Els altres… estelats

De la serie: Esto es lo que hay

Durante la cena del 11 de septiembre (ya sabéis, la Diada, la gran mani independentista…), con el telenotícies de TV3 alborotando como queriendo reproducir el «Exodus» de León Uris en la Via Laietana, mis hijas eran presas de una inquietud cierta y me formularon la pregunta que sin duda se formuló en muchísimos miles de hogares catalanes: «papá, si Cataluña se hiciera independiente ¿qué haríamos nosotros? ¿Nos iríamos o nos quedaríamos?».

La pregunta tiene su miga.

Irnos de Cataluña representaría establecernos en una España (más apropiadamente Ex-paña, en esa situación) que miraría a los catalanes exiliados con una enorme desconfianza; por más que uno hubiera abandonado el país escindido, siempre pertenecería a esa raza de renegados que rompió [con] España. Y excuso decir como algunos mantuviéramos la costumbre de hablar entre nosotros en catalán (como yo con mis hijas, por ejemplo). Por no hablar de lo a gustito que se debe vivir -catalán o no, pero sobre todo catalán- en el espacio geográfico de la versión más radicalizada del nacionalismo más casposo, el del toro coñaquero.

Por otra parte, si uno es conocido como no-independentista o como anti-independentista (y, cada uno en su ambiente, en casa lo somos todos) quedarnos en una Cataluña independiente tendría sus… incomodidades. En parte, por lo mismo, pero a la inversa. Pero es que aquí quizá habría algo más… Ya hay síntomas.

Hay un pájaro, un tal Joel Joan, que, además, es presidente de la Academia Catalana del Cine (o algo así), que ya anda repartiendo sambenitos: dice el fulano que, cuando se le dé la vuelta a la tortilla (es decir, cuando Cataluña sea independiente) el que no sea independentista será un traidor. Tal como suena. Y el contexto, en el enlace, que no se diga… De modo que ya hay quien está recortando estrellas amarillas. Y por eso decía que los no-independentistas o anti-independentistas conocidos tendremos una vida bastante incómoda en la supuestamente paradisíaca Cataluña independiente. Y ojalá la palabra adecuada sea, en el peor de los casos, esa, incómoda y no otra más luctuosa. Porque como también dice Joan -atención siempre al contexto- los que nos van a amargar la vida en mayor medida quizá no sean los soberanistas, los independentistas de socarrel de toda la vida, sino los conversos que, en toda ideología y en todo movimiento más o menos revolucionario, son los más temibles. A Lorca no lo asesinaron los falangistas (al contrario, Luis Rosales removió Roma con Santiago, aún a riesgo personal propio, para salvarle la vida) sino los de la CEDA, que acababan de descubrir el Cara al Sol que más calienta.

No me extrañaría que, tal como dice Joan, los más ardorosos e ígneos llamamientos a la feroz represión de elementos españolistas procediera de medios otrora -y aún hoy- monárquicos y juancarlistas a machamartillo. Empezando la represión, como suele suceder, por los renegados propios, y ahí lo tendría yo claro: es verdad que soy hijo de asturiana, pero la catalanidad de mi familia paterna se pierde -documentalmente- en el siglo XV. Malo.

Esperemos que no llegue la sangre al río, pero el libro de Historia está hasta arriba de represalias, de exilios y de muchas cosas aún peores que sufrieron personas que esperaron en su día que la sangre no llegara al río. Y no concreto ejemplos porque no tengo ganas de armar escándalo, pero seguro que en la mente de todos aparecen, raudos, unos cuantos.

Otro motivo más para oponerme a esta independencia que, por lo demás, no es sino una loca huida hacia adelante que va directamente al precipicio. Porque no es otra cosa que una huida hacia adelante.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente -dos dedos, no más- ve que, tal como están los números -en Cataluña y en el conjunto de España-, tal como está la situación, el pacto fiscal, la foralidad económica al modo vasco o navarro es absolutamente inviable, por más legítima que sea como aspiración. ¿Por qué no se planteó el órdago del pasado día 11 cualquier otro 11 de hace, por ejemplo siete u ocho años, cuando se ataban los perros con longanizas -al menos oficialmente- y cuando, además, en la Moncloa había un pelanas balbuceante capaz de pasar por cualquier aro con tal de seguir pareciendo bonito y buenrollista. Sí, dio por el saco en el tema del Estatut que él iba a a apoyar, pero eso sólo da la medida de lo que había en la plaza de Sant Jaume y, además, ese Estatut nunca constituyó -visto aquel entonces- una aspiración popular generalizada. De hecho, en el referéndum, se abstuvo prácticamente la mitad del censo.

Y como es imposible el pacto fiscal (Rajoy no podría acceder ni aunque quisiera, ni siquiera en el enteléquico supuesto de que el PP estuviera de acuerdo), pues nada, tiramos p’alante y a por la independencia. De locos. De locos, no, vaya, de listos que quieren ponerle una espesa cortina de humo a su fracaso y a su entrega incondicional a intereses que no son los de su ciudadanía. Que no hay ninguna diferencia, ninguna, ojo, entre CiU y el PP. Sabemos, además, la frecuencia con que han ido de la mano. Y no hace tanto. ¿A quién quieren engañar?

Pero, bueno, adelante, pues, con el referendum, a ver qué pasa. Pero ojo: nada de referendums à la quebecoise, Se hace un referendum, y a lo que salga, sea lo que sea. Y no se vuelve a hablar de referendums hasta pasados cien años, por lo menos. Porque el truco made in Quebec está muy visto: un referendum hoy y, si sale negaivo para la independencia, al cabo de diez años, después de una carraca ensordecedora, otro. Y si sigue negativo, diez años más y otro más. Y juégate algo a que, el día que salga positivo, se proclama la independencia y se acabaron los referendums.

Por eso no hay cojones con el referendum: saben que saldría negativo, que el «NO» a la independencia sería no sólo mayoritario sino masivo. Gritar en la calle o en las encuestas, cuando, además, se está poseído por una justa ira contra la situación que se está sufriendo, es una cosa. Votar a favor de una incertidumbre enorme, es otra muy distinta. Como decía Guareschi en uno de sus camilos, «en la soledad de la cabina, Dios te ve y Stalin no». Aquí, ni Dios ni Stalin vienen a cuento, pero sí viene a cuento una presión mediática que cuela, falsa pero convincentemente, como presión social. Que se deshincha como un globo pinchado ante el voto secreto.

Y por eso montan la de la puta y la ramoneta, como tan bien decía hace pocos días Jordi Pujol, (aunque en sentido inverso): no vamos a organizar un referendum, vamos a adelantar las elecciones, en cuya campaña electoral CiU et alter incluirán el soberanismo en sus programas (ya veremos de qué modo, pero esa será otra historia); y si todos juntos suman mayoría, ya tendremos el referendum por la independencia aprobado. Qué salaos.

Dicho sea todo ello sin perjuicio de lo que decía en el artículo anterior: que el sentimiento de injusticia social, territorial (y, sobre todo, personal) que subyacía en la gran manifestación del pasado día 11 (y que, en algunos aspectos, comparto) no debe desdeñarse y que será un error enorme hacerlo. Y me remito, especialmente, a mi propia visión personal, expresada en ese artículo y en tantos otros, de la relación entre Cataluña/catalanes y resto de España/resto de españoles. Una relación que debe ser revisada a fondo, muy a fondo. Porque es también la visión de muchos catalanes (no pocos de ellos también de socarrel) que forman parte de esa mayoría silenciosa que el pasado martes no se manifestó. Pero que no se llame a engaño la bronca del toro coñaquero: no dejamos de manifestarnos a beneficio de la visión mesetaria y alicorta de España; dejamos de hacerlo porque percibimos que el maximalismo independentista, que otro nacionalismo igual que el que odiamos, sólo que con otra bandera y otro dibujo de fronteras, no es la solución. No lo es para nadie. Pero que nadie crea tampoco, ni ahora ni cuando dentro de unas semanas o meses el humo escampe, que nos hemos quedado en casa para que todo siga igual..

Porque si alguien lo cree así, es probable que, en muy pocos años, sean (seamos, quizá) muchos menos, muchísimos menos, los que se queden en casa.

Y que las cosas rueden, entonces, de otro modo.

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Comentarios

  • jemarba  On 17/09/2012 at .

    Yo me hago una pregunta desde Madrid. En una posible Cataluña independiente. ¿Que bandera se elegiría como “oficial”, la derivada de la de Aragón (actual señera); la de las barras con el triángulo amarillo y la estrella roja de 5 puntas o su variante de triángulo azul con estrella blanca de 5 puntas?. En el caso de las provincias vascas está claro, la imitación de la bandera británica que se inventaron hace unos años. Yo, cuando veo las noticias con reportajes o fotografías desde aquí no entiendo que se pida una posible independencia siguiendo a tres banderas, me suena a coña. Por cierto, tengo unas enormes ganas de viajar pronto a Barcelona y registrarme en el hotel presentando mi pasaporte español (aunque ahora lo puedo hacer, pero no me supondría lo mismo que hacerlo en una Cataluña independiente de España).

  • Manuel  On 17/09/2012 at .

    Lo cierto es que tienes razón en el pensamiento, de cordura y entendimiento entre personas, que destilan tus dos artículos y que creo que compartimos los que formamos esa mayoría silenciosa (en Cataluña y en España). Lo lamentable es que los extremos nacionalistas de uno y otro lado ensordecen con gritos esa aspiración de equilibrio y respeto en las relaciones entre personas que deseamos (así lo creo) esa mayoría. Saludos

  • jemarba  On 19/09/2012 at .

    Además no deja de ser interesante que en una Cataluña independiente, pero no miembro de la UE, ni adherida al tratado de Schengen, los trenes Ave tuviesen que detenerse en la Franja tiempo suficiente para que los Mozos de Escuadra o la Guardia Civil, controlasen los pasaportes de los viajeros. Yo desde luego exigiré que me lo sellen para acreditar mi paso por allí. Ese tiempo podrá también emplearse para efectuar cambio de moneda ya que la moneda oficial de Cataluña independiente supongo sera la ramoneta.

    • carlos  On 19/09/2012 at .

      el tiempo de espera será el mismo que se hace en andorra, como supongo que no sales de la meseta, te puedo decir que es cero patatero, lo mismo que la moneda, si un día te subvencionan un viaje a suiza podrás utilizar tus euros con un comisión, la misma que te aplicaremos cuando vengas al hotel con tu pasaporte ejpanyol, que ganas tengo de desprender esa garrapata hispánica

      • jemarba  On 20/09/2012 at .

        Tomo nota, pero como sabes, Andorra, está coadministrada, por el Presidente de la República Francesa y el Obispo de Seo de Urgel, por lo que en un caso, hipotético, de independencia de Cataluña de España, las condiciones de frontera de Andorra podrían posiblemente cambiar. Además tengo entendido que Andorra, con Cataluña, no tiene comunicación por tren de Alta Velocidad (por favor, corrígeme si me equivoco). Parece que olvidas que en en momento, hipotético, que Cataluña fuese independiente de España, tendría condición de “tercer” país para la UE, con lo cual, desde luego, las condiciones de paso serán diferentes a las que mencionas. Finalmente, decirte que mejores, tanto tu lenguaje, como tus expresiones, el insulto no te da más razón.

  • Monsenyor  On 19/09/2012 at .

    Como siempre, impecable.

  • Jordi  On 19/09/2012 at .

    Javier, ¿no estás sacando las cosas un poco de madre? Y lo siento, pero el rollo de “la Catalunya silenciosa” me parece un mito del no-nacionalismo español que no se tiene en pie ni con pilares de piedra. “Había centenares de miles de catalanes en la calle pero la mayoría estaba en su casa porque son no-nacionalistas”. Sí, también había centenares de miles de personas protestando contra la guerra de Irak o en las manis del 15M. Y “la mayoría silenciosa” estaba en casa, supongo porque la guerra o los recortes sociales ya les parecían bien.

    Por favor, basta ya de los discursos del miedo que tan bien maneja el PPSOE: que si nos van a cerrar las fronteras, que si tendremos que comer carne humana…

  • Javier Cuchí  On 19/09/2012 at .

    Jordi, no sé en qué te basas para considerar directamente un rollo y un mito lo de «la Catalunya silenciosa». Pero, en todo caso, la cosa tiene fácil arreglo: un referendum, como digo. Pero un referendum directo, a «SÍ» o a «NO» y no, como sospecho que van a intentar, meter la independencia en los programas electorales y si la suma les sale (ojo al condicional) decir que las elecciones han sido un referendum y que adelante con los faroles. Eso sería trampa y la trampa en estas condiciones, en estas circunstancias, puede ser física, materialmente, muy, muy peligrosa.

    ¿Discursos del miedo? Pues no sé, pero, como también digo, yo sólo he visto la palabra «independencia», y ésta, en sí, dice poco. Puestos a la independencia quiero ver antes hojas de ruta, proyectos constitucionales. Porque los riesgos enormes que supone la independencia (y no estoy pensando en los tanques sino en la economía y en el futuro a medio y largo plazo) no deben ser ocultados a la ciudadanía, a la que se está haciendo creer que en cuanto España deje de robarnos, esto va a ser la Suiza del Mediterráneo y un paraíso de hiperdesarrollo. Y un jamón. En todo caso, tengo muy claro que para seguir igual y con los mismos, se pueden meter su independencia por el culo, pero bien hasta arriba. Y sospecho que todo va a seguir igual y con los mismos (si no de qué estarían ahí echando sus órdagos).

    No quisiera cerrar este comentario sin dar mis más efusivas gracias al vigente monarca por la valiosísima ayuda que ha prestado al independentismo con su salida de pata de banco. Gracias a usted, Borbón, los catalanes que no somos partidarios de la independencia lo tenemos hoy un poco más crudo. Si todos los que defienden a España son como usted, la independencia de Catalunya no vendrá por escisión sino por explosión de todo lo demás. Artista.

  • Jordi  On 25/09/2012 at .

    Cuando hablo de la “Catalunya silenciosa” hablo de que no es de recibo quitar legitimidad al huevazo de gente que se manifestó el día 11 con el arfumento de que “la mayoría de catalanes de quedó en su casa”. Por otro lado, coincido en que si el modelo de estado independiente catalán ha de ser una copia de los vicios y corruptelas del español, muy mal vamos.

    Y sí, gracias al PPSOE y al blogger JuanCa el independentismo tiene carburante para rato.

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