Preferentes… a la cola

De la serie: Esto es lo que hay

Hace muchos, muchísimos años -yo aún no era funcionario y ni siquiera imaginaba llegar a serlo- tuve un cliente que llegó tal día al despacho llorando -poco le faltaba para que fuera más que un decir- porque se había pillado los dedos con los famosos seguros de prima única.

Los seguros de prima única, como podéis leer aquí, fueron un producto que la Caixa -entre otras entidades- vendió muy bien por su opacidad fiscal, hasta que la Agencia Tributaria se cabreó y pidió las listas de los poseedores; la Caixa se negó y recurrió todas las sentencias adversas sistemáticamente, hasta que la cosa llegó al Tribunal Supremo y este dio carpetazo sentenciando a favor de Hacienda. La Caixa, entonces, tuvo que entregar las listas con lo que los que constaban en ella quedaron con el culo al aire, culo que fue debidamente pateado por las delegaciones de Hacienda correspondientes.

El tal cliente me decía que la Caixa lo había estafado, que le dijo que esa inversión no pagaba impuestos. Y yo le contesté sobre el siguiente tenor: en primer lugar, la Caixa defendió hasta el último cartucho judicial el anonimato de sus clientes y más no pudo hacer; en segundo lugar, no me creo que en la Caixa le dijeran que esta inversión no estaba sometida a tributación, sino que le dirían, más o menos sibilinamente, que Hacienda no se iba a enterar de que usted tenía su pastita metida ahí, y usted quiso entender que eso estaba libre de impuestos; pero usted sabe, igual que yo, que en este país, Hacienda tiene parte en cada una de nuestras pesetitas y salvo la lotería, el oro de la Cruz Roja, la ONCE y muy pocas y excepcionalísimas cosas más, pesetita que uno gana, comisión al Fisco que te crió. Así que aire, muchacho, que San Joderse cayó en tal día.

Ahora tenemos el asuntillo este de las participaciones preferentes y a mí me huele a algo parecido. Entendámoslo bien: a algo parecido en lo referente a entender lo que a uno le gusta entender no a lo fraudulento de la cuestión. Lo de las participaciones preferentes no iba -o no me parece que fuera- de timar a la Agencia Tributaria, así que la cosa parece algo más honorable, desde el punto de vista del perjudicado.

Porque, harto ya de escuchar tanto llanto y tanto drama (probablemente justificado, ojo) con las famosas preferentes, me pongo a buscar, y como quien busca encuentra, pues yo encuentro esto. Advierto y llamo la atención, como cuestión incidental previa, que el post de «El Blog Salmón» al que enlazo lleva fecha de 3 de junio de 2009, o sea que está escrito a mucha distancia del conflicto, por lo que no es arte ni parte en el mismo. Y leyéndolo, me fijo en los siguientes detalles: primero, que se trata de algo parecido a unas acciones, pero sin derechos políticos, es decir, no otorgan voz y voto en junta general de accionistas (cosa que al inversor, visto el perfil general de los beneficiarios, le importa tres pimientos); segundo, fija una rentabilidad anual que debe ser importante dado que… tercero, son títulos que se venden muy mal en el mercado secundario, bastante por debajo de su valor nominal; cuarto, ojo al dato, que el pago de los intereses se condiciona a la obtención de beneficios por parte de la emisora o a que ésta no deba afrontar nuevas inversiones (por ejemplo, cepillarse los beneficios y las reservas para aprovisionar miles de toneladas de ladrillo putrefacto tirado en el sótano); y quinto, su vencimiento es indefinido, reservándose el emisor la potestad de cancelación (o no), lo que implica tener la sartén por el mango.

En fin, cualquiera que vea esto tal como lo cuento en el párrafo anterior, que no es más que un resumen de lo que explica «El Blog Salmón» (no hay pedagogía adicional de mi cosecha) y que a mí me ha costado unos treinta segundos encontrar, arrugará la nariz y se lo pensará mucho antes de meter sus ahorrillos en algo así. ¿Qué pasó entonces? ¿Son tontos los inversores ahora defraudados? Hombre, yo no diría tanto, pero un punto imprudentes sí que lo son.

Es un fenómeno muy curioso de este país: la gente está enamorada del director de la oficina bancaria con la que opera, como puede estarlo de su médico o de su abogado. Muchísima gente sencilla, de esa que no se fía ni de la báscula de la pescadera y que echa media mañana para seleccionar un cuarto de kilo de peras porque no confía en las que le va a poner la dueña de la frutería, cree a pies juntillas en el director de la sucursal, un tío que no trabaja en interés del cliente sino en interés de la empresa a la que sirve, intereses que no sólo no suelen ser coincidentes sino que prácticamente siempre son contrapuestos. Siendo así, a cualquier comercial bancario, sólidamente avalado por el director de la oficina, le resulta facilísimo venderle la moto al incauto. Total, nada que Enrique Rubio no se hubiera desgañitado advirtiendo en sus tiempos.

Ya oigo al comercial o al propio director: «Bueno, don Pablo, sí que aquí pone que si las cosas van torcidas, podría usted no cobrar. ¡Pero hombre! ¿Usted cree que a este banco (o caja) le van a ir nunca las cosas torcidas?» Y el otro, que ve las libretas a plazo remuneradas al tres y casi nada por ciento, piensa que, claro, cómo le van a ir las cosas mal al banco (o caja).

Aquí podéis leer esta misma explicación, pero en intelectual, que por algo la escribe un docto profesor universitario.

Esto, en conclusión, nos enseña varias cosas: la primera, que los derechos del consumidor están en este país muy por debajo de mínimos racionales, aunque esto ya lo sabíamos, como sabemos que, en realidad, no somos tales consumidores, sino simplemente siervos contribuyentes de unas compañías feudales que se han arrogado la potestad, adquirida corrompiendo políticos, de esquilmarnos por la cara, sin más contraprestación que una vulgar simulación de prestación de servicios o de venta de bienes, que constituyen una agencia tributaria privada, paralela y completamente mafiosa; la segunda, que, contra toda lógica, que nos dice que, siendo así las cosas, habríamos de ser unos consumidores especialmente puntillosos y desconfiados, sobre todo cuando lo que arriesgamos tiene mucho valor (el crematístico y, sobre todo, el hecho de que es casi todo el valor del que disponemos) vamos de listos y de estar de vuelta de todo, y así nos la pegan por habernos querido ahorrar los honorarios (nada módicos, pero sí muchísimo más baratos que la catástrofe final) de un buen asesor financiero (que los hay, y no son el director de la oficina bancaria de al lado de casa).

No, los de las preferentes no han sido unos listos carentes de vergüenza como los de la prima única, pero sí que han sido unos incautos de marca mayor. Y ojo, que soy consciente de que diciendo esto, lanzo al aire un escupitajo que me puede caer en la boca: sobre el riesgo de que le tomen a uno el tupé, más vale no arrojar la primera piedra. Pero es cierto que hemos de ser muchísimo más críticos y bastante más exigentes a la hora de soltar la pasta.

Que parece que nos la regalen. Y no. A la gente honrada, no.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 16/05/2012 at .

    Bastante de acuerdo contigo, pero……
    Pero el otro día oía en la radio a una señora de 80 años que le quisieron meter esas preferentes en lugar de su plazo fijo de toda la vida…. La señora y el marido, jubilados gallegos de los que son refractarios a todo tipo de cambio, incluso de tamaño de bolla de pan, se niegan en redondo. Así que el comercial del banco les da a firmar el papel y les devuelve la funda de la libreta de plazo fijo…… con una libreta de participaciones preferentes dentro, que no ven hasta que llegan a casa o que no entienden porque para eso tienen 80 años y lo que ven en ella es el saldo….

    Ojo con las preferentes, porque me da que con las fusiones y la necesidad de capital, hubo bastante mala praxis. De hecho, estaba recomendado por el Banco de España (que ya es decir) no ofrecerlas a clientes sin cultura financiera.

  • Jordi  On 16/05/2012 at .

    Creo que ha habido una actitud directamente mafiosa de muchas entidades pero lo que dice Javier es cierto: para mucha gente, el Sr. Martínez o el Sr. Rovira de Caja Segura y Banco Estupendo son poco menos que familiares. Y no.

  • asmpredator  On 16/05/2012 at .

    Te puedo asegurar que a mi padre con 80 años, le robaron, si, robaron sus ahorros de una forma despreciable, deshonesta y mezquina con las primas preferentes haciéndole creer que eran como un plazo fijo.
    Estas entidades han caido muy bajo cuando necestian estafar a pobres abuelos para salir adelante, tiene suerte el mal nacido que le vendió el muerto a mi padre de que me cogieron a tiempo , la próxima vez prometo ser mas rápido.
    Ahora necesita hacer un prestamo sobre SU DINERO para disponer de él, dinero que LA CAIXA LE HA ROBADO con todo el descaro.

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