Monthly Archives: noviembre 2012

La marca del indepe

De la serie: Me parto el culo

Igual sí, igual sí que acabaremos llegando a esto.

Visto en Twitter vía @papapeps y @vfmBOFH

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Epílogo

De la serie: No, si ya…

Bueno, pues, como diría Guareschi, todos los salmos acaban en gloria y la peripecia de Pablo Herreros acabó -bien- a última hora de la tarde de ayer. Acabar bien quiere decir que Mediaset, o sea, Telecinco, retiró la querella que había interpuesto contra Pablo. De puertas afuera, no incondicionalmente: fue un acuerdo en el que Pablo dijo (o tuvo que decir) que la libertad de las marcas para anunciarse donde les pluguiere sin quedar vinculadas a los contenidos del medio es absoluta y respetable.

Esta declaración puede ser una de dos cosas (o las dos juntas): o bien, un a la fuerza ahorcan, es decir, que Pablo se vio obligado a efectuar esta manifestación para librarse de la querella, lo cual sería perfectamente comprensible, es un padre de familia común y corriente al que estas cosas, como a todo el mundo, angustian muchísimo; yo también lo haría, sin dudar; o bien, por otra parte, se trata de una opinión libre y espontánea de Pablo, opinión, pues, que, como tal, es muy respetable.

Sin embargo, y pese a esta libre -en su caso- opinión de Pablo, me reitero en lo dicho aquí ayer mismo: las marcas forman parte principalísima de la financiación de un medio de comunicación y, por tanto, les guste o no les guste, declare quien declare lo que declare de grado o por fuerza, quedan vinculadas a las consecuencias de lo que diga o haga ese medio de comunicación. Con el tiempo, los súbditos, los que hemos perdido la condición de ciudadanos al haber cedido los políticos a las exigencias y apetencias de muchas de esas marcas, precisamente, aprenderemos a ser consumidores activistas, a hacer militancia de nuestro consumo. Lo que le ha pasado a Telecinco en los dos episodios que han movilizado a las redes sociales son una muestra aún pobre de lo que va a ser un futuro nada lejano. Hoy por hoy, aún no hay organización, las movilizaciones precisan de un motivo sentimentalmente potente y de un iniciador carismático, y las acciones tienen una fecha de caducidad sin duda cercana; en el último de los episodios en cuestión, lo que ocurría es que las víctimas, es decir, las marcas, no tenían margen de resistencia: con la campaña de Navidad encima -una Navidad que se prevé muy dura- no podían exponerse a boicots y a Telecinco le ocurrió lo mismo; probablemente, en febrero la cosa no se hubiera resuelto por lo menos tan deprisa. Pero es evidente que, con el tiempo, estas características negativas irán decayendo: el consumo activista se irá organizando, las entidades sucederán a los líderes carismáticos y la capacidad de boicot aumentará en seguidores, en intensidad y en permanencia espaciotemporal, es decir, en peso específico.

Las empresas, sobre todo las potentes, tendrán que crear unos puestos de trabajo que en España hoy no existen, los gestores de incidentes con el consumidor, y habrán de ser profesionales sólidos, duros, hábiles y muy formados, mucho más allá de los frecuentemente ectoplásmicos community managers que (algunos) emplean ahora.

Las lágrimas de cocodrilo -como las que ayer derramó la Asociación Española de Anunciantes-, las presiones de lobby, el soborno a políticos, las leyes a medida, en fin, todo el instrumental ad usum que en los ámbitos anti-copyright conocemos tan bien, no servirán absolutamente para nada, enfrentados al ejercicio unilateral de un derecho fuera de todo control, el de opción de compra.

Que se vayan acostumbrando, porque esto va a ser así. Punto pelota.

Miss Oppressed Nation en pelotas

De la serie: Me parto el culo

No, pese al título, que nadie se alarme: no voy a hacer demagogia barata sobre los últimos acontecimientos a cuenta del cutre episodio sobre el que me voy a explayar. Pero, a titulo de puro, simple y políticamente albo y no beligerante animus iocandi, dejadme que me descojone, joder, que la cosa no es para menos.

Resulta que existe -y desde hace siete años, nada menos- un concurso agropecuario en materia de especie humana que incide sobre las bondades de la raza, de la raza cataláunica, para más señas, cuyo vigente ejemplar ganador, según el último campeonato de la cosa, se explaya en unas declaraciones que aparecen en «La Vanguardia». Dejémonos de políticas, oye, que lo que dice la pava esta es intrínsecamente hilarante… o de vergüenza ajena, según se mire. Empecemos.

La dama en cuestión se llama Jéssica (sic, en el medio citado) Oliveras. Y es eso, no es coña: Miss Nació Catalana, no cuelgues. No Miss Catalunya, no: Miss Nació Catalana.

Empieza con el tópico: «Representar a una tierra a la que quiero tanto como Catalunya es una responsabilidad muy grande y un orgullo; haré lo posible para mejorar día a día». Bien, no sin alabar el propósito de innovación que caracteriza a todo buen emprendedor (y más si es catalán, of course) y que parece deducirse de lo de mejorar cada día (aunque no explique en qué, pero es igual, si la intención es pura…), experimento una cierta inquietud, porque mis representantes, elecciones de ayer aparte, habían sido fijados hasta ahora, de acuerdo con lo políticamente correcto, en el RACC y el Barça. ¿Ahora también la Miss Nació Catalana esta?

Pero, espera, que sigue. La chica es un poco desafortunada con sus expresiones porque, en otro ámbito no tendrían mayor importancia, pero en este, no sé, chirrían un poco: «Quería demostrar al jurado que tenía habilidades comunicativas y una gran capacidad para los idiomas, por esta razón, hice parte del discurso final en francés y en inglés y creo que eso sedujo al jurado». En una misma frase, y en el contexto de un concurso de cosas de estas, decir que habló en francés y que, con ello, sedujo al jurado, es un poco imprudente. Aunque lo de la seducción cabe tenerlo por probado, claro, utilizando estos recursos lingüísticos…

Otra perla que se comenta sola y por eso me limito a reproducirla sin añadir ni una coma más: «Salir en Interviú ha sido una buena oportunidad para mí, creo que es una publicación con mucho prestigio y tomé esa decisión para exaltar la belleza femenina catalana, pero también su inteligencia y los rasgos culturales catalanes». He dicho que no iba a comentar nada, pero no puedo evitarlo: ardo en deseos de pillar el «Interviú» en cuestión pero ¡ojo! no para ver tías en bolas sino para constatar «la inteligencia y los rasgos culturales catalanes». Hay que joderse…

El siguiente paso parece ser la concurrencia al certamen Miss América Latina. Bueno, los catalanes, latinos, lo somos, pero ¿americanos también?

Después de la señora esta, aparece un señor que dice ser y llamarse Alberto Márquez. Parece que el tal Márquez es el organizador, dueño o de cualquier otro modo factótum del tinglado, y tampoco se queda corto: «No somos ningún certamen político, es simplemente un certamen de belleza que representa la ilusión del pueblo catalán». Nada menos, tú…

Pero volvemos a nuestra buena Jéssica (sic) de la que el reportero hace el siguiente comentario como cierre: «Oliveras dibuja ahora su futuro como modelo en un año de mandato que espera disfrutar de la misma manera que lo hacía cuando era pequeña y se probaba los tacones de su madre para imitar por el pasillo de casa a su idolatrada Judit Mascó». Todas las niñas pequeñas han jugado alguna vez a ponerse los zapatos de tacón de mamá para emular a un determinado personaje o un modelo sin personalización concreta -obvia y generalmente femenino- que suscita la admiración de la chiquilla en cuestión. Mis propias hijas, sin ir más lejos. En eso, Jéssica (sic), ha sido una niña completamente normal, como tantos otros miles.

Eso sí: las mías y muchos otros miles de niñas, han aprendido a leer y a escribir, han estudiado mucho o poco, algo, trabajan en algo útil, y, entre estudios y experiencia, saben que la inteligencia y los rasgos culturales catalanes están en muchos sitios y en muchas cosas, pero no en el culo más o menos redondo de una señora.

En eso creo que Oriol Junqueras y yo incluso podríamos llegar a coincidir.

Lo que es no entender nada

De la serie: Correo ordinario

Todos recordaréis que, hace unos meses, un periodista y bloguero, Pablo Herreros, se sublevó indignado contra la aparición -opíparamente remunerada- de la madre de El Cuco, implicado en el asesinato de Marta del Castillo, en el programa de Telecinco «La Noria». Su indignación obtuvo eco en las redes sociales y se reunieron más de treinta mil firmas de protesta; y, con éstas, se acudió a las marcas que se anunciaban en el programa para que retiraran su publicidad del mismo, cosa que las marcas, unas más presurosas, otras más racaneantes pero, en definitiva, prácticamente todas, acabaron haciendo. El programa «La Noria» hubo de ser retirado de la parrilla, con gran indignación de Jordi González, que se puso como una hidra poniendo a caldo a los internautas y a quien éstos deseamos que pasara por donde da la sombra.

Así quedó y así hubiera seguido la cosa. Pero, inexplicablemente, cuando el tema ya estaba olvidado y quedaba apenas -y no con mucha frecuencia- como un ejemplo que se expone cuando se habla del poder de las redes, alguna lumbrera de Telecinco, decide querellarse contra Pablo, en un acto de estúpida visceralidad absolutamente impropio de una mente empresarial debidamente amueblada, y lo hace por amenazas; y no por amenazas contra Telecinco, sino por amenazas contra los anunciantes, cosa aún más inaudita, toda vez que los anunciantes no se habían quejado -públicamnte al menos- de tales amenazas. Y si alguno se sintió amenazado, siempre pudo querellarse él. No se entiende muy bien ese raro y sospechoso quijotismo de Telecinco y está claro que es un acto de venganza que no pretende sino establecer un precedente disuasorio de futuras iniciativas similares.

Como consecuencia de esta querella, las redes se han puesto en marcha de nuevo, la cifra de firmas en favor de Pablo quintuplicó en sólo 48 horas las recogidas en la primera ocasión, muchos hemos dirigido escritos a los anunciantes reclamándoles la retirada de su publicidad en esa cadena, y ya se ha obtenido respuesta positiva por parte de ua marca, Trivago, que anunció que a partir de diciembre, una vez finalizado su contrato, no insertaría más publicidad en Telecinco.

Que Telecinco se haya quejado de esa nueva iniciativa es lógico, puesto que es víctima de la misma. También es lógico, aunque ridículo, que clame con grandilocuencias sobre la libertad de expresión, la censura y demás. Lógico, dentro de lo ilógico, porque si no quería follones lo verdaderamente racional hubiera sido dejar las cosas como estaban. Que, repito, no estaban mal, porque el incidente estaba prácticamente olvidado.

Pero lo que sí resulta para partirse la caja es que ahora se quejen los anunciantes. Sí, la Asociación Española de Anunciantes (AEA) ha pedido en un comunicado quedar fuera de todas estas polémicas y que no se les use como instrumentos de presión, recurriendo a la protesta de neutralidad, de no injerencia y de independencia de la línea editorial del medio y -nuevamente- a la cagarela de la libertad de expresión y de empresa y resto del repertorio.

De donde parece claro que los de la AEA no se enteran.

En este país tan poco educado en la iniciativa cívica, las marcas, las empresas, habían vivido en un paraíso en el que podían hacer lo que les diera la gana. Esto no era, ni de lejos, como en los Estados Unidos, donde con toda la libertad de prensa, de expresión y de empresa que se quiera, las organizaciones de consumidores (que allí tienen centenares de miles de socios) tienen sus respectivas listas negras en función de su propia pájara: ecologistas, armamentistas, abortistas o antiabortistas, y un etcétera inacabable. Si una fábrica de estampaciones metálicas decide, por ejemplo, que no va a producir material para armas de fuego, bien puede encontrarse con que la National Rifle Association recomiende a sus muchos centenares de miles de socios (es un lobby poderosísimo) que no consuman Pocha-Cola porque ésta adquiere sus chapas de cierre en esa fábrica, con lo cual Pocha-Cola (que, notemos, no tenía arte ni parte en el conflicto), se ve obligada a decidir entre mantener a esa fábrica como proveedora y arrostrar una pérdida de ventas por valor de muchos miles, quizá millones, de dólares o cortar por lo sano y prescindir de la empresa origen del conflicto… arriesgándose, entonces, a un boicot similar por parte del entorno pacifista, que puede reaccionar en vector contrario. ¿De locos? Quizá, pero las grandes marcas norteamericanas tienen equipos enteros de especialistas (muy bien pagados) cuya función es gestionar ese tipo de conflictos, tanto en fase preventiva como en fase paliativa. Y les gustará o no, pero es así, es el entorno en que viven.

En España, con una ciudadanía altamente mierdosa, nunca habían tenido, problemas, pero ahora las redes sociales nos están permitiendo una cierta organización; aún precaria, por cierto. Si no les gusta, que se preparen: el futuro va a ser -para ellos- mucho peor. Porque hay algo que todas las leyes que le hagan cagar al PP no van a poder evitar: la libertad de elección de los consumidores. El dinero -el poco o mucho dinero que circule a cada momento- está en nuestros bolsillos inicialmente: y en ese dinero está la última de nuestra libertades, una libertad que ni siquiera Franco pudo suprimir; comprar un producto u otro, una marca u otra, no es -ni materialmente puede ser- obligatorio, a menos que se constituya en monopolio. Allá donde haya opción, los consumidores haremos lo que nos dé la gana. Y lo haremos, además, arbitrariamente, en el sentido de que no necesitamos ningún tipo de procedimiento contradictorio. Es muy fácil: si Telecinco me hincha las narices, yo no compraré productos que se anuncien en Telecinco, y que se meta su constitucionalísima libertad de expresión por el mismísimo culo, porque no puede imponerla sobre mi libertad de elección como consumidor. No puede, materialmente. Ningún tribunal puede hacer nada ahí. Por lo mismo, que a las marcas y empresas les contraríe verse implicadas en este tipo de guerras, es igualmente indiferente: lo están, porque los consumidores las implicamos. Y ya está. Y si no les gusta, ajo y agua.

Cuando yo digo algo en Twitter que no gusta a algunos followers, parte de ellos deja de seguirme. Y no puedo hacer nada. Puede gustarme o no gustarme, puedo clamar por la libertad de expresión o por el sexagésimo estroncio, pero no puedo obligarles a que se traguen, quieran que no, mi time line. Y me pasa, me pasa constantemente. Y hay veces que me sienta mejor y otras peor. Da igual. A ellos les da igual. Como si doy saltos mortales o me abro las venas en holocausto ritual.

Así que rásguense las vestiduras todo lo que quieran. A los ciudadanos nos es totalmente indiferente, nos importa un pito. Haremos, sencillamente, lo que nos dé la gana y solamente porque nos da la gana ¿está claro? Pues váyanse poniendo las pilas porque así van a ser las cosas en lo sucesivo, con este caso y con muchos otros casos que irán saliendo. A veces más graves pero, otras, más fútiles. Porque a cada cual le hincha las narices lo que le hincha las narices y basta con la inflamación, por pequeña que ésta sea, para que la asocie, si gusta, con su dinero, con su consumo, con su gasto.

Que no le pase nada a Pablo Herreros, créanme.

ACTUALIZACIÓN 27.11.2012 – 20:10 – Según comunica el propio Pablo Herreros en Twitter (@pabloherreros), Mediaset (Telecinco) ha retirado la querella interpuesta contra él. Una gran victoria de la red, una grandísima victoria que, además, no será la última, pero que, sin duda, hará historia por ser un punto de inflexión, si sabemos aprovecharlo: la dictadura del consumidor. Un abrazo, Pablo, y una felicitación también muy calurosa a Mario Tascón (@mtascon), que ha sido el promotor de esta segunda movilización contra la vesanía. Aquí el enlace a la noticia (muy saturado a la hora de esta anotación)

Lío en el país de los prodigios

De la serie: Esto es lo que hay

¿Qué pasó ayer? Lo que pasó es que la gente, al trabajar con opciones claras (soberanismo y recortes) se lanzó a votar como nunca lo había hecho en Cataluña en unas autonómicas. Y el resultado es para tirarse de los pelos.

Dato 1 – El españolismo no gana. Mejora algo, pero aún queda lejos del soberanismo

Yo me pregunto qué tipo de español (castellano, en este caso) hablo o entiendo yo, porque no sé si es el mismo que hablan los godos de la caverna (o sea, «El Mundo», «ABC» y «La Razón») la cual ayer daba una victoria triunfal al españolismo, y no sé dónde la ven, y ya me sabe mal decirlo, pero si recatar verdades es contrario a ética, cuando éstas son tan patentes y evidentes es directamente imbécil. Señores: el soberanismo ha obtenido 1.734.852 votos (74 escaños) contra 1.269.455 votos (48 escaños) del voto españolista. No pongo en ningún bando a ICV (358.857 votos, 13 escaños) porque esos nunca se sabe dónde están, son simplemente populistas de más o menos izquierda según se va por esta acera y se mueven no antes de saber de dónde sopla el viento (dijeron que eran partidarios del derecho a decidir pero se negaron expresa y rotundamente a manifestar en qué sentido propugnaban el ejercicio de este derecho), así que déjalos correr.

Hay un aspecto positivo, pero sólo a los efectos de unos cuantos y no de los de la prensa visigoda: el tirón acojonante de Ciutadans, debido seguramente no sólo a la alergia de importantes sectores del hispanismo a votar al PP sino también a que Ciutadans cabalgó sobre una propuesta amable de lo que es España, no plenamente la que a mí me gustaría, pero, desde luego, amable y atractiva, dejando completamente al margen el porcojonismo pepero y cavernario. De esto hay que tomar muy buena nota porque sólo por esta vía (y no invocando una constitución putrefacta ni amenazas europeas ni diluvios universales) podrá lograrse salvar la hispanidad de Cataluña. Está claro que C’s ha absorbido la mayor parte (la inmensa mayor parte) del voto del tradicional abstencionismo españolista que en esta ocasión se ha lanzado a votar (y que, ojo, aún no es todo el que podría haber votado).

Dato 2 – Retrocede claramente el recortismo

Es imposible no atribuir parte del gran fiasco de Mas al pago de la factura de lo que se han bebido Boi Ruiz e Irene Rigau; ayudados, claro está, por los palos de Felip Puig, que no han sentado nada bien al votante. En adelante (y tómese muy buena nota también en el resto de España) si se quiere mantener el machito habrá que echarle menos alegría a la tijera, sobre todo en materia de sanidad y de educación, y habrá que tener más sujetos (y con letrerito en el chaleco) a los antidisturbios porque me parece que está claro que eso pasa factura.

Dato 3 – El soberanismo mantiene una ligera mayoría (de hecho, retrocede unas pocas posiciones) pero la diferencia es insuficiente y no garantiza, en absoluto, un resultado en referendum

El soberanismo (entendido como el conjunto de partidos que se acogieron a la boutade de Mas) ya era mayoritario antes de estas elecciones. Desde este punto de vista, no ha cambiado nada en el mapa político. Es más, incluso ha perdido un poquito -sólo un poquito, desgraciadamente- de peso específico. ERC ha aumentado muchos escaños con respecto al 2010, pero su récord está en 23 escaños (2003), dos más de los que ha obtenido ahora, así que tienen motivos, claro, para estar contentos -salvo por lo que diré después- porque se han recuperado casi del todo de la catástrofe de hace dos años.

Sin embargo, no es una mayoría que permita ir con tranquilidad a un referendum sobre la independencia de Cataluña. Si no son tontos (y no lo son) han de darse cuenta necesariamente de que entre sus votantes hay muchísimos (mu-chí-si-mos) que no son soberanistas puros y duros sino fustigadores del sistema (no digo antisistema para que no se les confunda con los de la rasta). Nuevamente, más que el atractivo del soberanismo y de una Cataluña independiente, el impulso viene dado por el odio cerval (y perfectamente comprensible) hacia lo que es y lo que representa la brutalidad pepera. Si la brutalidad pepera terminara o de otro modo se diera por amortizada, todo ese voto de la ira podría perderse en unas próxima elecciones, desde luego, pero, además, su comportamiento en un referendum de ir a por todas sin vuelta atrás sería un misterio que haría que un envite soberanista fuera de altísimo riesgo para sus promotores.

Dato 4 y conclusión – Son malos tiempos y nadie ha podido quedar satisfecho de su posición a poco que lo piense

Quizá salvo un par de minoritarios (C’s y CUP), hoy, el lunes 26, todos los partidos tienen más motivos de preocupación que de alegría. Mas tiene que superar una catástrofe (de hecho, no entiendo cómo no ha abandonado la política, porque no es para menos, pero, en fin…) y tiene que buscar un aliado para gobernar que es prácticamente imposible: no puede arrimarse al PP, el PSC podría ser una solución, pero no es fácil que accedan a comerse ese marrón y ERC casi casi está obligado a recoger un guante nada agradable que va a empezar, nada menos, que con el tortazo de los Presupuestos de 2013, o sea que intentará escurrir el bulto. Sin embargo, con 50 diputados es muy difícil ponerse a gobernar en minoría y Mas ya dijo ayer que no lo haría.

El PP, por su parte, tiene que haber constatado ya que, escaño arriba, escaño abajo, está en su techo y de ahí no sale. O sea que o modifica radicalmente comportamientos, cosa imposible si tenemos en cuenta que no se mira al PP de Cataluña sino al PP español en su conjunto, o ya sabe que en cada convocatoria electoral su rezo ha de ser el virgencita, que me quede como estoy.

El PSC ha salvado algo del mobiliario. Ha dado un bajón tremendo, pero tampoco ha sufrido el desplome que se le pronosticaba. Sin embargo, su posición como partido sigue siendo muy precaria, precariedad que hay que conjugar con la del conjunto socialista en España. Poca alegría -algo de alivio, pero poca alegría- habrá, pues, en la calle Nicaragua.

ERC son los que deberían tener hoy el culín más estrecho. Evidentemente, son los llamados a formar una coalición con CiU, pero eso es un marrón importante, porque significa coprotagonizar recortes, EREs en empresas públicas y compartir responsabilidad por los porrazos de los antidisturbios. Mala cosa. Y hoy mismo tendrán a Mas al teléfono esperando que alguien se ponga. Si se niegan a una coalición ¿comprenderán las bases de ERC que su cúpula no quiera liderar el camino hacia la independencia? Su excelente presente puede convertirse en un magro futuro en cuestión de días. Hagan lo que hagan, además.

Ciutadans estaba ayer eufórico, con toda razón y merecimiento. Pero ya empezamos mal: me pareció una severa metedura de pata por parte de Albert Rivera amenazar con una moción de censura de buenas a primeras. Vale, su condición de grupo parlamentario se lo va a permitir pero… ¿con qué apoyos? ¿En qué circunstancias? Además, antes de la moción de censura está la investidura; si tan chulito se siente, puede empezar por ahí. No me gustó, no me gustó esa salida de pata de banco, las cosas como son. Pidió la dimisión de Mas, y tenía razón; de hecho, estoy casi seguro de que Mas, por su gusto, se la daría. Pero no puede. Podría si no hubiera ganado las elecciones, si no hubiera dejado a CiU en condiciones de gobernar, complicadas, pero ciertas; pero, en la actual situación, no puede marcharse, sería una deserción en toda regla, en el peor sentido de la palabra.

Y los de la CUP, me parecieron realistas: tres diputados son lo que son, con ellos se hace lo que se hace y no hay que dejar, en absoluto, la presión en la calle (en lo que, dejando aparte el soberanismo, estoy muy de acuerdo).

¿Y ICV-Etc? Bueno, estos a su aire, en sus mundos de Yupi, lo dicho antes, oportunismo populista más o menos rosadito. No sé si se podrá contar con ellos para nada práctico. Y me sabe mal decirlo, porque conozco gente muy solvente que -increíblemente- les vota, pero pese a esa gente solvente y pese a sus casi trescientos sesenta mil votos y sus nada despreciables 13 escaños, no consigo acabar de ver nada útil en esa gente, más allá de un discurso políticamente correcto hasta lo insufrible. Como que me recuerdan a Zapatero, no te digo más…

En definitiva, el Parlament de Catalunya es, tal como ha quedado esto, multicolor como un arco iris. Lo cual, en principio, es estupendo y es lo que buscábamos cuando el 15-M nos echamos a la calle, que no hubiera una hegemonía bipartidista. Lo que ocurre es que no basta con el simple hecho de que un parlamento sea multicolor: ha de estar en condiciones, además, de crear una urdimbre de pactos estables que den satisfacción a las necesidades de los ciudadanos. Con la cara de perro que tiene cada uno de los colores cuando mira a los demás, con los férreos intereses de partido que hay ahí acerrojados, esa urdimbre va a ser poco menos que imposible, y todo ese variado cromatismo va a derivar en una olla de grillos.

Y eso es temible. Quien gobierne con CiU -aparte de la propia CiU- sólo va a tener dos salidas: o sufrir un desgaste rápido y profundo… o huir hacia adelante, lo que nos llevará al trauma histórico. Además, hay que recordar las palabras del lider de ERC: «si no es para la independencia en dos años, a nosotros que ni nos llamen»

Así, pues, mucho me temo que ayer se perdió mucho más que se ganó. Así, pues, mucho me temo que estamos aún peor que antes, y antes no estábamos nada bien.

Lo que haya de pasar es, a fecha de hoy, absolutamente imprevisible e incierto. Y no sólo en Cataluña.

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