Gestión sanitaria avanzada

De la serie: La cueva del burócrata

Hay días en que no sé si estoy de un humor de perros o me ponen de un humor de perros. Veréis…

Como mis más antiguos bravos saben, soy un saco de achaques. Para abreviar, diré que en las analíticas me sale de todo menos colesterol y embarazo. En consecuencia, más o menos semestralmente, soy estrechamente vigilado por la médico de familia que me corresponde en la Seguridad Social (abandoné a la endocrinóloga de la privada -que sustituía a la que me había llevado siempre, ya jubilada- por falta de feeling médico-paciente); esta médico de familia es una señora competentísima que, realmente, está muy encima de mis cosas y es verdaderamente muy atenta, conmigo y con mi familia (nos lleva a los cuatro), y la idea de que es así con todos sus pacientes (no concibo otra cosa) constituye un verdadero homenaje a la sanidad pública y más para cuatro duros que le pagan los sinvergüenzas que viven como cardenales a costa del erario público sin mayor mérito que la habilidad felacional en los garitos del partido.

Hace unos meses, algo más de medio año, me realizaron una colonoscopia en la que aparecieron varios pólipos, tantos, que no fue posible sacármelos todos de una vez. Los docs me dijeron que nada, que tranquilo, aunque la Wikipedia dice que eso de los pólipos hiperplásicos en el colon derecho que, bueno, ejem, a veces dan mucho por el culo, nunca mejor dicho. Hubo que hacer una segunda para sacarme más pólipos, que tampoco consiguió sacarlos todos, y la nueva biopsia, ídem de ídem. Un mes o año o siglo de estos deben hacerme una tercera (esta vez con ingreso en hospital de día, vamos a más, como la poli con el PP-CiU) a ver si limpian del todo. La médico que me lleva, por si las moscas, me hizo practicar, adicionalmente, una ecografía abdominal y me derivó al digestólogo para no sé bien qué.

Total, hoy he ido al digestólogo. Un tipo cetrino inamoviblemente sentado detrás de un ordenador que me ha hecho un interrogatorio al que ya he debido responder tropecientas mil veces: la doctora, en primer lugar, después, la enfermera, más tarde -no hace mucho- otra enfermera suplente porque la primera está de baja, y ahora este. En pocas palabras: cada vez que voy a un facultativo, sea quien sea y por lo que sea, me abren una historia clínica nueva: no sé ya cuántas veces habré repetido que hace trece años que no fumo y que bebo, pero poco, que una botella de whisky me dura un año y toda la cagarela de la medicación que tomo, las enfermedades que he tenido y las intervenciones quirúrgicas que me han practicado. Hoy llevaba casi todo el papeleo, pero por pura casualidad, porque el volante de derivación al especialista (en efecto, aún andamos con volantes aunque algo hemos ganado desde los tiempos de Franco: ya no son de color amarillo pipí) estaba en el mismo sobre que el informe de la última colonoscopia, de la ecografía y de la analítica de febrero; un tanto sorprendentemente, porque esa documentación, una vez la he escaneado, la convierto en fideos ipso facto. Y el tío, encima, tuerce el gesto cuando me pide el informe de la primera colonoscopia y le digo que esa fue en octubre y que dónde andará ya, que si tiene Internet se la bajo de la cloud (¡toma ya!) que tengo ahí toda mi documentación médica de los últimos siete años. Si Tom Wolfe hubiera visto la mirada de desdén que me ha echado el fulano, la hubiera descrito como si el tío mirara a un platelminto. Bueno, ha cogido el papeleo que he aportado y se ha puesto a teclear como un poseso en el ordenador. Además, el campeón de la simpatía este es de ese muy irritante género de ingenieros de salud (para lo de médico aún hay clases) que cada vez que observa una variable en el papel reglamentario tuerce el gesto sin decir nada, de modo que te quedas sin saber si estás listo para la autopsia o si piensa que eres un gilipollas cargado de puñetas que le está haciendo perder su criselefantino tiempo por un quítame de allá esa fruslería intestinal.

Para acabarlo de redondear, cuando termina su afanosa tarea de copista de informes, me dice que todo esto lo van a llevar desde Sant Pau (el hospital de referencia de mi centro de asistencia primaria) y que ya me mandarán una carta dándome fecha y hora. Y hala, buenas tardes, a la calle y que pase el siguiente. Entre los desplazamientos de ida y vuelta, la espera y la copistería, una hora y media bien larga para algo que podría haberse solucionado telemáticamente en un plis plas.

Hay momentos en que, más allá de la corrupción generalizada y más allá de la iniquidad de los políticos, no me extraña que a este país le pase lo que le pasa.

Esa historia del papeleo no es nueva ni aislada. Las relaciones documentales entre la médico de familia y yo son tormentosas como un mal de amores de Gustavo Adolfo Bécquer: cuando le llega un informe de analítica, me llama por teléfono para decirme que ya lo puedo pasar a recoger en el mostrador del CAP en un sobre a mi nombre (además, claro, de explicarme lo que ha habido en la analítica y qué procede hacer en consecuencia). Yo no le pido que me lo envíe por correo electrónico porque ya sé que ella no tiene correo electrónico corporativo ni mucho menos escáner, ni propio ni colectivo. Por la misma razón, cuando soy yo el que tiene un informe que debo hacerle llegar (los de colonoscopia, por ejemplo), no puedo hacerlo digitalmente porque la única dirección de correo electrónico corporativa de que ella dispone es colectiva, del servicio, de la planta o de no sé qué, y no reune las condiciones de privacidad debidas (cosa que ella se toma muy en serio, ya creo haber dicho que es una profesional de cojones), así que ya me tienes a mí metiendo el papelorio en un sobre y yendo al CAP a llevárselo.

El caso es que voy a su consulta y ordenador tiene. La pregunta es qué tiene dentro del ordenador. Mi historia clínica, por ejemplo, seguro. Pero no puede compartirla dentro del circuito médico. Yo, que soy un funcionario burocrático sin más, hace unos diecisiete años que puedo compartir documentación con cualquier unidad de mi Departamento mediante red de área local y quizá haga catorce o quince que puedo hacer lo propio con toda la Generalitat mediante protocolos TCP-IP, Internet, para entendernos; pero en 2012, la médico de familia que tengo asignada no puede compartir mi historia clínica con los diversos especialistas que me tratan. Hace unos trece años que fui a parar al ICASS y allí me encontré con un sistema de gestión documental basado en AS-400 implementado con una aplicación gráfica que, bonito, lo que se dice bonito (la pantalla era la emulación de una consola) no era, pero funcionaba como una moto y el papel había sido metódicamente desterrado de aquella unidad. Con este sistema, una oficina de atención al ciudadano del ICASS de Móra d’Ebre, por poner un ejemplo, digitalizaba un determinado documento que aportaba un ciudadano y en minutos -cuando no en segundos- me aparecía en pantalla si había sido dirigido a mí o yo era el gestor que debía hacerse cargo de él. Trece años (y ya estaba cuando llegué yo, aunque es verdad que no hacía mucho, quizá un año, no más). Para no exagerar y no remontarnos demasiado en el tiempo, digamos que debe hacer diez años que todos los funcionarios y muchísimos empleados públicos de la Generalitat disponemos de correo electrónico corporativo propio, y eso es hablar de decenas y más decenas de miles de funcionarios y otros empleados; yo lo tengo desde hace unos quince o dieciséis años, más o menos. Y los médicos del Servei o del Institut Català de la Salud no tienen ni un puto buzón personal de correo electrónico corporativo.

¿Quién coño encarga, qué coño paga, quién coño diseña y quién y qué coño cobra, el esquema de la ¿red? informática del ICS? ¿Qué objetivos, qué finalidades se marcan las auditorías TIC de la sanidad pública?¡Pero si correo electrónico lo tiene hasta mi mujer, enfermera adscrita al sector más desgraciado y arrastrado de la sanidad pública, el sociosanitario! Vale, ahora no hay un duro en ningún cajón, pero… ¿y hace cinco años, diez años, cuando hasta los analfabetos conducían 4×4 y las administraciones públicas ataban a los perros con chistorra?

¿Cuánto nos cuestan estas ineficiencias o, redondamente, deficiencias o, más claramente, negligencias? ¿Qué factura estamos pagando en gestión decimonónica porque hay un batallón de burros digitales señalando prioridades? ¿Pero qué coño es esto de políticos llenándose la boca con la palabra innovación (y no saben lo que es), con palabros como tecnoemprendedores, presentando las start ups (hace cuatro meses, como quien dice, no sabían ni lo que son) como el ungüento amarillo que va a salvar a la patria catalana y tienen a toda la sanidad pública que parece que aún haya de inventar la penicilina?

En el propio Hospital de Sant Pau, nuevecito y flamante, comprobé, con ocasión de una intervención quirúrgica de mi padre y un subsiguiente ingreso largo, de cerca de un mes, cómo se pueden ver unos equipos informáticos fantásticos… pero los pacientes o sus allegados tenemos que ir por los siete mares arrastrando quintales de papel porque si no nadie se aclara. Porque hay historias clínicas que son casi enciclopédicas, no es por nada. Y venga papel. Sostenibilidad, que le dicen.

O sea, que hay más ordenadores que en la NASA (que no habrán salido regalados, por cierto), hay unas redes presuntamente acojonantes pero que no sabemos para qué sirven; vas por las plantas y ves a todo el personal acarreando portátiles. Pero a la hora de la verdad, pobre de ti como falte un papel, porque no veas el drama que se arma para encontrar la información que contenía el jodido manifiesto.

Igualito, igualito que en los tiempos del abuelito. Y casi treinta y siete años que lleva el tío criando malvas…

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Comentarios

  • asmpredator  On 06/06/2012 at .

    Parece mentira que no sepas como funciona este pais.
    Para que un proyecto llegue a hacerse realidad hay unos pasos inevitables que hay que seguir:

    1- Preparar el dinero necesario para sobornar a los corruptos que deben firmar la autorización para que esto arranque, esto es lo prioritario, España se mueve por comisiones, incentivos o sobronos llamalos como quieras.
    2- Asegurarse de que alguno de los corruptos inmersos en el proyecto posea o tenga algún familiar que posea una empresa que se dedique a la informática, eso ayuda mucho, para encargarle a él el proyecto.Asignándole un astronómico presupueto del cual solo el 50% es enecesario, el resto es un “incentivo”.
    3- Localizar al grupo de estudiantes de telecos al que, en prácticas y en estado de semiesclavitud se les obligará a hacer funcionar el engendro que monten despues de “recortar” convenientemente el gasto en material que se supone que se compró con el 50% que quedaba del total del presupuesto, del cual habrá que descontar un 25% para cubrir los gastos de representación, dietas, cenas, fulanas y otros gastos imprevistos.
    4- Organizar la rueda de prensa donde los que se habrán llenado los bolsillos con todo el tinglado, sin tener ni puñetera idea de qué coño se ha hecho y sobretodo sin haber hecho absolutamente nada, se apuntará el tanto si todo acaba bien.

    Una vez estos pasos esten dados el proyecto que tú y otros miles de españoles soñamos se hará mas o menos realidad y no dudes que si no se ha hecho todavía es porque el punto 1 no está claro.

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