Mi gozo en un pozo

De la serie: Correo ordinario

El pasado mes de noviembre, celebraba la aparición de la iniciativa B de Books, en referencia al portal de Ediciones B dedicado al libro electrónico, un portal en el que, anunciaban, iban a distribuirse títulos baratos en archivos compartibles, sin DRM ni otras porquerías. Me las prometía muy felices, se las prometía muy felices a Ediciones B y las prometía muy felices, en definitiva, a todo el mundo.

Así que un día entré a ver de qué iba eso, y me encontré con la sorpresa de que B de Books no vendía en realidad título alguno sino que enlazaba a otras páginas que sí los vendían; eso sí, al precio que anunciaba la página del Grupo Z. La verdad, perdí el interés en la cuestión, toda vez que algunos de los vendedores eran para mí absolutamente indeseables, por motivos que no son del caso en este preciso momento.

El dia de Sant Jordi, salí a pasear por la tarde con mi mujer. Me gusta el ambiente de esa fiesta, me gusta ver las rosas en mil pequeños puestos por toda la ciudad y me encanta ver las paradas de libros que proliferan por doquier. Este año, además, empezaba a tener el melancólico morbo de disfrutar de esas paradas a sabiendas de que les queda ya muy poco tiempo, por lo menos como cosa masiva; de hecho, no compré ningún libro, sobre todo porque, como ya expliqué, después de todo un año de manejar casi exclusivamente el libro electrónico, el mamotreto de papel, y más cuando se trata de esos volúmenes enormes (innecesariamente enormes, además, con mucha frecuencia), me resulta una experiencia muy incómoda. Está claro que el poquísimo libro de papel que va a pasar por mis manos a cargo de mi bolsillo va a ser en edición en rústica, salvo casos extremos de sumo interés y falta de alternativa. Pero me supo mal no comprar un libro en tal día y me dije: «hombre, vamos a comprar uno o dos libros electrónicos, a ver cómo resulta la cosa».

Así que me fui a B de Books y, bueno, ya sabéis que la narrativa no es lo que más me gusta pero, en fin, seleccioné dos libros de Vázquez Figueroa: Coltán y Kalashnikov; total, 7 euros los dos, no está mal. En la página de compra me dio la opción de varios vendedores virtuales, así que seleccioné La Casa del Libro, que es el que vi más decente. El procedimiento de compra me pareció correcto y practicable, de modo que me dispuse a disfrutar del primero de los libros. Pincho el título y me sale una página de lectura on line. No, no, no, no, no: yo quiero descargarme el libro, así que sigo buscando y, efectivamente, encuentro la forma de hacerlo… Bueno, la forma, la forma… Pincho en el icono dedicado a la descarga (creo recordar que era un icono, no estoy seguro ahora mismo) y ese presunto icono hace aparecer un URL demencial practicable, y ese URL me conduce a una descarga de Adobe no sé qué (imagino que será el jodido DRM).

Con un globo de mil millones de pares de innombrables, me voy a la sección de atención al cliente y les canto las verdades del barquero, diciéndoles que eso no es lo que en B de Books habían dicho y que no tengo por qué descargarme para nada un programa que no me interesa lo más mínimo (y eso aún sin comprobar si ese programa tenía versión para Linux, que casi me huelo que no, pero reconozco que ésa es una presunción temeraria). Y les anuncio que, bueno, me voy a descargar Coltán y Kalashnikov de donde me dé la gana (que sitios para hacerlo hay a mogollón) y que, encima, lengua al culo todo el mundo porque los he pagado y tengo pruebas.

En resumen, un fracaso. Ya me extrañaba a mí tanta belleza.

Aunque en ocasiones me siento por ello como un panoli, nunca me he arrepentido de dar márgenes iniciales de confianza, como he hecho en este caso, aunque, como en este caso, la mayoría de las veces termine apaleado. Siempre pienso que hay que dar un empujoncito a quien entra por el buen camino, aunque entre excesivamente despacio, o a desgana, o mal calzado, o todo junto, aunque si actuara de modo opuesto me equivocaría menos. Realmente, es ilusorio pensar que alguien que, después de todo, forma parte del tinglado en su más clásico y mohoso aspecto, vaya a caerse del caballo así por las buenas. Tenía que haber trampa, y la hay.

Lo gracioso (si así puede decirse) es que, anteayer, La Casa del Libro me contestó. ¿Y qué me dijo? Que los libros eran perfectamente descargables previa instalación del Adobe-no-sé-ni-quiero-saber-qué-más. O son tontos o me toman a mí por idiota, toda vez que les dije claramente que no me interesa instalarme nada. ¿No leen lo que se les escribe, los lectores esos?

La conclusión cae por su propio peso: ya no me vuelven a ver el pelo. Ni estos, ni ningún otro. Me han engañado (B de Books) y me han tomado por tonto (la Casa del Libro) y eso, en definitiva, es fácil… la primera vez. La segunda, no. No habrá segunda.

Ya lo dije en otra ocasión: no me importa pagar a los autores por un libro electrónico. A los autores, no a los editores, a quienes no necesito para nada y, por tanto, me reafirmo en lo que dije en su día: si los autores se dignan montar una pasarela de pago, para mí será un verdadero placer retribuirles (y mucho mejor de lo que hace la editorial, además) pero no voy a pasar por más inventos: descargaré lo que me salga de los cataplines y remuneraré únicamente al autor, si me facilita ese trámite.

Y al resto de la cadena de desvalor, que le den por el culo. Así mismo.

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Comentarios

  • asmpredator  On 27/04/2012 at .

    Es que nunca aprenderán, ni quieren aprender, si tú has comprado un libro, tienes derecho a tenerlo sin mas, las protecciones y otras zarandajas no son tu problema ni tienes porqué instalar nada en tu equipo.
    Por esa razón me decidí por un e-reader clónico, no por uno de tal o cual monopolio, porque al menos ellos no pueden meter sus narices en él ya que ni siquiera tiene conexión a Internet.
    Me descargo lo que me da la gana y leo lo que quiero y que les jodan.
    Cuando comprar un e-book sea solo eso, comprar un e-book y no casarte con un monopolio o con un DRM lo compraré encantado.

  • drodriguezherrera  On 27/04/2012 at .

    Me parece asombroso cómo se olvidan de la experiencia de usuario. Han saltado todos a hacer como qué en cuanto desembarcó Amazon en España pero el único que realmente hace es Amazon. Con el Kindle te compras un libro en la web y, si tienes wifi, a los segundos lo tienes en el cacharro listo para leer. Mientras no sean capaces de competir con eso, la van a cagar.

    (Luego también podemos hablar del DRM de Amazon, y de lo relativamente fácil que es violarlo, pero vamos, que teniendo DRM unos y otros no hay color.)

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