El genocidio hispano

De la serie: Esto es lo que hay

Hay cosas que ¿ves? se me llevan por delante la moderación, el buen rollo y todas estas cosas que tanto aprecia la gente por consejo de los apóstoles de la no violencia y de otros apóstoles más innombrables.

Yo, como creo que es notorio, puedo respetar casi todas las posturas. Me he manifestado clara y rotundamente antiindependentista, pero no se me ha podido leer una palabra contra los independentistas de buena fe, y menos aún contra los independentistas iracundiae causa que han encontrado en la estelada un canal para vectorizar su justa irritación. Un día se darán cuenta de su error, pero ni ahora ni ese día seré yo quien se lo recrimine, ya tendrán bastante con lo que haya o haya habido. Incluso he podido encontrar algunas buenas razones en los argumentos independentistas y desde este humilde blog he pedido que sean escuchadas.

Con lo que no puedo es con la gilipollez. Ni con la que deriva de la mala fe (la mayor parte) ni con la que es simple producto de la estupidez supina y de la falta de lecturas o del exceso de éstas, pero mal digeridas. A veces (entiéndase lo que voy a decir dentro de ese contexto que está tan de moda), leer según qué sin la debida preparación previa, puede ser más perjudicial que el desconocimiento químicamente puro.

Que un señor me diga que no quiere celebrar el 12 de octubre porque él es catalán o vasco y esa fecha no le dice nada, puedo comprenderlo y hasta respetarlo, incluso como manifestación de ignorancia (cuando es el caso), fíjate. Lo que no sufro es que me venga un imbécil (lo siento, pero no matizo: a cagar al río los no sé cuántos followers de Twitter o de Google+ que se me darán de baja cuando lean esto) y me diga que el 12 de octubre, el Día de la Hispanidad, es la celebración de un genocidio.

Para empezar, reproduzco unos párrafos del libro «La conquista de México» del creo que poco sospechoso Hugh Thomas y que es perfectamente aplicable -como se verá- no sólo a la América que luego fue hispánica, sino al mundo en general:

«Ni Cortés ni Colón, ni ningún otro conquistador, llegaron a un mundo de inocentes, estático, eterno y pacífico. Los taínos con los que se encontró Colón parecían felices. Pero ellos mismos habían llegado a las islas del Caribe como conquistadores y habían expulsado -o más bien habían obligado a replegarse al oeste de Cuba- a los guanahatabeys (conocidos también como casimiroides). A los taínos, por su parte, los amenazaban los indios caribes, que, desde el continente sudamericano, luchando se habían abierto camino en las Antillas menores. Los indios caribes ya habían conquistado la cultura ignerí en lo que son actualmente las Islas de Barlovento y amenazaban con conquistar las de Sotavento y quizá incluso Puerto Rico.

»Ahora se sabe que los mayas del Yucatán, a los que Cortés y sus compañeros visitaron y que finalmente conquistaron las expediciones dirigidas por la familia Montejo, fueron un pueblo guerrero, incluso en su época de oro. Los mexicas eran los sucesores de varios pueblos guerreros que habían dominado el Valle de México. Su propio imperio se forjó gracias a las conquistas militares. Los españoles, en su oposición al México que hallaron, recibieron una gran ayuda de sus aliados indios, que odiaban a los mexicas. Los españoles eran, por supuesto, conquistadores, como lo fueron, en su día, vikingos, godos, romanos (a los que los españoles admiraban), árabes, griegos, macedonios y persas (por nombrar sólo algunos de los que los precedieron), e ingleses, holandeses, franceses, alemanes y rusos -por citar algunos que los sucedieron-. Al igual que la mayoría de esos otros guerreros, sobre todo los europeos que los seguirían, llevaban consigo sus ideas.»

¿Lo habéis entendido, so idiotas? Bueno, pues como imagino que no, voy a exponeros algunas consideraciones y datos más, aunque dudo que lo entendáis, sobre todo porque vuestro fanatismo irracional (¿hay fanatismos que sean racionales?) os impedirá ver más allá del carro que tiráis (y eso sólo, obviamente, si miráis hacia atrás, que es la única forma en que sabéis mirar), pero yo ya habré cumplido y, a partir de ahí, seguiré a Valle Inclán (¿sabéis quién era?) y me recrearé en vuestra ignorancia.

Se define como «crimen de guerra» toda una serie de barbaridades relacionadas en el artículo 8 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional con un interesante requisito previo: «[…] cuando se cometan como parte de un plan o política o como parte de la comisión en gran escala de tales crímenes». Asimismo, los artículos 6 y 7, que tipifican los crímenes de genocidio y de lesa humanidad. En todos ellos, de una manera más expresa (como en este artículo 8) o más implícita, se establece un requisito: la sistematización, la programación, el crimen como obra generalizada y, sobre todo, planificada desde un estado o, incluso, desde una organización no estatal con pretensiones de adquirir ese estatuto (una organización guerrillera o terrorista -según quien la designe- que llevara a cabo tales prácticas). Todo ello en concordancia con la jurisprudencia establecida por los tribunales y sentencias de Nüremberg entre 1946 y 1948 y sucesivos de acuerdo con la legalidad internacional hoy en día vigente y con la propia jurisprudencia de la Corte Penal Internacional.

Pero, claro, estamos hablando de una sistemática jurídica moderna (en términos históricos, creada ahora mismo) establecida a partir de 1946 en los aludidos procesos de Nüremberg; y conviene no olvidar que los procesos de Nüremberg han sido objetados (con la boca pequeña, porque no se puede hacer bromas con algunas cosas, so pena de incurrir en represiones brutales) al no aplicarse el principio jurídico universal de nullum crimen, nulla pena, sine lege previa, stricta et scripta. A partir de 1948, con las sentencias, existió ese crimen y esa pena (aunque la de muerte, que allí se estableció, como es notorio, ha quedado fuera de lugar), pero no antes, cosa que ha dado una cierta argumentación al revisionismo histórico nazi. Pero esa misma argumentación sí sirve, sin necesidad de revisionismo histórico, para todo lo anterior. Pero, en todo caso, no sería ese revisionismo, ese tecnicismo jurídico, el que exculparía a España del presunto (y conceptualmente estúpido) delito de genocidio.

Digamos, para empezar (y casi para terminar, aunque iremos viendo cómo enmedio pueden añadirse algunas cosas), que en el caso de la América hispana no se cumplió ese requisito de la planificación y de la sistematización. La primera obviedad son las Leyes de Indias que promulgó que Reina Católica Isabel de Castilla, que no tengo ningún empacho en decir (y lo he dicho siempre, además) que fue la primera y mejor declaración de los derechos humanos y que las posteriores sólo la incrementan (que no mejoran) en progresos humanísticos que la Humanidad (perdón por la redundancia) se ha ido dando con el transcurso de los siglos: Isabel de Castilla no podía, por ejemplo, proclamar el principio de «un hombre, un voto» porque ese concepto era absolutamente inconcebible en el siglo XV. Pero puestas cada cual en su época, las Leyes de Indias dieron muchas vueltas (muchísimas) a la Constitución de los Estados Unidos, a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Francia revolucionaria y, finalmente, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la ONU en las postrimerías de la primera mitad del siglo pasado.

Hay que ser un retrasado mental muy profundo para hablar de genocidio con estas leyes. A menos, claro, que no se sea un retrasado mental, sino un absoluto imbécil y un fanático (hasta el punto en que ambos términos no sean sinónimos) incapaz de ver lo que es tan evidente. O un simple ignorante, por supuesto.

Porque las Leyes de Indias tuvieron un fallo y adolecieron de una impremeditación. El fallo fue su ejecutividad: habiendo de ser aplicadas en un territorio situado a semanas, quizá meses, de viaje entre mar y tierra del ámbito de control de su aplicación, las corruptelas, el se acata, pero no se cumple, eran inevitables y muchos virreyes -virreyes de derecho o, simplemente, de hecho- hicieron lo que les dio la gana. La impremeditación (que Isabel de Castilla difícilmente podía haber previsto) era que, en cumplimiento de sus leyes, que prohibían, entre otras cosas, esclavizar a los indios, se importaron negros africanos para satisfacer esa necesidad de mano de obra esclava; pero aún eso sucedió ya muy avanzada la conquista. En todo caso, sí demuestran -junto con la necesidad de importar africanos- que no sólo no hubo un plan de exterminio sistematizado sino que, además, se dio todo lo contrario: un plan para evitar ese exterminio. Y, con sus defectos, funcionó.

Sí, porque la realidad es que en Hispanoamérica, hoy, las poblaciones indias se cuentan en tantos por ciento, desde exiguos dieces hasta importantes sesentas, según los países resultantes, y la obra española en infraestructuras (hospitales, escuelas, caminos, puertos, universidades, etc.) puede verse aún hoy yendo a los lugares en cuestión. En la América que tuvo conquistadores de otras naciones, y particularmente en la británica, las poblaciones autóctonas se cuentan hoy por escasos miles y aún en estos días vergonzosamente recluidas en reservas (habla de los nazis, anda…); y busca, busca con un farol y una lupa las estructuras que construyó, o siquiera dejó, la potencia colonial.

Así que mira, so tarado: que España, su historia y su obra, no te gusten, pues bueno, allá películas. Que te creas hijo de otra nación… pues vale, me parece… bueno, digamos que bien. Que intentes vestir la paranoia de tu estulticia con genocidios donde no sólo no los hubo sino donde se dio lugar -y precisamente por esta misma vía- a un nuevo humanismo que ha llegado hasta nuestros días y que ha alumbrado los grandes principios que inspiran hoy al mundo occidental, que se queja, precisamente, no de su existencia, sino de su incumplimiento por parte de los poderosos, que, en definitiva, llames puta a tu madre porque folló con tu padre…en fin… eso te retrata, chaval.

O sea: que te den mucho por el culo.

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Comentarios

  • Ryouga (@Ryouga_Ibiki)  On 13/10/2012 at .

    Verdades como puños pero que no cotizan hoy en día al alza, le auguro odios e insultos de los politicamente correctos ,habitantes del país de la pirueta y mestizos de indios con barbas europeas que hablan español.

  • Ángel Bacaicoa  On 14/10/2012 at .

    Me adhiero totálmente y me ofrezco para compartir los insultos y así tocamos a menos- Un abrazo.

  • Jordi  On 15/10/2012 at .

    En el siglo XVI, los españoles se preguntaron si los habitantes de las Indias eran seres humanos. En la medida que eran criaturas de Dios que podían ser evangelizadas, la respuesta fue afirmativa. A ojos del siglo XXI, esto puede ser políticamente incorrectísimo pero hay que destacar que los anglosajones nunca se hicieron tal pregunta con los indios de Norteamérica y lo que vino después es de sobras conocido. El grado de mestizaje en el Sur es incomparable con el del Norte.

  • Carlos Zaragoza  On 15/10/2012 at .

    Estimado Javier, ciertamente no me puedo comparar contigo en lecciones de historia, y supongo que tus sabias palabras están perfectamente fundamentadas. Al hilo de esta cuestión, ¿Qué opinas de las Capitulaciones de Santa Fe? Sobre el papel eran de una tolerancia perfecta, pero la realidad acabó expulsando a moriscos y judíos.

    Un abrazo.

  • Javier Cuchí  On 15/10/2012 at .

    Veamos, Carlos, esto es medio histórico, medio apreciativo.

    El medievo europeo (incluyendo el español o el de los reinos cristianos de España) estuvo basado -valga de nuevo la redundancia- en la ideología cristiana. Y ya desde el principio: los reyes de Asturias recabaron para sí -y lo hicieron efectivamente- la herencia del reino visigodo, aprovechando la herejía del arzobispo de Toledo (principios del siglo IX), aceptando la tesis adopcionista de la persona de Cristo, cabalgando sobre la filípica que contra éste lanzó Beato de Liébana apoyada, encima, por el providencial descubrimiento del sepulcro de Santiago (que hoy se sabe que es falso y, bueno, quizá entonces también, pero coló y caló). Lo del sepulcro de Santiago debió impresionar porque, efectivamente, el flujo de peregrinos procedentes de toda Europa fue en todo espectacular. De alguna manera, Santiago fue, en términos cristianos, la contraposición de Mahoma. Y ese culto fue eficaz, eso está en la historia.

    En esa situación tan polarizada, cualquier religión que no sea la oficial o cualquier herejía de la propia (y esto vale para los dos bandos) es algo más que eso, que una religión más o menos opuesta o una desviación de la propia: es alta traición. Dicho sea sin perjuicio de ciertas situaciones de coexistencia (musulmanes en zona cristiana, cristianos en zona musulmana) mucho menos buenrrollítica de lo que ahora nos pretenden vender algunos que han aprendido historia en el papel higiénico.

    Cuando los Reyes Católicos conquistan Granada, se dan cuenta -de una forma más intuitiva que racional- de que ha terminado una etapa y de que empieza otra para el común de sus reinos. El stablishment judío y las condiciones de la capitulación de Granada por Boabdil les obligan a tolerar dos situaciones discordantes en un momento en que, con las luchas intestinas en sus propios reinos (sobre todo en Castilla), necesitan una seria guía ideológica sobre la que montar sus proyectos.

    Los judíos son tolerados porque constituyen la única organización financiera que hay en el país. Pero ese va a ser su problema: por la misma razón que ahora aplaudiríamos a rabiar la expulsión de los banqueros, en aquella España en subidón (subidón motorizado por un cristianismo galopante) los judíos se convirtieron en una cabeza de turco (cabeza a la que, además, muchísimos nobles arruinados por el triunfo final de Isabel en Castilla y que aún mantenían una importante cuota de poder, debían muchísimo dinero que no podían devolver). La necesidad del simple mantenimiento del orden con un proyecto aún incipìente hizo que Fernando e Isabel cortaran por lo sano y nunca mejor dicho. Lo cual fue una gran desgracia cincuenta años después y a partir de entonces en lo sucesivo, cuando empezó a llegar pastita de América porque, privada España de la banca propia que constituían los judíos, los dineros americanos fueron gestionados por banqueros europeos y, sobre todo, Genoveses. Y la banca siempre gana. Recordemos los amargos versos de Quevedo:

    Nace en las Indias honrado
    donde el mundo le acompaña;
    viene a morir en España
    y es en Génova enterrado

    Pero, situados en la época, la expulsión de los judíos es celebrada en toda Europa, de la que han sido expulsados o van a serlo próximamente en casi todos los países.

    Lo de los moriscos es, según se mire, diferente, y, según se mire, igual. Estamos en las mismas: una comunidad disidente del pensamiento general y un concreto momento (en el reinado de Felipe III) en el que hay problemas.

    A principios del XVII se vive un momento de recesión profunda. Recordemos que durante el reinado de Felipe II, la crisis de tesorería que vive Castilla (y que, obviamente, se contagia a los territorios de la Corona de Aragón) provoca una crisis de dimensiones realmente colosales. Y, somo siempre llueve sobre mojado, bajan notoriamente las llegadas de material americano. Se produce un empobrecimiento bestial de la población del que, como es habitual en todas las épocas de la Humanidad, se echa la culpa a los otros. <emLos otros, por lo demás, no son del todo unos angelitos (en el sentido en que sí lo eran los judíos): su rebelión en las Alpujarras ha dejado muchas ronchas y, encima, se les sospecha connivencia con los berberiscos que, por aquel entonces estaban, como dirían los maños, dando bastante mal. Esta presunta connivencia ha traído muchísimo debate histórico sobre si la hubo o no la hubo: parece ser que una conclusión razonable más o menos mayoritariamente seguida por los historiadores es que no podía hablarse de tal cosa en términos generales, pero sí que sectorialmente, algunos cabecillas habían llevado a cabo algún tipo de conspiración. Imagino que bastarían dos o tres pruebas de esas conspiraciones, para dar lugar a la acción resolutiva.

    En definitiva, querido Carlos, todo tiene sus luces y sus sombras, evidentemente, pero lo importante es mirar los acontecimientos de cada época con la mentalidad de cada época y no con la actual. Con la mirada actual, deberíamos decir que la Reina Católica no fue democrática porque no estableció, por ejemplo, las libertades de pensamiento de reunión o de asociación; o podríamos compararla a Hitler por el asunto de los judíos y de los moriscos. Pero las libertades de pensamiento, reunión y de asociación no habían sido concebidas en aquel entonces (tardaron doscientos años en aparecer los primeros brotes (sólo los primeros brotes) de las mismas; y no es lo mismo expulsar a un pueblo que toda una civilización concibe como enemigo (con fundamentación bíblica, además: sobre los judíos pesaba crimen de deicidio sentenciado por ellos mismos ante Pilatos; no fueron absueltos del mismo hasta el Concilio Vaticano II en 1962, mira si tuvo que llover) que exterminarlo cuando el pensamiento humano ya había dejado muy atrás ese crimen.

    Se podría hablar aún mucho, pero es que casi me has hecho escribir otro artículo 😉 Pero, desde luego, cuando vuelva a estar en contexto, volveré sobre ello: son temas interesantísimos sobre los que nunca está de más ir volviendo.

    Un abrazo

  • Carlos Zaragoza  On 16/10/2012 at .

    Muchas gracias por tus estupendas lecciones de historia. Efectivamente, me has respondido con otro artículo y casi una tesis. Pero se agradece. Aunque, entenderás que yo enaltezca los tiempos de Al-Andalus, siendo andaluz… y de Las Alpujarras, para más señas.

    Un abrazo.

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