Parió la abuela

De la serie: Correo ordinario

Eso mismo: como no era suficiente la que nos está cayendo, con todas las redes sociales apostando (simbólicamente) en innumerables porras sobre la fecha de la intervención del país, es decir, por su colonización por parte de Alemania, cosa que cada día parece más inminente, la propiedad intelectual da por el culo de nuevo. Vaya, justamente por ese lado que parecía, si no neutralizado, sí en prometedoras vías de ello, con aquel café de Víctor Domingo con Antón Reixa y con alguna otra señal como la renuncia por parte de la SGAE a recaudar en actos benéficos y su anunciada intención de revisar el asunto de las peluquerías (como escenificación, imagino, de otros establecimientos similares). Bueno, como en todo, siempre habrá quien piense que las cosas podrían ir mejor, y quien asegure que podrían ir peor. Yo, personalmente, tiendo más a lo segundo y, en la creencia de que, efectivamente, hay muchas cosas que mejorar y muchos entuertos que enderezar, tampoco puede pretenderse que en un par de semanas se arreglen cuestiones muy graves que llevaron a una guerra durísima que se ha prolongado durante casi nueve años (y eso por no mencionar otros quizá dos de tensión previa a las hostilidades). Además, tal como tenemos el ambiente, tampoco podemos pedir al Gobierno que se tome este tema como una prioridad: lo cierto es que, ni para bien ni para mal, se puede estar ahora por esta cuestión; sin renunciar a que se aborde, por supuesto, y que se aborde bien, pero sin exigir urgencias que ahora no proceden.

Sin embargo, hay quien tiene otras prioridades, quizá porque su personal bolsillo le va en ello y, así, una tal Kira Álvarez, portavoz, factotum o testaferro del lobby de la industria norteamericana del ocio, aunque con cargo oficial en la embajada norteamericana y pasaporte diplomático (que harían especialmente inconvenientes sus declaraciones) se entromete en asuntos internos de nuestro país y pontifica sobre cómo tienen los fiscales españoles que desempeñar sus funciones e interpretar nuestro Derecho.

Vaya, que cada día nos parecemos más a una casa de putas macarreada por una mafia rumana: la Merkel toma posesión del BOE y la Oficina norteamericana de Comercio se hace cargo de la Fiscalía General del Estado. Además, no te lo pierdas: allí estaban Teresa Lizaranzu, directora general de Política e Industrias Culturales y presidenta de la Comisión Sinde-Wert, Ramón Arjona, secretario de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación, y Víctor Calvo-Sotelo, secretario de Estado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, jaleándola. Ele la grasia, sí señor, así se pisa, con do cohone. No me extraña, en definitiva, que al final se nos ponga chulo hasta el guindilla gibraltareño, si esto es la casa de tócame Roque.

Cabe esperar -Virgencita, que me quede como estoy- que las mismas razones que no permiten al Gobierno avanzar por el buen camino en esta materia, impidan, a su vez, lo contrario. O quizá quepa esperar y desear que sí, que Rajoy y su banda sean tan torpes como para prestar oídos a la Kira (joder, es que tiene nombre de cantante de Eurovisión, la tía) porque visto, gracias a la ley Sinde-Wert (cuando sólo era ley Sinde) que la población es especialmente sensible a las putadas en materia de propiedad intelectual, más que a otras putadas de calibre mucho mayor (cuando menos, a corto o medio plazo), una estupidez gubernamental en esta materia podría dar lugar al estallido que tanto estamos necesitando y no precisamente por la propiedad intelectual.

En realidad y siempre sin salir de este tema, cabe esperar que la torpeza gubernamental no se produzca porque podría enturbiar muy seriamente un proceso, apenas en estado larvario, que podría llegar a ser muy provechoso y solucionarle incluso al Gobierno (cualquiera que sea su color a cada momento) papeletas muy complicadas. ¿O quizá…? ¿No podría ser que se tratara de esto? Porque, claro, si los ciudadanos llegamos a entendernos con los autores (como creo que es necesario e inevitable), es evidente que todos apuntaríamos nuestros radares de tiro contra el verdadero foco del problema: la industria a la que representa la Álvarez. Por eso no sería nada sorprendente que el proceso de entendimiento entre ciudadanos y autores (que sólo está empezando y que va a ser largo y muy complejo) recibiera fuego graneado precisamente desde el lobby apropiacionista.

Digo «apropiacionista» con más propiedad que nunca, porque lo cierto es que la industria no produce nada, se limita a apropiarse de lo que sí verdaderamente producen unos (los autores) para esquilmar a otros (los ciudadanos) dejándoles a aquéllos unas migajas infectas. O sea, casi como hace Mordor

La guerra entre autores e internautas ha restado muchas energías a ambas partes, energías que habrían podido dedicarse a frentes que ambos tenemos abiertos: el insuficiente y nada equitativo reparto del valor generado por su trabajo, los autores, y los abusos por parte de las telecos y los ukases liberticidas desde el sector gubernamental que estamos sufriendo los internautas. Cuando se dice que las guerras no benefician a nadie, no se habla por hablar, y los pasos, aún cortos e incipientes que se están dando ahora, podrían haberse dado en el 2003 (o incluso antes, en el 2001, que fue cuando empezó a correr el rumor de que iba a imponerse un canon sobre los soportes digitales), con lo que habríamos ganado muchísimo tiempo y no habríamos desperdiciado una enorme cantidad de medios y de energías. Pero en el 2003 estaba al mando de la $GAE Teddy Bautista, un individuo prepotente (entre otras cosas que ahora ya son del dominio público), que no supo valorar a quien tenía enfrente (lo cual habla de su calidad profesional como gestor) y que inició una guerra donde hubiera podido conseguir un arreglo muy fácilmente. Habrá que recordar que la Asociación de Internautas e Hispalinux (los primeros combatientes del lado cívico: todos los demás, bienvenidos y bienhallados, estupendo, pero llegaron después y, algunos, muchísimo después) siempre, siempre, siempre, pedimos negociar esta cuestión, pedimos negociar con la $GAE y pedimos negociar con el Gobierno. Hablando de prepotentes, pueden tomar nota los necios de turno del PP y del PSOE, que ignoraron olímpicamente el problema -o cedieron ante presiones espúreas- hasta que los ciudadnaos nos echamos materialmente a la calle, pero entonces ya había muchas otras cosas añadidas a la protesta inicial, que quedaba incluso ínfima al lado de las demás.

La guerra entre ciudadanos y autores era contra natura. La guerra de ciudadanos y autores contra el apropiacionismo de una industria decadente y retrógrada va a estar ya más integrada en la normalidad. Costará, sin duda, muchos esfuerzos, muchos disgustos, quizá costes y sacrificios, pero ya no será una guerra civil, sino una guerra de legítima defensa. Una guerra, en definitiva, justa. Tenemos que consagrarnos, pues, a que esta alianza ciudadana no pueda ser atacada desde el exterior y para que esto no ocurra, ambas partes, internautas y autores, vamos a tener que armarnos de paciencia, vamos a tener que tragarnos muchos sapos y, dentro de lo racional, lo proporcional y lo razonable, vamos a tener que poner a prueba nuestra capacidad de renuncia y de concesión. Ambas partes.

Y que vaya diciendo idioteces la abuela.

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Comentarios

  • Sugel  On 04/06/2012 at .

    P.- Cómo se debería proteger la propiedad intelectual en Internet?R.- Con flexibilidad. Quizá la LPI necesita una reforma. No hay que tener miedo a modificar el uso que se puede hacer en la red de los derechos exclusivos de los autores. Por ejemplo, se podría ser más generoso con el límite de cita. Pero tampoco estaría mal que la LSSI definiera mejor cuándo el intermediario (p. ej. web de enlaces) tiene conocimiento efectivo de que su cliente comete una ilegalidad, con un procedimiento de notificación y retirada como el que emplean en Estados Unidos. Necesitamos cuanto antes un procedimiento como ése, naturalmente con las garantías jurídicas que sean necesarias. No es fácil regular, pero ya hay modelos en marcha que se pueden estudiar.

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