Barrecha

De la serie: Pequeños bocaditos

Voy a coger el metro (esto pasó el viernes) y bajando las escaleras oigo detrás mío voces femeninas muy jóvenes. Hablan en catalán. De pronto, un tío sube como un burro, empujando a todo quisque y sin respetar nada; tampoco a mí, claro está. Me dispongo a dar media vuelta para cagarme amplia y sonoramente en su padre, pero alguien se me adelanta: «¡A ver si miras por donde vas, mamón, gilipollas!». Es una de las chiquitas que bajaban detrás mío. Ahora veo que son tres y la que ha increpado al fulano es una mulatita, preciosa por cierto. Aparenta unos dieciséis o diecisiete añitos pero, conociendo la velocidad a la que se desarrollan estas chicas, es fácil que no pase de catorce, que es la edad que, más o menos, aparentan las otras dos que van con ella. Y después de ciscarse en el capullo atropellador, continúa hablando en catalán con sus colegas; un catalán nativo, de lengua materna. Sin embargo, al botarate lo ha abroncado en castellano. Y es que, déjense de hostias, para insultar o imprecar como es debido, nada como el castellano: la diferencia entre un tenue collons y el feroz estampido de un cojones como dicho por un soldado del Duque de Alba, vaya, es notoria. Como alguna vez he dicho (y la expresión no es mía, se la oí a un viejo legionario un tanto picado de vete a saber qué), España se escribe con Ñ de coño.

Inicialmente me hago un planteamiento sobre ese ambilingüismo que todos los lingüistas sapientísimos niegan, empeñados en que siempre predomina una de las lenguas sobre la otra y van y me lo dicen a mí, hijo de catalán y asturiana al que hablaban en ambas lenguas desde que echó la primera cagada. O antes. Que piensa en castellano cuando habla castellano y en catalán cuando habla en catalán. Se ve que no existo. Y que tampoco existen mis hijas, de madre aragonesa, y con las que lo propio.

Pero no era por aquí por donde quería yo llevar la cosa ahora. La quería llevar a que me viene a la memoria un artículo de Pérez-Reverte, escrito al hilo de una situación parecida y que… Bueno, mejor lo leéis vosotros mismos.

Y ojalá el tiempo le dé la razón.

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Comentarios

  • jrem  On 25/06/2012 at .

    la riqueza del castellano es dificilmente superable 😉

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