Las posibilidades de ahí debajo

De la serie: Esto eslo que hay

¿Qué quiere decir esta expresión tan de moda ahora de Vivir por encima de las posibilidades [de uno]? «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» nos dicen reprochándonos dispendios sin cuento. Y yo me pregunto: ¿quién ha vivido por encima de sus posibilidades?

«Por encima de sus posibilidades» habrá vivido quien, en su contabilidad personal o familiar, tenga un saldo deudor vencido. Son, para entendernos, y entre otros, los desahuciados hipotecarios: pidieron un crédito que no han podido afrontar, luego han vivido por encima de sus posibilidades. La cosa tiene muchos matices porque no hay dos desahuciados iguales, pero sí está claro que con ingresos familiares de unos 2.000 euros y con cuatro en casa, no se puede afrontar una hipoteca de 200.000 euros por más años que le eches de plazo y menos aún si encima quieres tener coche y vacaciones en la Riviera Maya. Con mayor o menor grado de culpa o de imprudencia, están pagando con creces (con excesivas y leoninas creces) este intento de vida por encima de sus posibilidades. Lo mismo le ocurrirá (en proporcional medida) a quien haya incurrido en otros impagos (coches, saldos deudores de tarjetas de crédito y otros pufos parecidos) que tendrán serios problemas si tienen nóminas o propiedades que puedan ser atacadas en un procedimiento ejecutivo. Sólo se librarán los que son redondamente insolventes, pero las insolvencias -salvo para cuatro listos- no son eternas y las deudas tardan muchísimos años en prescribir: tarde o temprano se cotiza a la Seguridad Social, se tiene dinerín en una cuenta bancaria o ingresa uno como feliz dueño en el Registro de la Propiedad y, patam, nadie sabe por qué extraños automatismos (pero de existencia garantizada) el viejo acreedor (y sobre todo si es un banco) acaba enterándose, reaparece al son de pífanos y atabales, escoltado por una legión de abogados y procuradores; y el moroso emprende el camino de dejar de serlo… por las bravas y apencando con sumas auténticamente brutales en concepto de intereses de demora, gastos, costas y demás familia hasta el punto de que el principal de la deuda acaba siendo el chocolate del loro. La segunda ruina después de la primera. O sucesivas, según el caso.

Pero una sustancial mayoría de ciudadanos no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hemos vivido de total conformidad y ajuste con nuestras posibilidades, unos mejor y otros peor. No tenemos, pues, deudas vencidas (las deudas vencidas son las inmediatamente reclamables, el recibo de la hipoteca del mes pasado, pero no el del mes o del año que viene) porque hemos ajustado nuestro consumo (grande o pequeño, enorme o ínfimo, pero en ningún caso desproporcionado por exceso) a nuestros ingresos, a los presentes y a los razonablemente previsibles en el futuro.

Sin embargo, también esta sustancial mayoría de ciudadanos nos vemos acusados de haber vivido por encima de nuestras posibilidades y se nos pasa factura en forma de recortes en los servicios públicos (algunos esenciales, como la salud o la educación), recortes de sueldo (en los empleados públicos pero, ojo, también en los privados, cuyos empresarios enseguida han tomado nota de que el mercado del salario va a la baja: aquí no se libra nadie), subidas brutales de impuestos (y yo no soy de los que se quejan de los impuestos por sistema) y demás calamidades.

Esta es otra estafa dentro de la estafa. Justamente nuestra solvencia, la salarial o comercial, es la que nos lleva precisamente a vernos obligados a pagar la insolvencia de otros (con lo cual, acabamos corriendo el riesgo de ser, a nuestra vez, insolventes a determinado plazo) porque, vaya hombre, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades según nos tenemos que oir de algunos hijos de puta que están en algún sector del poder.

Porque aquí, los únicos que han vivido realmente por encima de nuestras posibilidades han sido los bancos (y toda la legión de especuladores asociada), los partidos políticos y los políticos mismos. Y lo que ha ocurrido con las cajas es una perfecta muestra de lo que sucede cuando se combinan todos esos factores juntos: unas cajas que financian (ilegalmente) partidos políticos mediante unos políticos del partido que se ponen a gobernar esas cajas, naturalmente llevándose cada cual su buen porqué.

Huelga decir, es más que obvio, que los dirigentes de las cajas y de los partidos políticos (cuando no han sido los mismos o testaferros de los mismos) se han ido de rositas.

Pero esto es el mundo al revés por orden de la Merkel (y ésta, a su vez, por orden de los bancos alemanes, de los que depende y en beneficio de los cuales, en definitiva, se está orquestando todo esto): en vez de una agresiva política pública de inversiones destinada a dinamizar la economía y a que se genere valor, empresa y empleo, se hace lo contrario, se recorta bestialmente el gasto y se presiona mucho más a lo cada vez menos que aún funciona para que pague más impuestos con los que pagar a los bancos de la Merkel (y por el camino, por el necesario camino, claro está, a los nuestros), con lo que cada vez hay menos valor, menos empresa y menos empleo, lo que obligará a presionar más aún a los supervivientes… El efecto bola de nieve, incardinado dentro de un círculo vicioso.

Y los ciudadanos, atontados por el shock, sin responder eficazmente. 15-Ms, sí, manifestaciones multitudinarias… Es igual: el sistema se ha vacunado contra las manifestaciones, éstas ya no sirven para nada, contra las huelgas generales de 24 horas respetando, eso sí, los servicios mínimos impuestos por… los destinatarios de las huelgas generales, en la subsiguiente conclusión de que éstas se convocan para que unos sindicatos, tan corruptos como los propios partidos políticos (si no más) cubran el expediente. Pero, claro, vete a esa masuza todavía hedonista con huelgas generales revolucionarias, indefinidas y sin más servicios mínimos que los humanitarios que fijen los profesionales de cada necesidad humanitaria (sanitarios, bomberos, policías, etc.).

Mientras tanto, miles de panolis cogen aquí estelades canalizando su ira… a través de los conductos instalados por los mismos que han provocado esa ira. ¿No se dan cuenta? No. Es de locos. Y ahí están todos, tan irritaditos, ellos, montando un pollo que puede costarnos a todos carísimo creyéndose (creyéndose de veras, alucina, vecina) que en cuanto haya independencia se acabó la crisis, hala, a atar perros con longanizas, a comprar 4×4 monstruosos pintados de negro (para no poner nunca una puta rueda fuera de la ciudad), y a comprar de nuevo pisos de 250.000 euros (unos cuatrocientos setenta millones de maravedíes barretínicos, al cambio). Y visca el Barça.

Yo no sé si los anales de la historia registran una tan enorme y extensa tomadura de pelo (hablo de todo, ahora, no solamente de la in-de-independen-ci-á), y mira que la historia abunda en ellos. Pero de las dimensiones de lo que estamos viendo ahora, no. A mí, que siempre he sido un escéptico, un malpensado y un broncas (a este mismo blog me remito), me lo dicen hace seis o siete años y no me lo creo ni cocido de xarel·lo. Tan gorda, no. También es cierto que no parece que los anales de la historia hayan conocido jamás una población tan abotargada, tan cobarde, tan gallinácea y tan servil. Y mira que de eso ha habido para contar y no parar. Pero creo que nunca en estas proporciones.

Aguantar eso sí que está claramente por encima de nuestras posibilidades. El FMI nos ha pintado esta mañanita un futuro más negro imposible. ¿Alguien ha dicho una voz más alta que otra? No. Ruedan por ahí diversas convocatorias de manifestaciones y se habla de una nueva huelga general de la señorita Pepis, pero nada, digamos, digno de mención.

Así que, como digo siempre, nadie es más culpable que nosotros mismos. Esto toleramos, esto tenemos. Nos ha jodido el indómito pueblo íbero.

Y las posibilidades por encima de las cuales dicen que vive.

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