria.

    Echar un vistazo a mis queridos ejemplares de papel entre los que se encuentran algunas grandes obras de la humanidad con su precioso encuadernado me satisface de manera que no podria hacerlo un solitario y anodino e-book en una vacia estanteria.

    Eso si me parecen muy utiles para libros tecnicos, para acarrear en el trabajo manuales u obras de consulta o para colegios y educacion en general, tambien es cierto que suelo descargar versiones en pdf de mis libros para consultas rapidas (e imagino que contaran en las estadisticas de pirateria 😄 )

  • Ángel Bacaicoa  On 11/04/2012 at .

    No digo que, como cualquier obra humana, si la encuadernación lo merece me gusten los libros pero… lo que me importa de un libro es lo que contiene y aquí podemos derivar hacia el fetichismo (el inmenso placer de tocar u ojear un libro) o (como es mi caso) a la prioridad del mensaje sobre el medio. Pero reconozcan conmigo que las mudanzas y viajes son más llevaderos.

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