Akademy-es 2012

De la serie: Correo ordinario

He participado este fin de semana -como espectador, obviamente- en la Akademy-es 2012, que ha tenido lugar en Zaragoza. Una experiencia muy, muy interesante, porque nunca había tenido ocasión de ver en su salsa a una comunidad linuxera tan extremadamente técnica como esta. En algunas intervenciones me costó mucho seguir el hilo, y de alguna que otra no pude pillar absolutamente nada. Hay que tener en cuenta que puedo estar más o menos familiarizado con la programación, pero una cosa es tener cuatro nociones y media elementalísimas y haber hecho años ha algún juguetito con BASIC y alguna idiotez con HTML (además de haber hecho cursillos de esos que no sirven para nada de entorno VM-IBM: REXX y COBOL) y otra muy distinta, y a años luz, los niveles estratosféricos a los que funcionan los desarrollos de esos tíos.

Y digo tíos no sin cierta intención porque, como es desgraciadamente costumbre y mor en los ámbitos tecnológicos de cierta altura y, desde luego, en las comunidades Linux, las mujeres brillan por su escasa presencia cuando no, como en este caso, por su total ausencia. Esto, de acuerdo con todas las formulaciones igualitarias que son de necesaria y obligatoria ideología políticamente correcta, no tiene explicación clara (más allá de vaguedades sobre roles en la educación y tal) y lo cierto es que la escasez de mujeres (cuando no llana ausencia) en ámbitos técnicos es tan proverbial como inaudita.

Akademy-es es el congreso anual de la comunidad hispana de desarrollo del escritorio KDE. Como casi todos sabréis, Linux no tiene, como Window$ un escritorio propio, sino que tiene varios posibles que se desarrollan independientemente del kernel y de las distribuciones. Los más caracterizados y clásicos son Gnome, tenido como estándar de la facilidad y amabilidad para con el usuario, y KDE, convencionalmente el más osado, el que transmite al usuario mayor dominio sobre el sistema. Bien, como todos los convencionalismos, tienen su parte de estricta verdad, su parte de exageración y su parte de leyenda. Y, por lo demás, existen -menos conocidos, pero en algunos casos, excelentes- muchísimos otros escritorios Linux. Sin embargo la importancia y el uso mayoritario -mejor expresado con la palabra masivo– de Gnome y de KDE son indudables.

Pero más que los detalles técnicos (básicamente ininteligibles para mí) sobre KDE y su desarrollo, me interesó conocer un poquito a esta comunidad y tratar de establecer sus dinámicas… cosa que, desgraciadamente, conseguí muy a medias. Muy a medias porque diagnosticar una comunidad en un sólo acontecimiento puntual y presencial es muy difícil: hay que estar en sus listas, seguir sus foros y hacerlo, además, durante un relativamente largo espacio de tiempo. Puedo decir, sí, que el foco nuclear de KDE España parece estar ubicado en Cataluña (obviamente, en Barcelona como punto principal) o, por lo menos, de Cataluña venían los que, en esta edición -no puedo hablar de otras- llevaron el peso de las jornadas. De todos modos, sí que llegué a entender un poco sus esquemas comunitarios, la filosofía que los sostiene y algunos de los problemas que les aquejan (por ejemplo, los cazatalentos que se llevan a los buenos desarrolladores a proyectos que no son de KDE) y algunas de sus soluciones como un networking empresarial diseñado específicamente para ese tipo de problemáticas, buscando en él la participación de la PYME.

Una de las intervenciones que más me gustó (supongo que porque fue una de las que entendí) fue la de Baltasar Ortega, un educador usuario de KDE que le puso tanta pasión a este escritorio que, realmente, inoculaba ganas de llegar a casa e instalárselo.

Yo empecé a utilizar Linux con Mandrake (hoy aún Mandriva y mañana ya veremos) simultaneándolo con Window$ 98 porque con el dichoso winmodem era dificilísimo conectarse a internet con Linux. Pero ya Mandrake lo utilizaba con KDE. Después, casi a la vez que el router y la banda ancha (versión estrechísima), llegó Càtix, un proyecto catalán de origen municipal, ya abandonado hoy (desgraciadamente), al que le faltó el canto de un duro para inclinarme por el Linux only. Càtix funcionaba exclusivamente con KDE, cosa que ya me iba bien porque estaba habituado a este escritorio en Mandriva; pero en una evolución de Càtix, no conseguí instalarla en mi ordenador. No comprendíamos qué ocurría, incluso me puse en contacto con Miravete, su desarrollador, y no dio con la solución. Estuvimos con este tema durante quizá un par de semanas, mensaje va y mensaje viene, además de varias conversaciones telefónicas en plan haz esto, haz lo otro. No puedo quejarme -ni muchísimo menos- de la calidad, asistencia y la disposición de los chicos de Miravete, pero al final me cansé de estar así tanto como de darles tanta brasa por un problema individual y fue entonces cuando derivé a LinEx, con la que ya pasé, entonces sí, al anhelado Linux only, que funcionaba con un Gnome maquillado con motivos extremeños. De ahí a Ubuntu y hasta hoy (con un breve paréntesis de Linux Mint que prefiero olvidar).

Pero me lo estoy planteando. La verdad es que KDE no era mal escritorio, pero, bueno, a no ser que fueras un superentendido capaz de trastear con lo más profundo de la madriguera del conejo linuxero sin causar un desastre total en el sistema, la verdad es que no aportaba gran cosa y Gnome era mucho más amigable. Pero este fin de semana me he dado cuenta de lo muchísimo que ha avanzado KDE, también en su usabilidad por usuarios comunes y corrientes, y, en cambio, ya hace tiempo que Ubuntu me trae muy encabronado con Unity. Que es verdad que no utilizo Unity para nada y manejo Ubuntu con Gnome 3, pero, ojo, tampoco es la séptima maravilla y hasta tiene detalles molestos, de modo que me pregunto si no tendré que volver a Gnome 2, porque cada día soporto menos la 3, y me contesto que, de todos modos, tampoco me voy a quedar en Gnome 2 para los restos. Así que, pese a la pereza de la migración y pese a tener que entrenar de nuevo a mis hijas venciendo previamente su resistencia, cosa que en la mayor veo muy crudo (ha salido a la madre), creo que está llegando la hora de hacer como el hijo pródigo y volver al KDE de mis orígenes linuxeros porque lo que he visto este fin de semana -no tanto en las charlas, que también, como en las máquinas que he visto allí- me ha dejado bastante convencido.

Voy a aguantar con Ubuntu y Gnome 3 hasta pasado el verano; dedicaré este tiempo a tratar de averiguar si Gnome está evolucionando hacia un punto más aceptable o sigue por esa línea que no me gusta nada y, si veo que la cosa no va bien, empezaré a pensar qué distro casa mejor con KDE y a ver si con la llegada de la fresca cambio también el vestuario linuxero.

Y por lo demás, qué voy a decir de una comunidad Linux: un entorno agradable, un simpático ambiente de camaradería y una actitud hacia los recién llegados francamente muy acogedora.

Unos estupendos y muy dignos cofrades de la orden de la camiseta negra 😉

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