Guau, guau

De la serie: Esto es lo que hay

Hace muchos años, tantos como ocho, escribí un artículo durísimo contra ANESVAD (publicado en la página de la AI) por haber implicado al mundo internauta, así, en general y a saco, en el tráfico de pornografía infantil. Tres años después, el presidente de ANESVAD ingresaba en prisión provisional por haber andado mangoneando con los dineros de la asociación y, precisamente, buscando en Google documentos sobre la cuestión, me entero de que, justamente al cumplirse día por día el octavo año de mi artículo, el sujeto en cuestión fue condenado por la Audiencia Provincial de Bizkaia, el pasado día 25 de abril, a seis años de cárcel por haber levantado 7,5 milloncetes de euros (la sentencia, advierto, no es aún firme: cabe recurso de casación).

Sobre esas fechas, también me cisqué -ahí sí, con harto dolor de corazón- en Intermón-Oxfam, que se prestó a participar en aquel igonominioso Fòrum Internacional de les Cultures que el funesto Clos usó como tapadera para montar una de las más sonadas operaciones de especulación urbanística de la Barcelona postolímpica. Y no se lo he perdonado (a Intermón; a Clos, ni que decir tiene).

El pasado año, el heredero de Clos, el asaz nefasto Hereu, también quiso pillar su cuotita de cacho de posteridad (como mínimo, de posteridad) y también preparó una pirula de mucho cuidado en la Diagonal, pirula que los ciudadanos le desactivamos con feroz y mayoritario entusiasmo, antes de propinarle en las posaderas un puntapié de cuarenta megatones. Pues, bien, como ya recordé en estas mismas páginas, Greenpeace tuvo la alucinante y no menos inaudita desfachatez de apoyar el proyecto hereuístico de la Diagonal, sus dirigentes sabrán por qué (nunca lo han explicado). Todavía puede verse lo que enviaron a sus socios y abonados de correo electrónico. Realmente, me supo mal: siempre he mantenido una curiosa relación de amor y odio con Greenpeace (de la que, por otra parte, fui socio hasta aquel mismo día) y, en todo caso, siempre había profesado un gran respeto hacia esa entidad, incluso en sus gilipolleces (que las tenía y las sigue teniendo). Pero su alineación política -sigo pensando que por razones absolutamente inconfesables- fue algo que me pareció intolerable e inasumible.

Tras esta defección de Greenpeace, no me quedaba prácticamente nada que pelar en materia de ONGs. Ya era muy, muy escéptico sobre esa marabunta de ineficiencia y sólo guardaba respeto a las dos citadas, a Cáritas, a Médicos sin Fronteras y quizá, parcialmente, a Amnistía Internacional (muy parcialmente: las afinidades políticas que saca a relucir de cuando en cuando, me parecen sospechosísimas); pero después de lo de Greenpeace el mundo de las ONG murió para mí y hoy día no doy un céntimo para ninguna de ellas, ni regular ni ocasionalmente, y, a lo sumo, participo en las campañas de Amnistía Internacional contra la pena de muerte (sin afiliarme a la entidad, por supuesto) y compro muy de cuando en cuando, si me resulta especialmente interesante, algún libro editado o promovido por Intermón-Oxfam. Y punto: que no me hablen de ONGs ni de su santísima madre. De ninguna.

Pero, claro, aunque ya pases de las ONGs y de su fenomenología, hay veces que… Anoche, mientras cenábamos, estábamos viendo, vaya, más o menos escuchando de sonido de fondo, el telediario de TV3 y me pareció oir, así como al sesgo, que no sé qué ONGs habían ido al Círculo Ecuestre (un club de la jet set barcelonesa) a explicar no sé qué. Entre que no lo oí muy bien y que estaba interesado en una cosa que estaba explicando mi hija, no le di mayor importancia. Pero hoy lo veo en «El Periódico» y no es que yo oyera mal, no, es que la cosa es tan alucinante que es como para que uno crea que ha oído mal: resulta que representantes de Cáritas, Banc dels Aliments y Arrels Fundació, compuestitos, encorbataditos y bien vestiditos, como si fueran de boda, fueron al Círculo en cuestión a explicar a los oligarcas cómo funciona esto de la pobreza y de ser pobre.

Alucinante.

Sí, porque por el propio medio me entero de que la entidad esta tiene incluso una Comisión de Acción Social. No cuelgues. Y yo no sé si la reportera de «El Periódico» se cachondea del selecto colectivo, se cachondea de sus lectores o se cachondea de todo el mundo cuando, seriecita ella, recoge como si fuera de verdad la batallita de la esposa del notario o del cabeza de familia con piscina y barco que no puede costear los estudios de sus hijos.

Imagino, efectivamente, que los dirigentes de esos bancos que no paran de desahuciar a familias enteras a razón de decenas diarias (sólo en Barcelona, claro), de esas aseguradoras y establecimientos sanitarios privados que llevan años tratando de hacerse con el pastel de las pensiones y de la sanidad pública (obviamente, para dejarnos sin una cosa y sin la otra, pese a haberlas pagado religiosamente, so pretexto de cualquier crisis o de cualquier fiesta que nosotros no nos bebemos pero que, clara y religiosamente, pagamos también) y de todas estas familias benestants que tanto sufren, al decir del reportaje, organizarán rápidamente, como la Susanita de Mafalda, un banquete por todo lo alto para comprar fideos y tiendas de campaña a las familias que ponen en la calle y/o en la miseria cada día.

Qué manera de hacer el canelo, qué manera de agachar la testuz ante los poderosos y ante los pudientes (de los que no van a sacar, por otra parte, ni las migajas de la mesa), qué vergüenza ajena la mía viendo a estos dirigentes de ONG menear la colita delante del amo, a ver si cae un hueso, dame un duro, compañero.

Imagino que estarán un mes sin lavarse las manos después de haber sido estrechadas por tan altos y munificientes señores.

Qué vergüenza, qué vergüenza, qué puta vergüenza…

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