Nüremberg financiero

De la serie: Esto es lo que hay

Enciende uno la radio por la mañana y ya es recurrente desde hace ya algo más que meses: la crisis, la crisis, la crisis. Obviamente, las noticias nunca son buenas y, también obviamente, me pregunto si eso es casual (la doctrina del shock, ya sabéis). Entra en Internet, echa un vistazo a la prensa papelera en su versión digital, e ídem del lienzo, con una unidad en el hilo argumental pasmosa.

Hemos estirado más el brazo que la manga, nos dicen. Bueno, sí, algunos hemos sido un poco más prudentes que otros, pero de los imprudentes, muchos eran más bien ignorantes, gente que no aspiraba a nada extraordinario, a nada que muchos millones de españoles normalitos y corrientitos, currantes molientes, no tuviéramos: una vivienda; el precio de la vivienda era brutal, enorme, pero un montón de sicarios, a sueldo de mafias temibles (mucho peores de las que salen en las películas), les convencían de que no, de que el león no era tan fiero y de que, hombre, si estamos todos atando los perros con longanizas, firme aquí y no sea panoli, ande. Es verdad, que también hubo gilipollas que se compraron cochazos, que iban de pelotazo en pelotazo (en el viejo sentido de la palabra, en el de tapar un agujero abriendo otro más gordo aún) como si el método no fuera a colapsar nunca, como si ellos no fueran tan pringados -quizá más- que el presunto desgraciado con sesenta caballos menos y con un eje tractor menos también. Sí, hubo imprudentes de buena fe y hubo imprudentes gilipollas, pero es igual, porque la factura también hemos acabado pagándola los que no fuimos imprudentes, con lo que me pregunto si no habremos ingresado, por el mismo prudentísimo precio, en el poco selecto y nada restringido club de los tontos del culo.

Pero todos los imprudentes que en el país hayan sido, cualquiera que sea su facción, no justifican esa salvajada de cifras en rescates y en regalitos a la banca. Aquí ha habido algo más, mucho más y muy gordo.

Hablas con un determinado amigo… Mi mujer, te dice, trabaja en barrios muy marginales y la pobreza está llegando a extremos espeluznantes. Está volviendo a extenderse la heroína. Quizá los más jóvenes no recuerden lo que hizo la heroína en los sectores más marginales, quizá no recuerden cómo destrozaba a la gente, quizá no recuerden cómo en los años 90 los heroinómanos morían por centenares al año, que mientras aquí se celebraban las fastuosas olimpiadas, la gente caía como moscas como quien dice al pie mismo del Estadi Olímpic, quizá no sepan que el problema de la heroína se terminó por pura y simple extinción física (muerte, para entendernos) del personal consumidor. En su práctica totalidad. Con contadísimas excepciones que pudieron escapar a tiempo pero que aún acarrean las consecuencias de aquella bestialidad.

Y otro día comentas con otro amigo o compañero o lo que sea, que las cifras de suicidios (comentario que parece prohibido en todos los medios de comunicación) se han disparado a partir de 2007.

Sí se ha hecho público que uno de cada cuatro niños vive en la pobreza, y que algunos niños sólo comen lo que comen en el colegio y de ahí y por ahí que sea especialmente dramática la restricción de las ayudas de comedor escolar.

Jubilados beneficiarios de la alegría de pensiones de que se goza en este país que tienen que mantener a sus hijos, a las parejas de sus hijos y, a veces, incluso a los nietos, repartiéndose como pueden una triste pensión, por no hablar de cuando se trata de la miseria entre las miserias: una pensión no contributiva. En mi comunidad de vecinos hay jubilados que no han podido afrontar su cuota en unas obras necesarias porque están ayudando económicamente a sus hijos, casados y con hijos, y con edades de profesional consolidado, no teorizo.

En fin, podría estar hablando hasta la saciedad de desgracias de todo tipo, de las que salen en los periódicos y de las que, encima, se ven reducidas al silencio y a la ocultación. Luego, claro, pasa lo que en Londres este verano y entonces resulta que son violentos, antisistema y no sé qué más. Lo que yo me pregunto es cómo se puede no ser antisistema cuando el sistema está formado por la colección de sinvergüenzas, de falsarios, de ladrones, de estafadores, de atracadores y de hijos de la gran puta más grande que hayan visto los tiempos.

Si no es ilustrativo el hecho de que, con la que está cayendo y con lo que estamos sabiendo a cada día que pasa, y con lo que no sabemos pero que, muy legítimamente, sospechamos, no haya ni un sólo imputado más allá de cositas que, visto el volumen que ha alcanzado la tomadura de pelo, no son más que chuminadas, que el chocolate del loro, ya me dirá alguien qué es lo ilustrativo y lo sustancial. Los casos Palma Arena (con su Urdangarín y todo) y el caso Gürtel, que en circunstancias normales deberían haber sacudido los cimientos del sistema, apenas son ya un pretexto, respectivamente, para que los republicanos ondeen la tricolor y para que Ignacio Escolar le dé carraca a su blog, porque al lado de la enormidad que tenemos encima (Bankia, el ejemplo de moda, pero sólo es un ejemplo, la cosa llega mucho más lejos y mucho más hondo), Palma Arena y Gürtel son pequeños timos de periódico de sucesos.

Estaba corriendo estos días por las redes sociales un grito vindicativo, pero que yo creo que debería convertirse en una exigencia estructurada: Nüremberg financiero. Y la comparación con el tribunal que dio con la jerarquía nazi en la soga es muy apropiada, porque Nüremberg, conllevó varios efectos: creó doctrina penal estableciendo una nueva modalidad de actos punibles (el genocidio) y creó doctrina social llevando a la ideología condenada al total y absoluto anatema político. Creo que un Nüremberg financiero debiera responder a esos dos objetivos, aparte, obviamente, de las consecuencias penales para los individuos que deberían ser procesados. Que son muchos. Conviene no olvidar que Nüremberg no fue un sólo juicio: hubo uno grande, sonado, el que todo el mundo conoce, pero después, en segundo y tercer plano, hubo muchos otros (que asimismo llevaron a mucha gente a la horca) dedicados a los dirigentes de diversos grados de jerarquía.

Tenemos que empezar a considerar que el nazismo financiero ha cometido crímenes contra la humanidad horrendos, que van mucho más allá de la inmensa estafa que han hecho a los europeos (no siendo ésta moco de pavo) y que, sobre los tremendos daños que han causado a los sectores más débiles de las poblaciones europeas, están las atrocidades que han cometido, que están cometiendo en toda África y en parte de Asia y de América del Sur. Hay que poner esto en negro sobre blanco y hay que meter entre rejas -y por muchos años- a miles -sí, sí: miles- de cabrones.

Hay que aplicarles a ellos la doctrina del shock, de tal modo que los mindundis que lleguen a salir más o menos indemnes de la depuración se avergüencen de haber sido kapos en estos particulares campos de concentración que ellos mismos han montado, tenemos que conseguir que la expresión poder financiero sea vista con la misma ominosidad que las imágenes de huestes hitlerianas quemando libros o descerrajando tiros en la nuca junto a fosas abiertas y ya llenas de cadáveres, pero al mismo tiempo que constituyan historia irrepetible, al menos en esas proporciones (ojo, que se ha visto lo que se ha visto en la ex-Yogoslavia y se ve lo que se ve en Siria, en Abu Graib y en Guantánamo).

Urge, pues, abrir una causa general, constituir en delitos los abusos antisociales de la especulación financiera y empezar a llenar de nombres y de pruebas los pliegos de acusaciones. Que hay nombres y pruebas como para llenar muchísimos pliegos de acusaciones.

Sólo cuando el poder financiero desencadenado haya sido reducido a prisión y vergüenza eterna, podremos decir que hemos entrado plenamente en el siglo XXI.

Actualización y rectificación: no sé por qué, escribía tan tranquilo «Nühremberg» así, con hache intercalada, pero me acaban de llamar la atención al respecto y resulta que la tal hache es un ingrediente adicional que me he sacado yo de la manga. Así que corregido: es Nüremberg. Gracias Bárbara Román @abogadopenal

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Comentarios

  • Carolina  On 29/05/2012 at .

    ¡Qué bien hablas, jodio!

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