Y… no pasa nada

De la serie: Esto es lo que hay

Ayer circularon por Twitter -con gran repercusión- dos enlaces realmente escandalosos: uno, en el que se pone en cuestión la rectitud y la independencia (cuando menos de criterio) de una magistrada, y se ilustra esa afirmación con hechos ciertamente preocupantes cuya relación causa-efecto habría que determinar; otro, en el que se establecería cómo los mossos d’esquadra maniobran de modo que determinados detenidos vayan a parar a manos de la magistrada en cuestión (nunca mejor dicho: en cuestión) cuando su juzgado está de guardia.

Tiendo a creerme a pies juntillas el segundo, acreditado por la experiencia que tenemos de los señores estos con barretina y de su jefe en los últimos doce meses; los mossos d’esquadra, perfectamente jaleados por sus jefes técnicos y políticos, no sólo han derrumbado su imagen hasta niveles realmente alcantarillescos sino que han conducido a que se dé por buena de principio cualquier presunción luctuosa contra ellos y que hayan de ser ellos los que carguen con la prueba refutatoria. No debería ser así, no es bueno que sea así, pero lo cierto es que es así y que la culpa sólo es de ellos… y de Puig, por supuesto. Porque, además, las pruebas (pruebas-pruebas) que proliferan en su contra son absolutamente abrumadoras (basta un paseo por YouTube para obtener horas y horas de brutalidad policial rayana, cuando no directamente incursa, en lo delictivo). Es especialmente lamentable porque, hasta la primavera pasada, los mossos d’esquadra tenían una imagen excelente entre la ciudadanía catalana. Redobla su culpabilidad en la devastación de esa imagen el hecho de que los policías (los policías de verdad) consideren iguales y compañeros a los antidisturbios y se solidaricen con ellos. Los antidisturbios no son, ni para mí ni para la mayoría de los ciudadanos, policías. Es verdad que están en el mismo cuerpo, llevan el mismo uniforme, la misma chapa y todo lo demás, pero hay una difernecia enorme entre el policía que te socorre cuando eres víctima de un accidente o de una agresión, entre el policía de de verdad te protege y está al servicio de todos nosotros, que un fulano que se dedica a agredir y golpear ciudadanos y que, encima, disfruta como un enano haciéndolo, tal como es de ver en sus propios foros.

Sobre el primero quiero no creérmelo. Me cuesta mucho aceptar una tamaña prevaricación -parecería que, además, gratuita… ¿o tampoco?- de una magistrada. Supongo que en legítima defensa ideal e ideológica: si los jueces funcionan con estos parámetros, estamos perdidos. Completamente perdidos. Tanto que habría ya que plantear una ruptura de todo el sistema, de arriba a abajo. Con el tema del canon y de la propiedad intelectual arrugamos la nariz muchísimas veces con sentencias y autos ciertamente rocambolescos, pero lo atribuimos a la falta de formación tecnológica de los jueces y a los cursillos que les impartía (o les imparte aún) la $GAE. Y teníamos razón: la vuelta que ha dado la tortilla en los últimos años demuestra que, efectivamente ahí estaba el mal. Pero el caso que expone El Teleoperador es completamente distinto y, desde luego, los hechos en sí son suficientes como para exigir una investigación. Las dos cosas: lo de la juez y lo de los mossos. No sería coherente que se marcara a Garzón como se le ha marcado y a la señora en cuestión se la dejara limpia de polvo y paja sin una previa investigación a fondo de lo que está -o puede estar pasando- ahí.

Pero como sé que no habrá ninguna investigación ni sobre la magistrada ni sobre los mossos, dejaré la cosa así, contemplando cómo el sistema se va corroyendo en su propio óxido hasta que llegue… a ver hasta dónde llega.

Hay una segunda cosa que no me sorprende, pero cuya constatación siempre me llama la atención: ¿y la prensa convencional? ¿Por qué estos temas han tenido que ser destapados por blogs personales o por medios underground? ¿Por qué esa ley del silencio en los medios tradicionales?

Son preguntas retóricas, todos sabemos por qué: porque sus amos siguen empecinados en aquella estupidez, válida sin duda en otros tiempos, pero completamente desfasada ahora: aquello de lo que no se habla, no existe. Pues sí, existe. Porque ahora se habla de ello, aunque no sea en estos medios; medios que siguen teniendo una influencia cierta, que no voy a negar, pero que va en franco y pronunciado descenso: recordamos cómo a estas alturas de calendario, hace un año, ignoraban olímpicamente las convocatorias del 15-M y pudimos ver cómo la realidad nacida exclusivamente de la red y del cabreo cívico les daba un puntapié en los dientes. Y siguen sin aprender, siguen en esa falsa ilusión de que ellos controlan la información ¡Estúpidos!

Después, claro, montan muchos congresos, certámenes y cuchipandas de diversa índole a la búsqueda angustiosa de su lugar en el espacio, sin darse cuenta de que sus males no están en el formato, sino en el fondo. Buscan cómo prevalecer en la red, porque intuyen que el papel pierde influencia; pero no es el papel: es la simple pretensión de mantener esa influencia omnímoda sobre los flujos de información. Mientras pretendan continuar controlando lo que pasa y lo que no pasa, seguirán cayendo. Sobre todo porque los hechos les ponen en evidencia.

Por ejemplo, los medios convencionales de Cataluña (los de España, ya ni te cuento) han venido ignorando una campaña que empezó modestamente pero que ha alcanzado proporciones ya realmente importantes: el boicot a los peajes de las autopistas. Ahora, cuando ya está en boca de todos este boicot y su creciente seguimiento (tan creciente que el propio Govern ha tenido que reaccionar, mal, fatal, pero reaccionar) han empezado a dar tímidas noticias sobre el mismo, como si se tratara de un hecho anecdótico. Pero lo cierto es que los amos, los que controlan a las empresas del tinglado mediático, están cagados de miedo: primero por la extensión actual del conflicto que está empezando a alcanzar proporciones realmente grandes (cat) y, en segundo lugar, tratan desesperadamente de minimizar todo ese movimiento, porque está convocado un acto de insumisión masiva para mañana martes, de regreso del puente, que podría dar lugar a atascos tan monumentales como ¡ay! indisimulables. Lo cierto es que se han formado ya colectivos para organizar la protesta y para defender a quienes la sigan de la agresión de -nuevamente- Puig, que amenaza con multas basadas en oscuros -e ilegales- decretos de tiempos de Franco.

Mientras los medios de comunicación convencionales sigan desempeñando este cutre y sucio papel, ya pueden ir organizando congresos sobre el futuro de las empresas periodísticas (que no del periodismo, la recta visión del cual sí tiene mucho futuro) y ya pueden ir menospreciando el no sé si bien o mal llamado periodismo ciudadano porque, pueden ponerse como quieran los Cebrián y compañía, pero ese periodismo ciudadano es el único farol al que podemos agarrarnos los que queremos enterarnos de lo que verdaderamente pasa, más allá de las manipulaciones de las empresas mediáticas.

Y, como diría Vodanovic, deja que los perros ladren.

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Comentarios

  • Nish  On 30/04/2012 at .

    Los dos primeros links (ya) no existen. Error o sospechosa coincidencia?

  • Javier Cuchí  On 30/04/2012 at .

    En el primer enlace no había problema, funciona correctamente; el segundo sí, el segundo tenía un error que ya está rectificado y ahora funciona también. Mil disculpas.

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