Nacionalismo vomitivo

De la serie: Esto es lo que hay

Cuando, a partir de cierta edad, más se encierra uno en la creencia de que ya lo ha visto todo, más se empeña la realidad en venir a atizarle en las narices. Lo de ayer, es decir, el numerito calzoncillero de la roja, es la muestra.

En parte, ya me lo temía, claro. Esperaba firmemente, ansiosamente, con fe de pionero del Mayflower, que la selección española de la cosa esta de la puta pelota, integrara el escenario de la realidad nacional y volviera por sus fueros más clásicos y tradicionales, es decir, el ir a parar a la fosa séptica en octavos o, a todo estirar, en cuartos. Tuve una leve esperanza en el partido con Portugal, cuando los tuiteos me confirmaron lo que parecían indicar los numerosos rebuznos de desesperación de amplios sectores del vecindario, es decir, que se iba a ventilar la convocatoria en los penaltis, de modo que invoqué a los dioses del gafe para que se volcaran sobre la gente esa. Pero no: se volcaron sobre mí y, bien, el resultado es sabido.

Lo de ayer me lo temía. En Barcelona, para desesperación del nacionalismo barretínico, hacía días que habían empezado a aparecer banderas españolas en los balcones; no tantas como con el mundial (aunque hoy todavía no he visto muchas fachadas y las banderas suelen aparecer después) pero un número bastante considerable. Pero es que el sábado estuve en Madrid, con ocasión de la asamblea anual de la Asociación de Internautas y aquello era un baño rojigualdo y ya no sólo los balcones, sino también los coches, los escaparates… en fin, todo.

Anoche se consumó la catástrofe, como ya es sabido, y la presión del anestésico se multiplicó por cuatro. Bien, eludo comentarios sobre el espectáculo incívico que se vivió en los alrededores de mi domicilio (que imagino similar en casi toda Barcelona y aún multiplicado en el resto de España), no sin constatar la bula de que disfruta en espectáculo calzoncillero en cuestión a la hora del incivismo tan perseguido en cualquier otra manifestación lúdica o etílica.

Esta mañana, oyendo la radio y la lectura de los titulares de prensa y del programa de festejos para esta tarde, veo que se cumple la peor de las previsiones: un espectáculo de nacionalismo alpargatero y de pandereta al perfecto nivel -juro que no exagero en mi percepción- de los tiempos de Paco el Invicto.

Miles, millones, de botarates proclaman desvergonzadamente a voz en grito -en muchísimos casos, con una alta saturación alcohólica- su orgullo de ser españoles. No es que tenga nada contra el orgullo de ser español, pero me pregunto qué lo justifica: ¿que once tíos -más suplentes- en paños menores han metido más balones en una portería que otros once -más suplentes- que llevaban los calzoncillos de otro color? ¿Ese es el orgullo de ser español? Yo diría que, como mucho (como demasiado, sin duda), ese orgullo podrían tenerlo los once en cuestión pero… ¿los demás? ¿Qué acción colectiva, qué logro general, qué aportación verdaderamente popular hemos realizado los españoles en este último mes -por no pasar de este último mes- al bienestar y a la gloria de la Humanidad? ¿Haber pagado con nuestros sufridísimos impuestos los 300.000 euros que se van a llevar todos y cada uno de los pateadores de balones? ¿Nos quejamos de los recortes que nos está metiendo este Gobierno delegado de la Merkel y nos parece la mar de bien que esos tíos cobren por dar puntapiés muchísimo más de lo que ganan en un año unos muy pocos profesionales o dirigentes empresariales de altísima cualificación? Porque aunque llegaran a entregar esos 300.000 a no sé qué ONG, tal como se les ha propuesto (que dudo de que lo hagan), ello seguiría sin justificar esa pastísima: para decidir si se da o no se da y lo que se da a no sé cuántas ONG, ya está una de las crusesitas de la declaración de IRPF. Eso sin contar lo del fraude fiscal legalizado: si tributan en Polonia, cuenta como si lo hubieran hecho aquí, y en Polonia pagarán un 20 por 100 de esos 300.000, muy por debajo de lo que hubieran pagado aquí. Orgullo de ser español, sí. Por los cojones.

Casi seis millones de parados, este es el orgullo de ser español. Que mientras los once de la pelota andaban a vueltas con los tiros a puerta, el Gobierno nos tomaba el pelo descarada e indisimuladamente aprovechando el orgullo de ser español de centenares de miles de cretinos para anunciarnos tres enculadas, tres, seguidas y sin respirar: vaya, hombre, ruedas de prensa a las nueve y media o diez de la noche. Los españoles orgullosos somos así, señora, y así llevamos el agujero del culo.

Orgullo de ser español debe ser que los sinvergüenzas de la banca nos la hayan dado con queso, nos hayan endiñado la estafa más enorme que vieron los tiempos y nosotros ni chistemos. ¡Valiente orgullo de mierda! ¿Dónde está el orgullo, so gilipollas?

Orgullo de ser español debe ser que, sobre tener una mierda de educación y una mierda de niveles de investigación, ahora les han metido un recorte presupuestario de miedo (verdaderamente de miedo) y aquí sólo protestamos, bah, los inconformes de siempre, esos que nunca encuentran nada bien, como si ya no se pudiera seguir yendo al bar y tomar una o dos cervecitas, precisamente ahora, que han llegado los chinos y las están dando casi a precio de supermercado (ellos, por cierto, sí que tienen algún motivo que otro para su orgullo de ser chinos, si es que lo tienen).

Y no: no tenemos absolutamente ningún derecho a disfrutar de ninguna evasión, a olvidarnos por un ratito de nuestros problemas, ni a ninguno de los demás tópicos. Estamos en la mismísima mierda, con orgullo de ser español y todo y no tenemos moralmente ningún derecho a evadirnos de nada, al contrario: muchísimos centenares de miles de españoles están pasando unas angustias tremendas, están luchando no por tirar adelante, no, están luchando cada hora, cada puta hora del día, para lograr un plato de comida siquiera para sus hijos. ¡Que tenemos gente durmiendo en la calle, cabrones! ¡Que cada día desahucian a más de doscientas familias, imbéciles! ¡Que los comedores sociales públicos y privados están abarrotados, que los bancos de alimentos tienen los anaqueles temblando, que Cáritas no da el abasto, gilipollas de mierda!

¡Orgullo de ser español! Id eructando vuestra cutre cerveza agriada en la peptina de vuestra estupidez, de vuestra inconsciencia (la misma inconsciencia que, a base de comprar todoterrenos como tanques y pisos de 300.000 euros, nos ha llevado a la actual miseria, so sobrados), id enorgulleciéndoos de ser como cerdos revolcándose de placer en una charca de mierda.

Lo que siento yo, lo que a mí me corroe hasta la putrefacción hepática, es una profunda y gigantesca vergüenza de ser español.

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Comentarios

  • Jordi  On 02/07/2012 at .

    Esta semana (o la siguiente, es igual) nos cascaran aumento de IVA y el enésimo recorte de derechos sociales. Mira que me gusta el fútbol (verlo y jugarlo, más mal que bien) pero tanta estupidez clama al cielo.

  • Carolina  On 02/07/2012 at .

    Sinceramente creo que con este tema se pasa un poco. Yo creo que sí tenemos derecho a un respiro del ambiemte opresivo que nos rodea (que también los parados y los deshauciados ven el futbol y se ovidan por un rato de su miseria), aunque sea un respiro falso y sin fundamento. El espíritu necesita un cierto descanso si no queremos acabar tirándonos todos por una ventana. Diría que es hasta una necesidad fisiológica. Eso, por no hablar de que este espectáculo calzoncillero, como tú dices, mueve un montón de pasta, que normalmente no se movería, sólo había que ver como estaban ayer los bares. Además, mal que le pese, esto mejora nuestra imagen en el exterior y por lo menos, por una vez en los últimos tiempos, no salimos en la prensa Europea como la siguiente Grecia.
    ¿Qué es una verguenza que cobren 300.000 € de prima? Sí.
    ¿Que todo el negociado este del futbol es una mafia que habría que erradicar? Sí.
    Pero llamar al personal gilipollas, idiota o imbécil porque, por un rato, no estén mesándose los cabellos por la desgracia que nos rodea sinceramente me parece cruel, innecesario e injusto.
    Yo ayer ví el partido, mientras me tomaba unas cervecitas con la familia, canté los goles, disfruté con el juego y hoy he venido a trabajar como todos los días. Y no se ha hundido España.

  • starblank  On 04/07/2012 at .

    Me parece que ha retratado usted muy bien el sentir de una pequeña, muy pequeña parte de la población, a la que se le revuelven las tripas cada vez que oye ¡gooooooooool! ¿¡Gol, de qué!? ¿de Merkel? Así nos va.

    Don Javier, si piensa usted que esto va a cambiar algún día, esta muy equivocado, que esto es España. Yo, de momento, sigo practicando el inglés.

    Saludos y ánimo

  • asmpredator  On 06/07/2012 at .

    George Orwell, 1984

    RESULTA PATÉTICAMENTE ACTUAL ESTE TEXTO.

    “No era deseable que los trabajadores tuvieran sentimientos políticos intensos. Todo lo que se les pedía era un patriotismo primitivo al que se recurría en caso de necesidad para que trabajaran horas extraordinarias o aceptaran raciones más pequeñas. E incluso cuando cundía entre ellos el descontento, como ocurría a veces, era un descontento que no servía para nada porque, por carecer de ideas generales, concentraban su instinto de rebeldía en quejas sobre minucias de la vida corriente”

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