Leyendas negras y eficiencia pública

De la serie: La cueva del burócrata

El viernes (repito: viernes) 21 de septiembre, entré en el registro de mi trabajo (Generalitat de Catalunya) la solicitud de pensión de viudedad de mi madre dirigida al INSS, aprovechando que la Ley 30/1992 me permite interactuar con una administración determinada desde cualquier otra administración (previo convenio, en el caso de las municipales).

El lunes 1 de octubre (9 días después) el INSS me comunica mediante SMS que el expediente de pensión de viudedad de mi madre está resuelto favorablemente. El viernes 5 de octubre (14 días después de la solicitud, presentada, insisto, en la Generalitat de Catalunya) llega a casa de mi madre el aviso de Correos para hacernos entrega del documento de notificación de la resolución que, efectivamente, recojo hoy, 8 de octubre. La resolución del INSS es de 28 de septiembre, justo, fecha por fecha, una semana después de la presentación de la solicitud, insisto que en la Generalitat de Catalunya. Es decir, en una semana, la solicitud salió de una oficina de la Generalitat de Catalunya, llegó al INSS, pasó la correspondiente supervisión administrativa y técnica y se resolvió. Una pensión de viudedad, pasta perpetua para mi madre mientras viva. No es ninguna alegría de pensión, pero pueden tener que pagarla durante muchísimos años. Y el expediente se resuelve en los días laborables de una misma semana.

Esa es la tan cacareada ineficiencia pública.

Mi padre murió el 22 de julio de este año. Desde entonces, llevo estos dos meses y medio batallando con dos mutualidades privadas que no paran de pedirme papeles y más papeles, certificados y más certificados, gilipolleces y más gilipolleces, que después habrán de ser estudiadas, cual si fueran una tesis doctoral o grave cosa parecida, por los servicios jurídicos. Y así estamos a fecha de hoy porque aún no tengo ni resolución, ni pago, ni una mierda.

Esa debe ser la tan famosa y alabada eficiencia del sector privado del que, dicen, debería aprender el sector público.

O sea que me cago y me recago en el sector privado, me cisco en su mierda de trabajo, de improductividad y de ineficiencia, me paso por el culo sus porquerías de atención al cliente, su desconsideración hacia el mismo (en ambos casos después de más de cincuenta años de cotización, que se dice pronto) y en la calidad de su presunto servicio.

Compañeros funcionarios y demás empleados públicos: dejad que los perros ladren y sigamos cabalgando al galope, que está claro que lo sabemos hacer y muy bien.

No como otros.

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Comentarios

  • Jordi  On 10/10/2012 at .

    Al César lo que es del César. Hay que ser constructivo y reconocer las virtudes del sector público y del privado y atacar las deficiencias de ambos. En todo caso, mal vamos cuando la sanidad o las pensiones dejan de ser un servicio público para ser únicamente un negocio.

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