Macarrones

De la serie: Esto es lo que hay

Los barceloneses estamos cagados de miedo con el asunto del putiferio de Eurovegas. Todos, menos cuatro interesados -hablaremos de ellos- y cuatro panolis que se creen el cuento de la lechera que se está fabricando. Algo, sin embargo está cambiando en todo este asunto: si antes CiU lo enfocaba con prepotente chulería (no nos podemos permitir el lujo de prescindir de Eurovegas), ahora, evidentemente sorprendidos por la potente reacción cívica contraria, han bajado el tono (bueno, en realidad, no va a ser algo tan extenso, sino más bien focalizado, geográficamente muy puntual). Pero siguen detrás de ello.

Con muchísima menos frecuencia de la que me gustaría, voy de cuando en cuando a hacer un poco de spotting al aeropuerto de Barcelona. Yo no sé si habrá en España, y en el mundo, muchos aeropuertos con un entorno natural, agrario y urbano tan asequibles, tan agradables y tan bien ligados, como una buena mayonesa. Toda la parte este, oeste y sur (orientaciones aproximadas, sólo en términos convencionales) que rodea el aeropuerto constituye, entre espacios naturales, playas y zonas de recreo, bien amalgamados con grandes extensiones de huerta, una gran zona de esparcimiento ciudadano. Incluso el cementerio del Prat y el tanatorio anexo, pegados prácticamente al margen norte de la cabecera de la 25R son casi imperceptibles para quienes no sepan que están allí. Se comprenderá, pues, que el simple hecho de ir por aquellos lugares, aún antes de haber dado rienda suelta al disparador de la cámara, es un verdadero placer: un entorno agradable, familias paseando con sus pequeños en un ámbito entre natural y urbano absolutamente seguro, ciclistas deambulando pacíficamente por pistas adecuadas, sin molestar y sin ser molestados, gente haciendo jogging, todo ello en espacios muy abiertos (agorafóbicos, abstenerse), verdes, y de una gran belleza. No hay otra molestia (para aquel a quien moleste) que el ruido de los aviones, aunque, en zona de aterrizaje, no es tan ensordecedor. Hay uno o dos merenderos en los que es frecuente ver a parejas o familias haciendo picnic (o lo que sea, ejem) y amplias zonas de estacionamiento gratuito de vehículos, y, en fin, salvo por el ruido, es un remanso de tranquilidad y de buen rollo. La zona es, además, segura en lo que a delincuentes se refiere, gracias a las frecuentes patrullas de la Guardia Civil y de la Policía Municipal del Prat, que vigilan el entorno aeroportuario (aunque dicen que por la noche puede haber sus más y sus menos, pero, en todo caso, nadie utiliza ese entorno como área recreativa en horas nocturnas). Por el lado sur están las extensas playas del Prat que empalman con las de Gavà y Castelldefels y por el oeste hay un entorno de estanques que hacen las delicias de los naturalistas. Sólo el lado norte tiene un tramo urbano: la terminal antigua (T-2), sus accesos y la autovía (la T-1 está integrada en el núcleo mismo del aeropuerto), pero salvados estos obstáculos hormigoneros, se entra en el mogollón de lo que se llama Parc Agrari del Baix Llobregat, es decir, los extensísimos campos de cultivo hortofrutícola que proveen a la ciudad, en buena medida, de productos de excelente calidad, muy apreciados y fácilmente asequibles en los entornos de todos los mercados de Barcelona (solemos denominarlos «las paradas de los payeses» y, efectivamente, suelen serlo, procedentes del Baix Llobregat -fundamentalmente del Prat- y del Maresme).

Pues bien: es ahí, justamente en ese sector agrícola feraz y espléndido, donde CiU quiere colocarnos el imperio macarra. Y es más que evidente (absolutamente innegable, salvo para quienes se obstinan interesadamente en negar lo que es más que evidente), que no sólo la parte norte directamente afectada, sino todo el entorno aeroportuario se verá afectado por el macrogarito, con sus secuelas matemáticamente impepinable: putas, camellos, navajeros, yonquis y toda la fauna que habitualmente subsigue a la concentración de tragaperras. Adios al spotting, adiós al ciclismo, adiós al jogging, adiós al picnic, adiós al paseo tranquilo y relajado, adiós al naturalismo (los spotters aeronáuticos compartimos en perfecta armonía estos espacios con los spotters de fauna). Adiós, y eso es importante, a un productivo sector de la agricultura periurbana catalana. Y los vecinos de Gavamar, los de la bronca por el ruido de los aviones al despegar, añorarán pronto las épocas en las que su único problema era el ruido de los aviones al despegar; como los ecologistas añorarán la época en que todo el problema de la zona era la tercera pista del aeropuerto.

Lo malo es que, si dejamos que esa barbaridad se lleve a cabo, no habrá vuelta atrás: la transformación de la zona y su subsiguiente degradación serán inmediatas e irreversibles. El aeropuerto pasará de estar ubicado en un entorno natural magnífico a hallarse enclavado en un barrio marginal, lumpen y completamente degradado.

Naturalmente, CiU ha afinado al máximo su coral de cantos de sirena: los puestos de trabajo -directos e indirectos- la recaudación fiscal del invento, el atractivo turístico y todo el resto de la cagarela. No dice la parte negra del asunto: que los puestos de trabajo serán una mierda precaria y poco o nada especializados, que el mafioso en jefe va a invertir realmente muy poco porque todo va a montárselo con créditos de esos que acabamos pagando nosotros vía rescate y que, además, serán seguramente blandos (es decir, con subvención por vía de presupuesto público), que el turismo que atraiga (que está por ver) no será de calidad sino de la más rastrera alpargata, que va a pagar muchísimos menos impuestos de lo que hasta ahora lo hacía el juego y un etcétera inacabable que pasa por toda la nueva fauna que he descrito para el entorno aeroportuario… y eso si se queda ahí, que lo dudo. Es la persistencia en un modelo odioso que no nos lleva a ninguna parte: ningún país desarrollado desdeña la aportación al PIB que procede del turismo, pero es, en todos los casos, una industria tan apreciada como secundaria. Francia o Italia, obtienen muchísimo dinero del turismo; sin embargo, su desplome ene sos países, si bien causaría problemas económicos graves, no supondría ni mucho menos su ruina. ¿Puede decirse esto de España? Ni hablar: todos sudamos frío pensando en lo que nos pasaría si el turismo se nos desplomara, y más después del desplome del ladrillo. Todos queremos huir de ese modelo. Y, sin embargo, CiU aquí, y la lideresa del PP allá en Madrid, nos lo quieren imponer a la trágala.

Lo de Eurovegas es una verdadera vergüenza, se está negociando sobre la base de una auténtica bajada de pantalones y Mas y Aguirre están compitiendo para mostrarle al gángster quién se los baja más rápido y quién tiene el culo más apetecible (y huelga decir que el culo, claro, es el nuestro, el de los ciudadanos). La pretensión de ese sujeto infame de que se modifique a su gusto y ganas un montón de leyes que van desde la anti-tabaco hasta las que determinan el régimen laboral y fiscal, pasando por una buena parte de la normativa urbanística, tanto de la general como de la concreta para las zonas candidatas, es absolutamente insultante, nos está tratando como a los países africanos de subdesarrollo más abyecto y esos dos mean colonia por hacerse gratos a ese pájaro. Es lo de Bienvenido míster Marshall pero en cutre, en más cutre aún. Es para imaginarse al inolvidable Pepe Isbert, sustituyendo el sombrero cordobés por una barretina, pero sin tocar ni un milímetro el gracioso (y sarcástico) guión de la película de Berlanga.

¿Quienes -además de Mas- mean colonia con el invento? En primer lugar, los hoteleros, claro, que son el verdadero poder fáctico de la Ciudad Condal: sus deseos son órdenes para el poder autonómico y municipal: quieren Eurovegas (y habrá Eurovegas), quieren comercio los festivos (y habrá comercio los festivos)… En este mismo blog he ilustrado en innumerables ocasiones cómo al toque de pito de la hostelería local, el alcalde comparece raudo y en posición de firmes, presto a satisfacer sus exigencias. Incluso el urbanismo barcelonés se ha hecho, durante años, a su medida. Y que hacen lo que les da la gana es tan claro y diáfano como ir a observar la marranada que el Bofill nos ha plantado en un extremo del puerto.

En segundo y más marginal lugar están algunos payeses que creen que se van a enriquecer vendiéndole sus terrenitos al tahúr como si éste tuviera la menor intención de pasar por aquí sembrando billetes de 500. Ni hablar: habrá un expediente de expropiación y habrá un justiprecio que no hará rico a nadie, ni aún después de las decenas de contenciosos administrativos que el asunto pondrá en marcha. Patrimonios familiares centenarios, se irán al garete por cuatro euros y medio.

En tercer lugar, los panolis que se creen los cantos de sirena de CiU y los cuentos de puestos de trabajo ubérrimos y generosos. Sí, la timba esta va a terminar con el paro en Catalunya, sí, espera y no corras…

En cuarto, último y no menos seguro lugar, todos los mafiosos de segunda y tercera división (el de primera ya sabemos quién es) que se están frotando la manos a la expectativa de un negociazo de aquí te espero: putas, droga, blanqueo de montones de dinero (en pequeñas porciones: las grandes, también sabemos quién las va a blanquear, aparte del propio invento en sí mismo ¿eh, señores banqueros?), sicarios, tráfico de armas… Un paraíso, vaya. Menuda alegría para el PIB.

Aunque la opinión en contra de ese tugurio (ese puticlub, como tan acertadamente ilustraba este fin de semana nada menos que Felipe González) se va extendiendo y está intelectualmente sostenida por plumas importantes, hay que seguir extendiendo y presionando, hay que radicalizar la resistencia ciudadana contra esa barbaridad. No sólo en Barcelona: en Barcelona, en Madrid y en cualquier parte de España en que se quiera cometer tamaña animalada.

Si Eurovegas se instala en España, en cualquier punto de España, la derrota cívica será tan grande y humillante que debería alcanzar proporciones históricas. No sé si la Historia podrá resaltarla en medio de tanto fracaso, de tanta estafa, de tanto engaño y de tanta tomadura de pelo, pero lo de Eurovegas merecería ocupar el mismo anaquel en el recuerdo colectivo que el asunto aquel del estraperlo.

Que también empezó con una ruleta.

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Comentarios

  • Jordi  On 11/07/2012 at .

    El tema éste es el enésimo guión para una peli de Berlanga. De continuar con nosotros, el ilustre cineasta tendría centenares de guiones gracias a la corrupción y estupidez de nuestros políticos. Eurovegas tiene todas las luces de acabar como el rosario de la aurora y deseo para los catalanes y para los madrileños que esta mierda no se construya jamás. La última perla que oí es que uno de sus jerifaltes dijo que “tenían que buscar financiación”. Anda y que os den.

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