…Y parió la abuela

De la serie: Rugidos

Si Maquiavelo levantara la cabeza, menudo puntapié le propinaría al ministro Wert. «Es peor que un crimen: es una estupidez»: he oído esta frase con su autoría atribuida a Talleyrand, a Fouché y a un ignoto cardenal renacentista, pero, cualquiera que sea su autor, es igualmente aplicable a lo que ha hecho este nefasto ministro. Desde luego, está claro que la historia de los ministros de Cultura y de Educación de este país (juntos, revueltos o por separado) es la historia del despropósito, de la cerrilidad, de la ignorancia y de la negligencia más supinas.

Wert, sin embargo, tiene un mérito por el que sus antecesores hubieran dado una mano: neutralizar -si así puede decirse- al lobby internauta, como gustan de motejarnos ciertos mentecatos para ocultar su propia venta (barata, encima, en muchos casos) a los lobbyes de verdad. En realidad, no es que nos haya neutralizado, es que nos hemos tenido que poner a la cola, a una larguísima cola, de rectores, catedráticos, profesores y alumnos de universidad, de profesores y alumnos de enseñanza primaria y secundaria, de padres de escolares, de investigadores y científicos, de escritores, autores, actores, cineastas, músicos, exhibidores cinematográficos, promotores teatrales, directores de museos y de bibliotecas y un larguísimo etcétera, todos los cuales, en el más benévolo de los casos, le están deseando un buen forúnculo en el culo. Ello no obstante, por lo que se oye de sus estrambóticos anteproyectos de modificación -ya no se sabe si por el canal ordinario o vía decreto-ley- de la Ley de Propiedad Intelectual, puede que, pese a todo, consiga volver a ponernos en la cresta de la ola.

Pero es que lo de ahora es gravísimo. El anteproyecto de Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa, muy polémico -por no decir otra cosa más gorda- en Cataluña, aparte de que es una barbaridad (en este país, vamos de un extremo a otro sin que parezca existir el término medio, hala, de Escandinavia al Congo o viceversa), no puede ser más inoportuno, justo con la que hay liada por aquí.

Cualquiera que sea la postura ideológica de cada cual (izquierda o derecha) o su actitud respecto a la España regional (independentista o unionista), nadie discutirá, imagino, que hay un porblema muy gordo en Cataluña (o, según se mire, en España; más bien en ambas); un problema que tiene sus causas de fondo y sus estupideces de superficie, pero un problema, en todo caso, enorme: la región económicamente más importante, socialmente más avanzada, la tradicionalmente tenida por más europea (desde hace, podría decirse, siglos), que tiene el 18% de los habitantes del conjunto del país (es decir, casi una quinta parte), con frontera directa, por Francia, con Europa, uno de los más importantes puertos (y puertas) del Mediterráneo y muchos etcéteras más que podrían añadirse, desde esta región, decía, se produce una impugnación institucional (institucional, ojo, porque la promovió el propio presidente de la Generalitat) de su pertenencia al conjunto español, y, tras unas elecciones de claro fondo plebiscitario, esa impugnación, sobre el partido en el poder y sobre otros partidos, obtiene prácticamente un 50 por 100 de los votos emitidos, más otro 13 por 100 de unos tíos raros que dicen que ni sí ni no, sino todo lo contrario, siendo el resultado más favorable al independentismo de toda la historia desde la Edad Moderna. Con este ambientillo, a Wert no se le ocurre nada más ni mejor que liarla parda a cuenta del más delicado -más allá de toda duda- de todos los temas posibles en relación a Cataluña: la lengua.

¿De qué va este tío? ¿Qué pretende? ¿Una ruptura definitiva, irreversible y a corto plazo? ¿Es así como cree ese individuo que se templan gaitas en ocasiones gravísimas? ¿Qué especie de espíritu santo ha bajado para decirle a ese que lo de Cataluña no pasa de ser una boutade que no llegará a nada y que, hala, barra libre? ¿A qué aire se cree que ha dejado el culo expuesto a los catalanes que no somos independentistas, que, además, según por dónde tiraran los tíos raros podríamos estar en minoría y que, encima, estamos en precario, porque no tenemos un modelo único alternativo, sino que entre centralistas, autonomistas, federalistas y no sé cuántas hierbas más formamos tropecientas familias distintas? ¿A qué retrete arroja ese elemento el intento de algunos -yo, modestamente, entre otros- de argumentar con contenido, con perspectiva, con gran angular, admitiendo los problemas reales en la medida en que existen, de buscar un entendimiento que, hasta que ayer supe de ese anteproyecto, parecía posible aún con las posturas más enconadas? Pero… ¿sabe ese insolvente lo que hace?

Qué vergüenza. Qué ignominia…

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Comentarios

  • Jordi  On 04/12/2012 at .

    Es lo que pasa cuando metes a un tertuliano de Intereconomía de ministro. Lo bueno es que el tipo es sociólogo. Otra cosa será averiguar en qué cloaca se sacó el título.

    ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? En mi opinión, para que haya separatistas tiene que haber separadores. Y este individuo es un separador en toda la regla.

  • Alvaro  On 04/12/2012 at .

    No solo es el tema de la lengua, de por sí ya un despropósito inoportuno, si no que además se aumenta (no voy a decir abre la vía, porque esa vía está más que abierta) la financiación de la educación privada a cargo del erario público.

  • DaniFP  On 04/12/2012 at .

    Esto es una Wert-gÜenza.

  • remo88  On 05/12/2012 at .

    A pesar de que el Sr ministro parece un tonto rancio, a estos niveles tontos los justos. Habría que preguntarse por qué hacen lo que hacen, que ventajas sacan de montar follones alegremente ???. No será que estops quieren liarda parda para después combatir la “anarquia” (según ellos, claro) con mano dura, durísima, además de cutre rancia y trasnochada

Trackbacks

  • […] como al Wert dichoso le han metido en la misma cartera a la Educación, nos adelantan como ferraris todas las fuerzas vivas escolares y universitarias del país y nos tenemos que poner a la cola de la muchedumbre que quiere darle… en fin… buenos […]

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