Ñano, Argui Ñano

De la serie: Correo ordinario

Hace unos días, el popular cocinero mediático, Karlos Arguiñano, sorprendió (y no sé por qué) con una especie de manifiesto o de comentario, llámalo como quieras,de tinte claramente político alrededor de la crisis. Por si su programa no tuviera suficiente audencia, el enlace a Youtube (a donde fue inevitablemente a parar) rebotó centenares de miles de veces por todas las redes sociales. Hasta aquí, nada que, a estas alturas, pueda sorprender a nadie.

Lo que me hace gracia son los listos.

Publica hoy «El Periódico» una mini-encuesta entre famosillos y sabihondos mediáticos de diverso pelaje sobre el asunto y lo primero que salta a la vista es que todos los encuestados aplauden y considran normal y lógico tanto lo dicho por Arguiñano, como la adhesión popular a lo que dijo, como su fulgurante expansión por la Red. Y prcisamente hoy también, publica el mismo medio otra especie de encuesta, esta vez en forma de artículo, sobre Twitter, en el que se demuestra de nuevo quee toda una colección de listos y expertos no tienen ni puta idea. Y cuanto más cercanos están a la política, a la economía y al establishment, menos se enteran.

Porque, después de muchos años de ignorarlas, ahora todos estos listillos mean colonia con las redes sociales, que de no ser nada, de ser cuatro pijos que no representan a nadie, ahora son poco menos que la rehostia en bicicleta. Porque son tan pollinos que, encima, se han dejado atrapar por el nombre, por lo de red social, ignorando que Twitter, por citar a la ahora más común, no es una red social (en todo caso, sería el conjunto de muchísimas redes sociales, sino propiamente una aplicación de enlace y comunicación mediante Internet entre diversas redes sociales. Porque cualquier colectivo humano es, en puridad, una red social: una APA, una asociación civil, la plantilla de una empresa, incluso una familia, tanto entendida en su sentido de clan amplio como en su sentido de núcleo básico de pareja e hijos. Lo que hacen las llamadas redes sociales es, simplemente, poner en contacto a individuos en tanto que miembros (o incluso sin necesidad de serlo, al menos en concreto) de una o más redes sociales.

Que comunicadores presuntamente sapientísimos como los que intervienen en las referencias enlazadas no caigan la cuenta (o disimulen que han caído en ella) dice muchas cosas.

Porque las redes sociales (a partir de ahora regreso al inapropiado sentido que se da ahora a la expresión) son en realidad sistemas de comunicación ciudadana a nivel celular, es decir, en las que la potencia de un determinado mensaje no tiene nada que ver con un editor que decide la relevancia que se le va a dar (y que va desde mucha hasta la simple ocultación, la redonda censura), ni siquiera con la calidad aristocrática que pueda tener en Internet ese emisor, sino en el impacto de la propia noticia o de la propia idea, por su formulación o por el hecho que recoge.

Como bien se ha dicho (no pocas veces con mala intención) las redes sociales son incapaces de hacer revoluciones, pero los lerdos o los ciegos, no ven (o no quieren ver) que, al igual que otras manifestaciones u otras tecnologías que forman parte de Internet, detrás del mensaje hay uno o varios seres humanos.

Los gilipollas (básicamente neoluditas, políticos y otras gamas de ignorantes) hablan de Internet (y da la impresión de que lo entienden así) como si se tratara de un monstruo, de un robot o de algo parecido, con capacidad autónoma de razón, con capacidad para planear y ejecutar, un a modo de versión moderna de aquella nebulosa masonería que en tiempos del franquismo tenía la culpa hasta de la sequía. Y, consecuentemente, hay que ver la cantidad de males que se achacan a Internet (casi nunca, en cambio, se habla de beneficios) cuando la realidad es que males exclusivamente achacables a la Red hay poquísimos; y la mayoría de los tenidos por propios de dicha tecnología, en realidad simplemente son lacras preexistentes que la naturaleza de Internet ha multiplicado en extensión. Pero acusar de ello a Internet (volvemos nuevamente a personalizar una tecnología como si fuera un demonio autónomo) es como acusar a un sistema de megafonía instalado para divulgar buena música porque en determinados momentos alguien lo utiliza para soltar tacos tremendos.

Claro, la idea de que detrás de Internet no hay sino personas es muy difícil de soportar para los políticos y para otros sinvergüenzas de similar ralea, porque con excesiva frecuencia (excesiva para ellos, por supuesto) lo que circula por la Red les contraría… por decir poco.

Y tienen suerte. Tienen suerte porque los clásicos mecanismos de alienación siguen ahí y sigue siendo complicado que una determinada protesta (o propuesta) baje a la calle en las mismas proporciones que aparece en la red. Pero ojo: eso no quiere decir que la Red sea insincera -en términos globales- sino, simplemente que es la confluencia de millones de voces, mientras que la calle es la confluencia de una sola voz, de una sola idea. La calle es la renuncia al individualismo (que no a la individualidad, necesariamente) y eso es complicado, y más para una sociología tan tremendamente individualista e insolidaria como la española. Sin embargo, las ocasiones en las que el mensaje ha sido en la Red tan claro y tan unívoco, han resultado verdaderamente explosivas en la calle. La referencia es obligada: el 15-M.

Pero con el paso del tiempo estos mecanismos de alienación se van desactivando y se llegará a su desactivación total. ¿Que habrá otros en su lugar? Es posible pero ya pueden irlos inventando porque, hoy por hoy no los hay. Lo que sí veo muy claro es que la proyección social de la crisis, si se hubiera producido tal como la concoemos ahora pero dentro de veinte años, sería muy distinta, yo creo que radicalmente distinta, y me da la impresión de que la Merkel y el enano cesante no lo hubieran tenido tan fácil. De hecho, icnluso ahora, aunque lo callen como putas, tienen que andar haciendo encaje de bolillos ante el temor de que de las redes derive una primavera europea que sería particularmente desastrosa para los bancos alemanes y franceses. Entre otras [gratas] víctimas que ese desastre provocaría.

Hace veinte años, Rato, pongo por caso, hubiera dormido como un lirón. Hoy, quizá duerma tranquilo, pero no me extrañaría que le costase un minutito o dos conciliar el sueño si piensa en que en la Red hay centenares de miles de personas, quizá millones, pidiendo, a gritos y con muy gruesas palabras, su procesamiento. Dentro de veinte años, es probable que alguien que haga lo que ha hecho él (y lo que no ha hecho) duerma en la mazmorra.

Dicen que lo de Arguiñano no les ha sorprendido porque ha conectado con lo que piensa la gente. Bien, sin menoscabo de jalear a don Karlos por sus verdades del barquero, digamos que tenía muy fácil saber qué piensa la gente: basta con estar en las redes sociales. Estar, no que te pase el press clip el pisacharcos que el partido te ha puesto como asesor.

Tonto el que se sorprenda.

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Comentarios

  • Ángel Bacaicoa  On 04/06/2012 at .

    Muy bueno. Como casi siempre.

  • Javier Cuchí  On 04/06/2012 at .

    Don Ángel, que me está usted saliendo respondón, querido amigo. Este «casi»… 😀

  • Juan C.  On 04/06/2012 at .

    Bajo mi modesta opinión: “serán verdades de barquero pero no todos sabemos conectar, en un monólogo de 3 minutos, con tantos pensamientos de la gente”.

    Que conste que creo que le faltaron algunos detallitos. Pero, aunque solo fuera por la referencia final a los inmigrantes, a mi me pareció una genialidad.

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