Monthly Archives: mayo 2012

Parió la abuela

De la serie: Correo ordinario

Eso mismo: como no era suficiente la que nos está cayendo, con todas las redes sociales apostando (simbólicamente) en innumerables porras sobre la fecha de la intervención del país, es decir, por su colonización por parte de Alemania, cosa que cada día parece más inminente, la propiedad intelectual da por el culo de nuevo. Vaya, justamente por ese lado que parecía, si no neutralizado, sí en prometedoras vías de ello, con aquel café de Víctor Domingo con Antón Reixa y con alguna otra señal como la renuncia por parte de la SGAE a recaudar en actos benéficos y su anunciada intención de revisar el asunto de las peluquerías (como escenificación, imagino, de otros establecimientos similares). Bueno, como en todo, siempre habrá quien piense que las cosas podrían ir mejor, y quien asegure que podrían ir peor. Yo, personalmente, tiendo más a lo segundo y, en la creencia de que, efectivamente, hay muchas cosas que mejorar y muchos entuertos que enderezar, tampoco puede pretenderse que en un par de semanas se arreglen cuestiones muy graves que llevaron a una guerra durísima que se ha prolongado durante casi nueve años (y eso por no mencionar otros quizá dos de tensión previa a las hostilidades). Además, tal como tenemos el ambiente, tampoco podemos pedir al Gobierno que se tome este tema como una prioridad: lo cierto es que, ni para bien ni para mal, se puede estar ahora por esta cuestión; sin renunciar a que se aborde, por supuesto, y que se aborde bien, pero sin exigir urgencias que ahora no proceden.

Sin embargo, hay quien tiene otras prioridades, quizá porque su personal bolsillo le va en ello y, así, una tal Kira Álvarez, portavoz, factotum o testaferro del lobby de la industria norteamericana del ocio, aunque con cargo oficial en la embajada norteamericana y pasaporte diplomático (que harían especialmente inconvenientes sus declaraciones) se entromete en asuntos internos de nuestro país y pontifica sobre cómo tienen los fiscales españoles que desempeñar sus funciones e interpretar nuestro Derecho.

Vaya, que cada día nos parecemos más a una casa de putas macarreada por una mafia rumana: la Merkel toma posesión del BOE y la Oficina norteamericana de Comercio se hace cargo de la Fiscalía General del Estado. Además, no te lo pierdas: allí estaban Teresa Lizaranzu, directora general de Política e Industrias Culturales y presidenta de la Comisión Sinde-Wert, Ramón Arjona, secretario de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación, y Víctor Calvo-Sotelo, secretario de Estado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, jaleándola. Ele la grasia, sí señor, así se pisa, con do cohone. No me extraña, en definitiva, que al final se nos ponga chulo hasta el guindilla gibraltareño, si esto es la casa de tócame Roque.

Cabe esperar -Virgencita, que me quede como estoy- que las mismas razones que no permiten al Gobierno avanzar por el buen camino en esta materia, impidan, a su vez, lo contrario. O quizá quepa esperar y desear que sí, que Rajoy y su banda sean tan torpes como para prestar oídos a la Kira (joder, es que tiene nombre de cantante de Eurovisión, la tía) porque visto, gracias a la ley Sinde-Wert (cuando sólo era ley Sinde) que la población es especialmente sensible a las putadas en materia de propiedad intelectual, más que a otras putadas de calibre mucho mayor (cuando menos, a corto o medio plazo), una estupidez gubernamental en esta materia podría dar lugar al estallido que tanto estamos necesitando y no precisamente por la propiedad intelectual.

En realidad y siempre sin salir de este tema, cabe esperar que la torpeza gubernamental no se produzca porque podría enturbiar muy seriamente un proceso, apenas en estado larvario, que podría llegar a ser muy provechoso y solucionarle incluso al Gobierno (cualquiera que sea su color a cada momento) papeletas muy complicadas. ¿O quizá…? ¿No podría ser que se tratara de esto? Porque, claro, si los ciudadanos llegamos a entendernos con los autores (como creo que es necesario e inevitable), es evidente que todos apuntaríamos nuestros radares de tiro contra el verdadero foco del problema: la industria a la que representa la Álvarez. Por eso no sería nada sorprendente que el proceso de entendimiento entre ciudadanos y autores (que sólo está empezando y que va a ser largo y muy complejo) recibiera fuego graneado precisamente desde el lobby apropiacionista.

Digo «apropiacionista» con más propiedad que nunca, porque lo cierto es que la industria no produce nada, se limita a apropiarse de lo que sí verdaderamente producen unos (los autores) para esquilmar a otros (los ciudadanos) dejándoles a aquéllos unas migajas infectas. O sea, casi como hace Mordor

La guerra entre autores e internautas ha restado muchas energías a ambas partes, energías que habrían podido dedicarse a frentes que ambos tenemos abiertos: el insuficiente y nada equitativo reparto del valor generado por su trabajo, los autores, y los abusos por parte de las telecos y los ukases liberticidas desde el sector gubernamental que estamos sufriendo los internautas. Cuando se dice que las guerras no benefician a nadie, no se habla por hablar, y los pasos, aún cortos e incipientes que se están dando ahora, podrían haberse dado en el 2003 (o incluso antes, en el 2001, que fue cuando empezó a correr el rumor de que iba a imponerse un canon sobre los soportes digitales), con lo que habríamos ganado muchísimo tiempo y no habríamos desperdiciado una enorme cantidad de medios y de energías. Pero en el 2003 estaba al mando de la $GAE Teddy Bautista, un individuo prepotente (entre otras cosas que ahora ya son del dominio público), que no supo valorar a quien tenía enfrente (lo cual habla de su calidad profesional como gestor) y que inició una guerra donde hubiera podido conseguir un arreglo muy fácilmente. Habrá que recordar que la Asociación de Internautas e Hispalinux (los primeros combatientes del lado cívico: todos los demás, bienvenidos y bienhallados, estupendo, pero llegaron después y, algunos, muchísimo después) siempre, siempre, siempre, pedimos negociar esta cuestión, pedimos negociar con la $GAE y pedimos negociar con el Gobierno. Hablando de prepotentes, pueden tomar nota los necios de turno del PP y del PSOE, que ignoraron olímpicamente el problema -o cedieron ante presiones espúreas- hasta que los ciudadnaos nos echamos materialmente a la calle, pero entonces ya había muchas otras cosas añadidas a la protesta inicial, que quedaba incluso ínfima al lado de las demás.

La guerra entre ciudadanos y autores era contra natura. La guerra de ciudadanos y autores contra el apropiacionismo de una industria decadente y retrógrada va a estar ya más integrada en la normalidad. Costará, sin duda, muchos esfuerzos, muchos disgustos, quizá costes y sacrificios, pero ya no será una guerra civil, sino una guerra de legítima defensa. Una guerra, en definitiva, justa. Tenemos que consagrarnos, pues, a que esta alianza ciudadana no pueda ser atacada desde el exterior y para que esto no ocurra, ambas partes, internautas y autores, vamos a tener que armarnos de paciencia, vamos a tener que tragarnos muchos sapos y, dentro de lo racional, lo proporcional y lo razonable, vamos a tener que poner a prueba nuestra capacidad de renuncia y de concesión. Ambas partes.

Y que vaya diciendo idioteces la abuela.

El IVº Reich

De la serie: Esto es lo que hay

Vista con perspectiva, más allá de todos los dramas humanos (que ya es ir más allá), una pequeña parte de los cuales describo en el post anterior, la devastación que ha causado el nazismo financiero en Europa (y en muchos más lugares, pero quedémonos hoy en Europa) adquiere proporciones de catástrofe generacional, de auténtica entidad histórica. Porque los nuevos nazis se han cargado ya, así, en pretérito perfecto, el trabajo y el esfuerzo de dos generaciones y las ilusiones de una tercera. Y aún no se les ha parado los pies. El genocidio más brutal después de 1945, e insisto en recordar que sólo estoy hablando de Europa.

En efecto, sobre las ruinas de una guerra que arrasó con todo (incluyo nuestra guerra civil, que no fue sino la introducción de la otra más grande que vino inmediatamente después) los supervivientes, dolientes y lacerados, se pusieron a trabajar, y se pusieron a trabajar, como quien dice, reciclando ladrillos. Todas las infraestructuras estaban destrozadas, los medios de transporte eran escasos y precarios, la industria estaba arruinada por los bombardeos de unos y de otros. Hubo que empezar desde cero.

Se empezó de modos distintos: en la Europa atlántica, vencedores y vencidos trabajaron juntos, hombro con hombro, una vez se pasó a los vencidos la factura moral, que fue durísima (la factura material habría de esperar a que pudieran pagarla, pero se les pasó igualmente, de forma inmisericorde); en la Europa oriental y Eurasia, donde la guerra había consumado el plato fuerte de la masacre humana, además de la material, el comunismo soviético hizo rancho aparte y se buscó la vida por su cuenta, con una organización político-social distinta, bajo una filosofía distinta y con resultados, consecuentemente, distintos.

Esta polarización oriente/occidente fue determinante en la organización social y económica del mundo atlántico: con una Norteamérica pujante en el new deal que impulsara Roosevelt y que, a cambio de trescientos mil jóvenes muertos, había hecho el gran negocio con la guerra y se disponía a multiplicarlo con la posguerra, el único peligro era el atractivo de un supuesto paraíso proletario como el que mostraba la muy eficaz propaganda soviética vehiculizada a través de los partidos comunistas euroccidentales. Hubo, pues, que trabajar dos caminos: uno, la creación de un auténtico paraíso proletario en Europa occidental sustentado en lo que hoy conocemos estado del bienestar; otro, la creación de un paraíso democrático que cerrara el paso (código penal en mano) a un eventual resurgir del fascismo genérico y dejara a la intemperie a los partidos comunistas del entorno occidental los cuales, efectivamente, tuvieron que reconvertirse a partir de finales de la década de los cincuenta, llevando un poco más allá la crítica kruschevista al estalinismo, hasta desvincularse casi completamente del aliento soviético.

Y la cosa funcionó. Nuestros abuelos, primero, y nuestros padres, después, (éstos en mejores condiciones de partida que aquellos, lógicamente) edificaron sociedades verdaderamente opulentas hasta el punto de casi terminar con la estructura de clases tal como se habían entendido tradicionalmente. Efectivamente, coger los trasnochados textos marxistas y leer sobre las explotadas clases proletarias viendo a los trabajadores de Volkswagen, Siemens e incluso, uno o dos peldaños más abajo (pero no muchos más) a los de las españolas SEAT, RENFE o Telefónica, con viviendas en propiedad, automóvil, un mes de vacaciones pagadas, alimentación abundante, vestuario de calidad y variado, acceso a ciertos bienes suntuarios (electrodomésticos, joyería, etc.) e incluso, segundas residencias, producía explosiones de risa; como risa producía también la imagen de las oscuras e insalubres fábricas descritas por los padres del marxismo, viendo los centros de trabajo modernos, luminosos, limpios y climatizados de la industria occidental. El resto, se aseguraba sobre tres patas: sanidad, educación y jubilación, todo ello público, de calidad y con el objetivo de que ninguna contrariedad vital supusiera exclusión económica y mantuviera al ciudadano dentro de unos mínimos circuitos de consumo. En definitiva, Europa se constituyó en una inmensa monoestructura social de clase media: se podía, a lo sumo, hablar de clase media baja o de clase media alta, pero siempre con unos mínimos razonablemente altos; y el proletariado, en su clásica acepción, había sido minimizado en ínfimas bolsas de estadísticamente inevitable marginalidad hasta su práctica desaparición.

Pero en la década de los ochenta, el mundo soviético colapsó. Colapsó económicamente y, obviamente, también inició su colapso político. Entonces no nos dimos cuenta, pero resultó que no se caía una referencia para los trabajadores occidentales, sino una referencia para el capitalismo. La fotografía del cadáver soviético supuso el fin, más allá de toda duda, de cualquier idea de paraíso proletario. Y finiquitado el paraíso proletario rojo, no tenía ya sentido, para el capitalismo, el paraíso proletario occidental. Las clases medias ya no teníamos enemigo del capitalismo al que agarrarnos si éste nos fallaba. De modo que el capitalismo se subió a una potente moto y aceleró a fondo.

En un proceso relativamente lento de treinta años, empezó a quebrar la seguridad en el trabajo, empezaron a regatearse prestaciones y derechos sociales, los sindicatos (que ya hasta entonces habían sido simplemente extemporáneos) pasaron a ser, redondamente, comprados y se inició, al principio como un leve goteo, un claro retroceso. Ronald Reagan y Margaret Thatcher fueron los primeros camisas pardas del neonazismo financiero, sus palanganeros fundacionales, a brazo alzado ante la bibliografía de Milton Friedman convertida en el nuevo Mein Kampf.

Paralelamente, el paraíso democrático fue decayendo en la misma proporción y del mismo modo: se acerrojó la clase polítca (lo que hoy llamamos la Casta) en unos partidos políticos rígidos y herméticos, inasequibles desde el exterior (salvo para los panolis que quisieran ingresar en sus sótanos como carne de cañón pegacarteles) y, al igual que los sindicatos, financiados por el entorno nazi financiero. Y los ciudadanos emprendimos, en pendiente inicialmente suave pero que progresivamente se ha ido acentuando, el camino hacia la simple categoría de súbditos, de súbditos obedientes al führer, un führer que no iba a ser en esta ocasión un señor identificable y ubicable, sino una nebulosa de intereses corporativos, pero no menos ciertos, no menos patentes, que el viejo cabo del bigotito. Nuestros derechos democráticos no fueron, exteriormente, suprimidos; simplemente, se les vació de contenido: convertidos los partidos en estructuras burocráticas al servicio del führer, el color de nuestro voto pasaba a ser un asunto puramente decorativo. Para empezar.

Los últimos años nos han traído un proceso de lo que podríamos llamar corporativización pública. La corporativización pública (es una frase que me acabo de inventar, no corráis a Google) no consiste en un simple privatización de servicios públicos, es mucho más y mucho peor: la corporativización pública es una auténtica feudalización social disfrazada con tecnología siglo XXI. Se basa en el derecho que se ha tomado el nazismo financiero en el poder a ser retribuido per se, sin más. Es decir, ha transformado el derecho de los estados a recaudar impuestos para financiar el gasto público en derecho del entramado financiero a recaudar para financiar su propio beneficio y su propio poder.

Ya teníamos una pista, sencilla y básica, pero ilustrativa, en estos últimos años cuando veíamos cómo, con la complicidad de los partidos políticos, las corporaciones privadas nos esquilmaban con los precios de unos servicios de calidad nefasta y que, además, se veían favorecidos con la presunción de derecho al cobro, es decir, que nos podían imponer esos servicios -y, obviamente, cobrarlos- sin ni siquiera haber sido contratados por nosotros; todo ello adobado con una abundancia de monopolios y oligopolios de facto que contradecía frontalmente con los principios presuntamente liberales de libre mercado. Pero no: el poder siempre es, intrínsecamente, un numerus clausus frente al cual no hay libre concurrencia posible.

El penúltimo peldaño lo estamos viviendo ahora: tramaron una estafa de dimensiones colosales, de proporciones asimismo históricas, tendente a dos objetivos: desposeer a los más débiles (ampliándose cada vez más los integrantes del sector de los más débiles) y descapitalizar totalmente a los estados, poniendo todo el valor económico en manos de corporaciones privadas (y muy privadas). Y, como consecuencia (aquí, la famosa doctrina del shock funciona a pleno rendimiento), una neoproletarización generalizada con las masas sin otra ocupación posible que la de rastrear las pocas migajas que puedan encontrar en un intento, muchas veces vano, de alimentarse. Recordemos que las masas empobrecidas nunca han sido levantiscas: las revoluciones siempre las han llevado a cabo los burgueses, ergo, liquidada la burguesía, es decir, la clase media, liquidado el peligro.

En estas estamos. El nuevo Hitler ya ha ocupado el poder, si bien aún tiene la triste y escasa limitación de un Hindemburg titubeante. El próximo paso será liquidar la república (la república virtual, que nadie se haga ilusiones tricolores) e imponer el Reich. Y, a continuación, el exterminio. Para cuando nos demos cuenta de toda esta historia, para cuando queramos reaccionar, para cuando constatemos lo que nos han robado y cómo nos lo han robado, ya llevaremos el pijama a rayas y el tatuaje en el brazo.

Únicamente puede salvarnos la plena consciencia de que Mauthausen no hubiera existido si en 1933 hubiera habido paracaidistas israelíes. Y actuar en consecuencia. Creo que el punto de inflexión lo estamos viviendo ahora mismo: salvación o ruina definitiva.

Nosotros mismos.

Nüremberg financiero

De la serie: Esto es lo que hay

Enciende uno la radio por la mañana y ya es recurrente desde hace ya algo más que meses: la crisis, la crisis, la crisis. Obviamente, las noticias nunca son buenas y, también obviamente, me pregunto si eso es casual (la doctrina del shock, ya sabéis). Entra en Internet, echa un vistazo a la prensa papelera en su versión digital, e ídem del lienzo, con una unidad en el hilo argumental pasmosa.

Hemos estirado más el brazo que la manga, nos dicen. Bueno, sí, algunos hemos sido un poco más prudentes que otros, pero de los imprudentes, muchos eran más bien ignorantes, gente que no aspiraba a nada extraordinario, a nada que muchos millones de españoles normalitos y corrientitos, currantes molientes, no tuviéramos: una vivienda; el precio de la vivienda era brutal, enorme, pero un montón de sicarios, a sueldo de mafias temibles (mucho peores de las que salen en las películas), les convencían de que no, de que el león no era tan fiero y de que, hombre, si estamos todos atando los perros con longanizas, firme aquí y no sea panoli, ande. Es verdad, que también hubo gilipollas que se compraron cochazos, que iban de pelotazo en pelotazo (en el viejo sentido de la palabra, en el de tapar un agujero abriendo otro más gordo aún) como si el método no fuera a colapsar nunca, como si ellos no fueran tan pringados -quizá más- que el presunto desgraciado con sesenta caballos menos y con un eje tractor menos también. Sí, hubo imprudentes de buena fe y hubo imprudentes gilipollas, pero es igual, porque la factura también hemos acabado pagándola los que no fuimos imprudentes, con lo que me pregunto si no habremos ingresado, por el mismo prudentísimo precio, en el poco selecto y nada restringido club de los tontos del culo.

Pero todos los imprudentes que en el país hayan sido, cualquiera que sea su facción, no justifican esa salvajada de cifras en rescates y en regalitos a la banca. Aquí ha habido algo más, mucho más y muy gordo.

Hablas con un determinado amigo… Mi mujer, te dice, trabaja en barrios muy marginales y la pobreza está llegando a extremos espeluznantes. Está volviendo a extenderse la heroína. Quizá los más jóvenes no recuerden lo que hizo la heroína en los sectores más marginales, quizá no recuerden cómo destrozaba a la gente, quizá no recuerden cómo en los años 90 los heroinómanos morían por centenares al año, que mientras aquí se celebraban las fastuosas olimpiadas, la gente caía como moscas como quien dice al pie mismo del Estadi Olímpic, quizá no sepan que el problema de la heroína se terminó por pura y simple extinción física (muerte, para entendernos) del personal consumidor. En su práctica totalidad. Con contadísimas excepciones que pudieron escapar a tiempo pero que aún acarrean las consecuencias de aquella bestialidad.

Y otro día comentas con otro amigo o compañero o lo que sea, que las cifras de suicidios (comentario que parece prohibido en todos los medios de comunicación) se han disparado a partir de 2007.

Sí se ha hecho público que uno de cada cuatro niños vive en la pobreza, y que algunos niños sólo comen lo que comen en el colegio y de ahí y por ahí que sea especialmente dramática la restricción de las ayudas de comedor escolar.

Jubilados beneficiarios de la alegría de pensiones de que se goza en este país que tienen que mantener a sus hijos, a las parejas de sus hijos y, a veces, incluso a los nietos, repartiéndose como pueden una triste pensión, por no hablar de cuando se trata de la miseria entre las miserias: una pensión no contributiva. En mi comunidad de vecinos hay jubilados que no han podido afrontar su cuota en unas obras necesarias porque están ayudando económicamente a sus hijos, casados y con hijos, y con edades de profesional consolidado, no teorizo.

En fin, podría estar hablando hasta la saciedad de desgracias de todo tipo, de las que salen en los periódicos y de las que, encima, se ven reducidas al silencio y a la ocultación. Luego, claro, pasa lo que en Londres este verano y entonces resulta que son violentos, antisistema y no sé qué más. Lo que yo me pregunto es cómo se puede no ser antisistema cuando el sistema está formado por la colección de sinvergüenzas, de falsarios, de ladrones, de estafadores, de atracadores y de hijos de la gran puta más grande que hayan visto los tiempos.

Si no es ilustrativo el hecho de que, con la que está cayendo y con lo que estamos sabiendo a cada día que pasa, y con lo que no sabemos pero que, muy legítimamente, sospechamos, no haya ni un sólo imputado más allá de cositas que, visto el volumen que ha alcanzado la tomadura de pelo, no son más que chuminadas, que el chocolate del loro, ya me dirá alguien qué es lo ilustrativo y lo sustancial. Los casos Palma Arena (con su Urdangarín y todo) y el caso Gürtel, que en circunstancias normales deberían haber sacudido los cimientos del sistema, apenas son ya un pretexto, respectivamente, para que los republicanos ondeen la tricolor y para que Ignacio Escolar le dé carraca a su blog, porque al lado de la enormidad que tenemos encima (Bankia, el ejemplo de moda, pero sólo es un ejemplo, la cosa llega mucho más lejos y mucho más hondo), Palma Arena y Gürtel son pequeños timos de periódico de sucesos.

Estaba corriendo estos días por las redes sociales un grito vindicativo, pero que yo creo que debería convertirse en una exigencia estructurada: Nüremberg financiero. Y la comparación con el tribunal que dio con la jerarquía nazi en la soga es muy apropiada, porque Nüremberg, conllevó varios efectos: creó doctrina penal estableciendo una nueva modalidad de actos punibles (el genocidio) y creó doctrina social llevando a la ideología condenada al total y absoluto anatema político. Creo que un Nüremberg financiero debiera responder a esos dos objetivos, aparte, obviamente, de las consecuencias penales para los individuos que deberían ser procesados. Que son muchos. Conviene no olvidar que Nüremberg no fue un sólo juicio: hubo uno grande, sonado, el que todo el mundo conoce, pero después, en segundo y tercer plano, hubo muchos otros (que asimismo llevaron a mucha gente a la horca) dedicados a los dirigentes de diversos grados de jerarquía.

Tenemos que empezar a considerar que el nazismo financiero ha cometido crímenes contra la humanidad horrendos, que van mucho más allá de la inmensa estafa que han hecho a los europeos (no siendo ésta moco de pavo) y que, sobre los tremendos daños que han causado a los sectores más débiles de las poblaciones europeas, están las atrocidades que han cometido, que están cometiendo en toda África y en parte de Asia y de América del Sur. Hay que poner esto en negro sobre blanco y hay que meter entre rejas -y por muchos años- a miles -sí, sí: miles- de cabrones.

Hay que aplicarles a ellos la doctrina del shock, de tal modo que los mindundis que lleguen a salir más o menos indemnes de la depuración se avergüencen de haber sido kapos en estos particulares campos de concentración que ellos mismos han montado, tenemos que conseguir que la expresión poder financiero sea vista con la misma ominosidad que las imágenes de huestes hitlerianas quemando libros o descerrajando tiros en la nuca junto a fosas abiertas y ya llenas de cadáveres, pero al mismo tiempo que constituyan historia irrepetible, al menos en esas proporciones (ojo, que se ha visto lo que se ha visto en la ex-Yogoslavia y se ve lo que se ve en Siria, en Abu Graib y en Guantánamo).

Urge, pues, abrir una causa general, constituir en delitos los abusos antisociales de la especulación financiera y empezar a llenar de nombres y de pruebas los pliegos de acusaciones. Que hay nombres y pruebas como para llenar muchísimos pliegos de acusaciones.

Sólo cuando el poder financiero desencadenado haya sido reducido a prisión y vergüenza eterna, podremos decir que hemos entrado plenamente en el siglo XXI.

Actualización y rectificación: no sé por qué, escribía tan tranquilo «Nühremberg» así, con hache intercalada, pero me acaban de llamar la atención al respecto y resulta que la tal hache es un ingrediente adicional que me he sacado yo de la manga. Así que corregido: es Nüremberg. Gracias Bárbara Román @abogadopenal

Aquí hi ha censura

De la serie: Rugidos

Y en catalán lo titulo para que me entiendan los… interesados. Porque la censura es siempre un oprobio y una vergüenza, pero cuando se practica sobre una televisión pública, que pagamos todos los ciudadanos, cuando esa televisión sólo es un instrumento de la Casta (de la muy específica y diferencial Casta catalana, en este caso) y de sus amos del poder financiero, entonces estamos ante una ominosidad.

Como para que su nacionalismo llegara a ser realidad: otra bandera, otra frontera, otro himno, pero más de lo mismo. Quizá muchísimo más de lo mismo, porque ya estamos viendo como las gasta nuestra Casta local. Y aún hay panolis que se los creen (mañana habrá un estadio de balonpatatrasera lleno de ellos).

Ayer se entregó el premio Català de l’Any que promueven «El Periódico» (dice que de Catalunya, pero bueno, digamos que del Grupo Z) y TV3 (dice que es la televisió de Catalunya pero digamos, más bien, que es la de CiU). No tengo nada que decir sobre el premiado, aunque creo que dentro y fuera del grupo candidato original había gente con más merecimiento (como así reconoció el propio galardonado) pero, bueno, es un hombre que tiene sus méritos y, a fin de cuentas, me da igual. En el entorno de este premio -digámoslo así-, hay uno paralelo dedicado a la extinta figura de Mercè Conesa, una periodista del medio promotor que se distinguió por su alineamiento con los desheredados. Este premio fue concedido este año a la Plataforma d’Afectats per la Hipoteca, ya sabéis, el núcleo solidario de ciudadanos que mediante la resistencia pacífica y la desobediencia civil han conseguido parar cerca de 200 desahucios en Cataluña y cuyo ejemplo se está propalando por todo el territorio español. Incómodo premiado, para una gala que iba a presenciar lo más florido y granado de la Casta y del poder financiero.

Naturalmente, la portavoz de ese colectivo, Ada Colau tomó la palabra. Y como ya es bastante que la Casta y el poder financiero se tengan que comer ese sapo bien masticadito, alguien decidió que semejante desayuno no debía ser puesto en conocimiento de la ciudadanía catalana, así que el discurso de Ada Colau desapareció de la retransmisión en directo (y dicen que no hay bucle, no) y de los repositorios en Internet.

Este es el sapo que se tuvieron que zampar sin patatas ni nada. Está en catalán, pero con subtítulos en castellano. Con todos vosotros, Ada Colau cantándole a la Casta y a los de las diversas caixas las verdades del barquero, allí mismo y en sus propias narices.

Y haced que corra, para ejemplo y escarmiento. Porque este discurso es digno de ser incluido en la causa general de lo que ya se está llamando Nühremberg financiero que estamos exigiendo muchísimos ciudadanos.

Akademy-es 2012

De la serie: Correo ordinario

He participado este fin de semana -como espectador, obviamente- en la Akademy-es 2012, que ha tenido lugar en Zaragoza. Una experiencia muy, muy interesante, porque nunca había tenido ocasión de ver en su salsa a una comunidad linuxera tan extremadamente técnica como esta. En algunas intervenciones me costó mucho seguir el hilo, y de alguna que otra no pude pillar absolutamente nada. Hay que tener en cuenta que puedo estar más o menos familiarizado con la programación, pero una cosa es tener cuatro nociones y media elementalísimas y haber hecho años ha algún juguetito con BASIC y alguna idiotez con HTML (además de haber hecho cursillos de esos que no sirven para nada de entorno VM-IBM: REXX y COBOL) y otra muy distinta, y a años luz, los niveles estratosféricos a los que funcionan los desarrollos de esos tíos.

Y digo tíos no sin cierta intención porque, como es desgraciadamente costumbre y mor en los ámbitos tecnológicos de cierta altura y, desde luego, en las comunidades Linux, las mujeres brillan por su escasa presencia cuando no, como en este caso, por su total ausencia. Esto, de acuerdo con todas las formulaciones igualitarias que son de necesaria y obligatoria ideología políticamente correcta, no tiene explicación clara (más allá de vaguedades sobre roles en la educación y tal) y lo cierto es que la escasez de mujeres (cuando no llana ausencia) en ámbitos técnicos es tan proverbial como inaudita.

Akademy-es es el congreso anual de la comunidad hispana de desarrollo del escritorio KDE. Como casi todos sabréis, Linux no tiene, como Window$ un escritorio propio, sino que tiene varios posibles que se desarrollan independientemente del kernel y de las distribuciones. Los más caracterizados y clásicos son Gnome, tenido como estándar de la facilidad y amabilidad para con el usuario, y KDE, convencionalmente el más osado, el que transmite al usuario mayor dominio sobre el sistema. Bien, como todos los convencionalismos, tienen su parte de estricta verdad, su parte de exageración y su parte de leyenda. Y, por lo demás, existen -menos conocidos, pero en algunos casos, excelentes- muchísimos otros escritorios Linux. Sin embargo la importancia y el uso mayoritario -mejor expresado con la palabra masivo– de Gnome y de KDE son indudables.

Pero más que los detalles técnicos (básicamente ininteligibles para mí) sobre KDE y su desarrollo, me interesó conocer un poquito a esta comunidad y tratar de establecer sus dinámicas… cosa que, desgraciadamente, conseguí muy a medias. Muy a medias porque diagnosticar una comunidad en un sólo acontecimiento puntual y presencial es muy difícil: hay que estar en sus listas, seguir sus foros y hacerlo, además, durante un relativamente largo espacio de tiempo. Puedo decir, sí, que el foco nuclear de KDE España parece estar ubicado en Cataluña (obviamente, en Barcelona como punto principal) o, por lo menos, de Cataluña venían los que, en esta edición -no puedo hablar de otras- llevaron el peso de las jornadas. De todos modos, sí que llegué a entender un poco sus esquemas comunitarios, la filosofía que los sostiene y algunos de los problemas que les aquejan (por ejemplo, los cazatalentos que se llevan a los buenos desarrolladores a proyectos que no son de KDE) y algunas de sus soluciones como un networking empresarial diseñado específicamente para ese tipo de problemáticas, buscando en él la participación de la PYME.

Una de las intervenciones que más me gustó (supongo que porque fue una de las que entendí) fue la de Baltasar Ortega, un educador usuario de KDE que le puso tanta pasión a este escritorio que, realmente, inoculaba ganas de llegar a casa e instalárselo.

Yo empecé a utilizar Linux con Mandrake (hoy aún Mandriva y mañana ya veremos) simultaneándolo con Window$ 98 porque con el dichoso winmodem era dificilísimo conectarse a internet con Linux. Pero ya Mandrake lo utilizaba con KDE. Después, casi a la vez que el router y la banda ancha (versión estrechísima), llegó Càtix, un proyecto catalán de origen municipal, ya abandonado hoy (desgraciadamente), al que le faltó el canto de un duro para inclinarme por el Linux only. Càtix funcionaba exclusivamente con KDE, cosa que ya me iba bien porque estaba habituado a este escritorio en Mandriva; pero en una evolución de Càtix, no conseguí instalarla en mi ordenador. No comprendíamos qué ocurría, incluso me puse en contacto con Miravete, su desarrollador, y no dio con la solución. Estuvimos con este tema durante quizá un par de semanas, mensaje va y mensaje viene, además de varias conversaciones telefónicas en plan haz esto, haz lo otro. No puedo quejarme -ni muchísimo menos- de la calidad, asistencia y la disposición de los chicos de Miravete, pero al final me cansé de estar así tanto como de darles tanta brasa por un problema individual y fue entonces cuando derivé a LinEx, con la que ya pasé, entonces sí, al anhelado Linux only, que funcionaba con un Gnome maquillado con motivos extremeños. De ahí a Ubuntu y hasta hoy (con un breve paréntesis de Linux Mint que prefiero olvidar).

Pero me lo estoy planteando. La verdad es que KDE no era mal escritorio, pero, bueno, a no ser que fueras un superentendido capaz de trastear con lo más profundo de la madriguera del conejo linuxero sin causar un desastre total en el sistema, la verdad es que no aportaba gran cosa y Gnome era mucho más amigable. Pero este fin de semana me he dado cuenta de lo muchísimo que ha avanzado KDE, también en su usabilidad por usuarios comunes y corrientes, y, en cambio, ya hace tiempo que Ubuntu me trae muy encabronado con Unity. Que es verdad que no utilizo Unity para nada y manejo Ubuntu con Gnome 3, pero, ojo, tampoco es la séptima maravilla y hasta tiene detalles molestos, de modo que me pregunto si no tendré que volver a Gnome 2, porque cada día soporto menos la 3, y me contesto que, de todos modos, tampoco me voy a quedar en Gnome 2 para los restos. Así que, pese a la pereza de la migración y pese a tener que entrenar de nuevo a mis hijas venciendo previamente su resistencia, cosa que en la mayor veo muy crudo (ha salido a la madre), creo que está llegando la hora de hacer como el hijo pródigo y volver al KDE de mis orígenes linuxeros porque lo que he visto este fin de semana -no tanto en las charlas, que también, como en las máquinas que he visto allí- me ha dejado bastante convencido.

Voy a aguantar con Ubuntu y Gnome 3 hasta pasado el verano; dedicaré este tiempo a tratar de averiguar si Gnome está evolucionando hacia un punto más aceptable o sigue por esa línea que no me gusta nada y, si veo que la cosa no va bien, empezaré a pensar qué distro casa mejor con KDE y a ver si con la llegada de la fresca cambio también el vestuario linuxero.

Y por lo demás, qué voy a decir de una comunidad Linux: un entorno agradable, un simpático ambiente de camaradería y una actitud hacia los recién llegados francamente muy acogedora.

Unos estupendos y muy dignos cofrades de la orden de la camiseta negra 😉

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