Conclusiones provisionales

De la serie: Esto es lo que hay

El «El País» de hoy, aparece una crónica de Marta Fernández Maeso en la que expone una serie de conclusiones sobre lo que han sido estos cuatro días #12M15M. Y, aunque yo matizaría algunas cosas (y cada cual, supongo, matizaría las suyas propias), me parece, como resumen o, si se quiere, como documento de principio para un debate, un artículo interesante y globalmente acertado. Ese resumen, en su máxima expresión, vendría a ser: se van concretando propuestas, pero se pierde la complicidad de la ciudadanía.

Lo de la complicidad de la ciudadanía cabe matizarlo: complicidad en lo que es el procedimiento de elaboración: está claro que, a la mayoría, esto de las asambleas no nos gusta; y a muchos, tampoco nos acaba de ir la propia estética con que se externalizan los distintos ámbitos del invento, aunque esto último ya es más personal y menos importante, pero lo cierto es que me desagrada la impresión de ver a gente en plan happening como vi el lunes, cuando, por la tarde, me acerqué a la plaza Catalunya. Quizá proyecto mi propio cartesianismo también sobre las apariencias: me gusta el orden y el método y me disgusta -a veces hasta la impugnación misma- incluso la simple apariencia de desorden y de dejadez, aún a sabiendas -como sé en algunos casos, si bien en no todos- que no constituyen un reflejo de la realidad. Pero, repito, esto de las apariencias es personal, aunque no debiera dejar de considerarse que somos legión quienes pensamos así.

Sin embargo, la complicidad, ampliamente considerada, no se ha perdido: los ciudadanos seguimos respondiendo masivamente a las manifestaciones y las diferencias de cifras que hubiera podido haber entre el 12-M de 2012 y el 15-M de 2011 no pueden apreciarse sin una buena lupa.

Y, bueno, pienso que eso no es necesariamente malo: tampoco puede pretenderse la presencia constante de grandes masas. La gran masa es necesaria en ocasiones puntuales, para apoyar el trabajo del pequeño grupo, que es el que funciona (lo cual, por cierto, desmiente la bondad del procedimiento asambleario masivo). Nunca han sido las grandes masas las que han llevado adelante a la Humanidad sino pequeñas élites que han corrido con el esfuerzo y con el sacrificio. Si realmente esas élites son democráticas, es decir, lo son en su propio funcionamiento interno (ahí, sí, el petit comité sí puede ser, digamos, asambleario e igualitario) y se alimentan de la adhesión ciudadana, se está en el buen camino. Por eso, supongo, han funcionado inventos como el movimiento antidesahucios y, por eso, supongo también, con la autora del artículo de «El País», que surgirán más inventos que irán paulatinamente convirtiéndose en proyectos verdaderamente serios y plausibles. Los que apuntan ahora mismo, como la campaña Desmontando Mentiras, son muy prometedores. Ah, la campaña Desmontando Mentiras, bien organizada, puede ser devastadora para el sistema, porque cuenta con la gran herramienta de la Red y cuenta, en ella, con multitudes ansiosas por reproducir a toda la rosa de los vientos, en todos los idiomas, el yo no soy tonto, el yo no soy tonto de verdad, no el del anuncio creado precisamente para tontos. Creo que es por ahí por donde hay que llevar al ciudadano: al trabajo en [pequeño] grupo y recordemos que nadie defiende mejor una obra que su autor.

Pero, de todos modos, sigue estando pendiente -si se quiere mantener, aunque sea puntualmente, para dos o tres ocasiones al año- la formulación de grandes propuestas capaces de mover voluntades en masa. Lo decía aquí mismo hace dos días: con formulaciones nebulosas y generalizadoras, las grandes masas cívicas irán perdiendo razones para la adhesión. Hay que amalgamar correctamente la gran propuesta, la gran consigna que moviliza masas, con la pequeña propuesta, con la constelación de pequeños proyectos que movilizan multitud de pequeños grupos altamente operativos.

Me gusta mucho, también, la tendencia a la desobediencia civil, porque es, creo, la forma idónea de radicalizar el 15-M sin dejar paso a la violencia que he propugnado aquí varias veces. Lo único que ocurre -pero ya estarán en ello, supongo y espero- es que la desobediencia civil puede ser mediáticamente manipulada y hay que articular, en cada caso, de forma rápida e incisiva recursos mediáticos que contrarresten al sistema. Recordemos cómo la petardez gubernativa ha asociado la desobediencia civil con el extremismo político y con una suerte de quasiterrorismo: eso hay que atajarlo rápido porque si no se corta bien y a tiempo, puede llevar desazón sobre todo al sector de más edad de la ciudadanía, que todavía recuerda referencias muy macabras… Pero la desobediencia civil es un recurso al que le tienen terror y como muestra, el intento -que yo creo que consumarán, los muy bandidos- de incluir en el código penal las conductas de desobediencia civil o la rapidez en mover el culo -aunque no cabe esperar grandes resultados- ante la insumisión autopistera en Cataluña. Sin embargo, esa desobediencia civil no puede quedarse ahí, en hechos aislados más o menos concatenados, sino que hay que concretarla también: hay que terminar con esa paz social de muertos vivientes que nos están imponiendo a puro golpe de miedo, hay que incrustarle al enemigo la idea de que sólo hay paz social con seguridad social (y daos cuenta de que lo escribo con minúsculas) y, por tanto, hay que meterse en el mundo de la empresa y meterse con procedimientos propios, ya que los sindicatos están momificados y esclerotizados, cuando no vendidos al enemigo (del que cobran, que no se rasguen tanto las vestiduras). Quizá la infiltración empresa a empresa de un sindicalismo verdaderamente independiente a cargo de guerrillas de sindicalistas independientes… pero necesitarían un importante apoyo exterior o serían fácilmente barridos. En fin, es ir dándole vueltas…

Bien, este #12M15M ha demostrado en sus manifestaciones masivas que sigue contando con apoyo masivo de la ciudadanía y que el 15-M 2011 no fué un estallido aislado; el trancurso de este año 2012 habrá de demostrar la viabilidad política de una gran variedad de proyectos y que los proyectos de éxito, como los grupos antidesahucio, no son, a su vez, casuales, sino fruto del trabajo y de la adhesión cívica a otra escala.

De modo que tendremos que ir todos levantando el culo de la silla y ver en qué podemos aportar un granito de arena, ver en qué podemos ser más útiles e ir haciéndolo ya. Ya dije que el vamos despacio porque vamos lejos no me convence; no porque no sea un planteamiento sabio, sino porque ya no es posible: las cosas están muy mal y van a peor de forma uniformemente acelerada, y el ir despacio puede provocar que muchos, demasiados, se queden -o nos quedemos- por el camino. No es tolerable y hay que pisar el acelerador.

Por mi parte, me pongo a buscar y a imaginar, pero, mientras tanto, si alguien tiene una buena sugerencia -una sugerencia concreta, con lugar fecha y hora, nada de generalidades en plan haz esto o podrías hacer lo otro- no caerá en saco roto. Soy bastante proactivo para los proyectos a los que creo que realmente puedo aportar algo y todavía podría arañar, siquiera, dos o tres horas semanales de aquí al verano. Si la cosa promete, después podrían ser aún más (yo me programo los años por cursos, no por ciclos solares).

Pero creo que esa es la actitud que debiéramos asumir todos porque los malos son pocos y cobardes, pero tienen muchísimo poder, gran abundancia de mercenarios armados (armados de porras y fusiles, pero también, y sobre todo, de boletines oficiales) y poquísimos escrúpulos, apenas ninguno.

Y lo que no hagamos nosotros, nadie, nadie, va a hacerlo por nosotros.

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