La primita

De la serie: Esto es lo que hay

Cada cual se hace su propia imagen de los iconos ad usum. Yo, por ejemplo, cuando me hablaban de una «mujer fatal» me imaginaba a una especie de Castafiore de esas que hay en todas las familias, una especie de cetáceo con un culo gigantesco, llena de afeites y siempre escandalizando a gritos, bien de alegría, bien de indignación, esa pesadilla infantil de encuentro callejero de cuando uno tenía siete años o por ahí, o sea, algo fatal, desde luego, fatal, fatal, fatal; después supe que no, que una «mujer fatal» era otra cosa, que era una señora de bandera con un culo como para que sonara a su paso la Marcha de Infantes, con un muerdo al mismísimo estilo de Ava Gardner. Mejorando lo presente, of course.

Mucho más recientemente, yo estaba convencido de que una «prima de riesgo» debía ser una parienta de rotundas curvas y algo casquivana ubicada en un grado civil colateral en el árbol familiar, atentamente vigilada por la parienta propia que, armada con un paraguas, un rollo de cocina o un minipimer, entraría en acción en el preciso momento en que la obsequiosidad de uno hacia la tal prima sobrepasara una tenue pero cierta y no muy lejana línea de tolerancia. Pues tampoco: resulta que la «prima única de riesgo» es un premio más bien sustancioso que se llevan los hijos de la gran puta (parece que, generalmente, norteamericanos o británicos) que especulan con la deuda pública de un Estado, de tal modo que verdaderamente primos sólo acaban siéndolo los ciudadanos del Estado en cuestión, que van a estar trabajando como verdaderos cabrones durante una temporada que puede llegar a los diez años para pagar los intereses de esa deuda. Huelga decir que, pese a que se argumenta que ese opíparo rendimiento retribuye el plus de riesgo que supone invertir en ese Estado, lo cierto, lo real, es que ese Estado es más que solvente, porque conociendo el valor (en su acepción de valentía) del dinero y de los meritados cerdos que lo manejan, si existiera un riesgo real no se dejarían en ese Estado ni un céntimo. Hablar de riesgos -y más a largo plazo- de estados como España o Italia (incluso, si me apuras, de Portugal o Irlanda) me parece casi una burla. Y hoy -ayer para el lector- han subido las primas de riesgo de Francia y de Alemania. Casi que lo de la prima putón que creía yo al principio es mucho más honrado que el tejemaneje de la prima esta.

Los ciudadanos estamos ahora muy informados -o, bueno, eso creemos- en materia de primas de riesgo. Llegará un momento en que cuando uno se encuentre con Juanita, la hija del tío Casimiro, le preguntará que a cuantos puntos está su cotización, de donde puede deducirse un doloroso bolsazo en el colodrillo… o una sorpresa, vaya usted a saber.

Hace poco más de dos semanas, casi tres -y ya viviendo en estado de sobresalto-, supimos que con Bankia nos habían dado un timo de la estampita de aquellos buenos. Lo supimos en viernes, ya acaeciendo el fin de semana, porque no sé qué pasa, pero desde que están Rajoy y su banda, todas las sodomizaciones nos las endiñan allá por el sábado. Y nos tiramos un finde -que, en Barcelona, además, fue largo: Pentecostés- especulando con la pasta que nos había levantado un conglomerado de antiguas cajas de ahorro, encabezadas por la de Madrid, uno de los otrora gigantes financieros del país que -todo hay que decirlo- estuvo mayoritariamente en manos de gentuza del partido hoy en el poder. Como decía un articulista que leía el otro día, el problema de Bankia no ha sido tanto su excesiva exposición al ladrillo como su excesiva exposición al PP.

Como consecuencia de la gracieta, la prima puta, digo, de riesgo, se puso por las nubes y Marianico se puso a gritar como un poseso que nada, que la banca no iba a ser rescatada, que la casa es potente y que lo íbamos a arreglar todo nosotros solos. Europa enterá quedó muda de asombro ante tamaña imprudencia (y no menguada estupidez) y la prima de los cojones, subiendo en ascensor. Todavía recuerdo cuando no hace tantos meses (¿allá por navidades?) estábamos cagados porque la prima jodida (más apropiadamente, jodiente) andaba por los 350 o 360 puntos y eso ya nos ponía al borde mismo del precipicio apocalíptico, y ahora ya nos estaba refilando -para llegar a sobrepasar holgadísimamente- los 500.

Dos semanas después -en sábado, obviamente- el alcázar del deharme zolo que no iba a rendirse jamás, rompió la tradición y capituló vergonzosamente; vergonzosamente, no porque no fuera lógico que había que capitular sino por el estúpido empecinamiento en lo contrario a sabiendas de que no había más tu tía. Y la prima, con unas ganas de llegar a los 600 que no se aguanta.

Vamos bien con Marianico: nos quitamos de encima al tonto y ahora tenemos que aguantar al atontao.

Pero, claro, es lo que tantas veces comento con tanta gente: no podemos pretender tener políticos suecos con súbditos (que no ciudadanos) españoles. Somos, todos, como colectivo, trapicheros, corruptos, chapuceros, tramposos, indisciplinados, ignorantes, sobrados, embusteros, cobardes, miserables, guarros y fantasmas. Y siendo así los españoles… ¿cómo pretendemos que sean, si no, nuestros políticos? Pues eso mismo: la clase política no responde sino a la morfología de nuestra propia ciudadanía, supuesto que pueda llamarse ciudadanía a esa horda de individualistas, de insolidarios y de burros integrales que formamos en conjunto.

Ahora ya no sabemos si estamos intervenidos o rescatados, si lo estamos nosotros, la banca o la cuadrilla de Manolete. Este es el país del eufemismo y Marianico vuelve a escandalizar a Europa negándose a pronunciar la fatídica palabra rescate aludiendo a que nos han dado una póliza de crédito, eso es, como si España entera fuera una PYME, que viste mucho eso de PYME sobre todo cuando nuestra chusma empresarial es incapaz de crear GEs si no se las sirve en bandeja una privatización de sector público.

La última canción es que nada, tranquilo todo el mundo, que esos 100.000 millones (¡de euros!) los va a pagar la banca, no nosotros. Y unas narices. Ya me cago encima a medida que veo que se acerca el sábado: juégate lo que quieras a que ese día nos pasarán la factura. Si quieres una pista, calcula tu pensión de jubilación y el año en que vas a empezar a cobrarla (si vives para verlo) y no corras, no. Recordadme, incidentalmente, que un día hable de las edades de jubilación, porque ahí tambien tengo cosas que decir que van a cabrear a más de uno, pero tal día será San Joderse.

Aznar ganó la estúpida eurovisión de nuestra triste, cutre y maloliente política con la bonita canción que lleva por título España va bien; Marianico se presenta a concurso con un tema de parecidas reminiscencias: La prima va bien.

Y va a quedar en el último lugar.

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Comentarios

  • Jordi  On 13/06/2012 at .

    ¿Alguien va a ir a la cárcel por el cráter de tamaño bíblico que hay abierto en el sistema financiero español?

  • carlos arias el primo  On 13/06/2012 at .

    muy bueno cuchi, como siempre acertando, “el primo sin riego”

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