Miss Oppressed Nation en pelotas

De la serie: Me parto el culo

No, pese al título, que nadie se alarme: no voy a hacer demagogia barata sobre los últimos acontecimientos a cuenta del cutre episodio sobre el que me voy a explayar. Pero, a titulo de puro, simple y políticamente albo y no beligerante animus iocandi, dejadme que me descojone, joder, que la cosa no es para menos.

Resulta que existe -y desde hace siete años, nada menos- un concurso agropecuario en materia de especie humana que incide sobre las bondades de la raza, de la raza cataláunica, para más señas, cuyo vigente ejemplar ganador, según el último campeonato de la cosa, se explaya en unas declaraciones que aparecen en «La Vanguardia». Dejémonos de políticas, oye, que lo que dice la pava esta es intrínsecamente hilarante… o de vergüenza ajena, según se mire. Empecemos.

La dama en cuestión se llama Jéssica (sic, en el medio citado) Oliveras. Y es eso, no es coña: Miss Nació Catalana, no cuelgues. No Miss Catalunya, no: Miss Nació Catalana.

Empieza con el tópico: «Representar a una tierra a la que quiero tanto como Catalunya es una responsabilidad muy grande y un orgullo; haré lo posible para mejorar día a día». Bien, no sin alabar el propósito de innovación que caracteriza a todo buen emprendedor (y más si es catalán, of course) y que parece deducirse de lo de mejorar cada día (aunque no explique en qué, pero es igual, si la intención es pura…), experimento una cierta inquietud, porque mis representantes, elecciones de ayer aparte, habían sido fijados hasta ahora, de acuerdo con lo políticamente correcto, en el RACC y el Barça. ¿Ahora también la Miss Nació Catalana esta?

Pero, espera, que sigue. La chica es un poco desafortunada con sus expresiones porque, en otro ámbito no tendrían mayor importancia, pero en este, no sé, chirrían un poco: «Quería demostrar al jurado que tenía habilidades comunicativas y una gran capacidad para los idiomas, por esta razón, hice parte del discurso final en francés y en inglés y creo que eso sedujo al jurado». En una misma frase, y en el contexto de un concurso de cosas de estas, decir que habló en francés y que, con ello, sedujo al jurado, es un poco imprudente. Aunque lo de la seducción cabe tenerlo por probado, claro, utilizando estos recursos lingüísticos…

Otra perla que se comenta sola y por eso me limito a reproducirla sin añadir ni una coma más: «Salir en Interviú ha sido una buena oportunidad para mí, creo que es una publicación con mucho prestigio y tomé esa decisión para exaltar la belleza femenina catalana, pero también su inteligencia y los rasgos culturales catalanes». He dicho que no iba a comentar nada, pero no puedo evitarlo: ardo en deseos de pillar el «Interviú» en cuestión pero ¡ojo! no para ver tías en bolas sino para constatar «la inteligencia y los rasgos culturales catalanes». Hay que joderse…

El siguiente paso parece ser la concurrencia al certamen Miss América Latina. Bueno, los catalanes, latinos, lo somos, pero ¿americanos también?

Después de la señora esta, aparece un señor que dice ser y llamarse Alberto Márquez. Parece que el tal Márquez es el organizador, dueño o de cualquier otro modo factótum del tinglado, y tampoco se queda corto: «No somos ningún certamen político, es simplemente un certamen de belleza que representa la ilusión del pueblo catalán». Nada menos, tú…

Pero volvemos a nuestra buena Jéssica (sic) de la que el reportero hace el siguiente comentario como cierre: «Oliveras dibuja ahora su futuro como modelo en un año de mandato que espera disfrutar de la misma manera que lo hacía cuando era pequeña y se probaba los tacones de su madre para imitar por el pasillo de casa a su idolatrada Judit Mascó». Todas las niñas pequeñas han jugado alguna vez a ponerse los zapatos de tacón de mamá para emular a un determinado personaje o un modelo sin personalización concreta -obvia y generalmente femenino- que suscita la admiración de la chiquilla en cuestión. Mis propias hijas, sin ir más lejos. En eso, Jéssica (sic), ha sido una niña completamente normal, como tantos otros miles.

Eso sí: las mías y muchos otros miles de niñas, han aprendido a leer y a escribir, han estudiado mucho o poco, algo, trabajan en algo útil, y, entre estudios y experiencia, saben que la inteligencia y los rasgos culturales catalanes están en muchos sitios y en muchas cosas, pero no en el culo más o menos redondo de una señora.

En eso creo que Oriol Junqueras y yo incluso podríamos llegar a coincidir.

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Comentarios

  • Jordi  On 28/11/2012 at .

    Vale, Javier, la pregunta es: ¿la moza está de buen ver?

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