No pierda el tiempo suicidándose

De la serie: Rugidos

Bastó que un hombre se autoinmolara para que todo Túnez se levantara contra la opresión.

En España, llevamos ya no sé cuantos suicidios por causa directa de los desahucios. Hoy ha habido otro, en Peñafiel, y creo que con él nos acercamos a la media docena. Que sepamos, porque las estadísticas de suicidios y su evolución reciente, no es que se oculten, pero se meten cuidadosa y silenciosamente bajo la alfombra del Instituto Nacional de Estadística.

Nunca se sabe qué hay tras la desesperación de una persona cuando llega a estos extremos, al extremo de la autodestrucción. Aparte de la propia y extrema desesperación, claro. Yo no sé si en el último segundo antes de dar el paso al vacío, o de encender la cerilla sobre el embadurne de gasolina, o de apretar el gatillo, la desesperación -obviamente tan tremenda- deja siquiera un resquicio para la protesta o para la esperanza (la ciega esperanza, porque nunca se va a poder ver su buen o mal fin) de que ese acto tremendo va a ser la mecha que prenda el polvorín.

En España -y siento ser cruel- yo les diría a los futuros suicidas que no se cansen, que hagan lo que tengan que hacer impulsados por su propia desesperación y que, como en el infierno del Dante, abandonen toda otra esperanza. Sí, habrá unos cuantos centenares de personas decentes -bueno, si hace sol y no llueve, quizá miles- que mañana en Peñafiel o en cualquier otro lugar montarán un poco de pollo, pero no irá la cosa más allá. Veamos la realidad: las estaciones de esquí catalanas han estado este puente al 80%. No he mirado las del resto del país/estado/nación/lo-que-cojones-sea porque me figuro cifras parecidas; digan lo que digan Junqueras y sus acólitos, no somos distintos de los demás celtíberos. Y estos días de fiesta, en unas agradables terrazas de la plaza Maragall (por poner el simple y común ejemplo próximo a mi casa) tenían cola, una filita de gente esperando a que alguien terminara su aperitivo para emprender, a su vez, con el propio.

¿Hay crisis? Hay crisis. ¿Hay dramas? Hay dramas, qué duda cabe. ¿Va a haber estallido social? Pues, como decía «Hermano Lobo», el año que viene, si Dios quiere (pensando ya, obviamente, en el 2014, no en el 13 que, a estas alturas del calendario, ya no tiene entidad como año que viene). Porque lo que sigue habiendo en este país es sobrancia. Se oye hablar -incluso se lee en periódicos de esos calificables como de orden, o sea, casi todos- que el estallido social está a la vuelta de la esquina, pero de eso nada, monada. Mientras la gente tenga para el bareto (aunque sea con la mitad de cervezas y sustituya las gambas por esas infames patatas bravas) y para ir a esquiar (aunque en vez de hotel vaya al apartamento compartido con dos o tres familias amigas y se coma de bocata), aquí no va a haber ni estallido social ni hostias en vinagre.

Por lo tanto, sepa usted, mi querido y compadecido suicida, que todo lo que va a liar usted tirándose por la ventana, es un poquito de indignación en círculos muy concienciados, indignación, además, menguante a cada suicidio que pasa. Además, los del orden ese que le digo, arreglarán el asunto con seis centímetros de columna y si te he visto, no me acuerdo. Piense, futuro llorado, que -si no es mañana, será pasado- algún imbécil se cargará a su esposa o a su suegra, o a las dos, y eso será suficiente y sobrante como para que la memoria de usted vaya a hacerle compañía a su cadáver: al nicho, al hoyo, donde quiera que hayan metido lo que la fuerza de la gravedad, los mil y pico grados de la ignición hidrocarbúrica o la energía cinética del 9 parabellum hayan dejado de su cuerpo serrano.

Aquí, lo único efectivo que puede hacerse con ocasión del mutis final, es llevarse a alguno por delante para aliviarle presión al mundo. El único problema es a quién elegir porque, como el de los tontos, el número de hijos de la gran puta es infinito. Pero, en fin, siempre queda el pito pito colorito y, al que le toque, que arree.

La cuestión, pienso yo, es darse el bote prestando un último servicio.

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Comentarios

  • Luca  On 10/12/2012 at .

    Es que la “virtuosa” Merkel, igual de cortoplacista que los “perezosos” sureños, no contenta con habernos metido en este berenjenal (con la complicidad criminal de nuestros gobiernos) prefiere suicidios reales que su suicidio político (porque encauzar la situación requeriría reconocer ante su electorado que ha mentido como una bellaca).
    Mucho me temo que va a haber suicidios para rato: si los griegos, con la que está cayendo, han confirmado en las urnas el partido único del Euro, no creo los españoles se den cuenta del enorme daño que está haciendo seguir en este experimento fallido. O bien, sí se dan cuenta de los daños (habría que se ciegos para no verlos) pero no de la causa, y con un diagnostico equivocado la medicina no hace más que empeorar la enfermedad.

  • Jordi  On 10/12/2012 at .

    No niego a Javier parte de razón pero siempre teniendo en cuenta de que los del vermut y la esquiada son los que aún tienen el lujo de tener un puesto de trabajo. Mientras se pueda pagar la hipoteca y el coche aquí no se moverá ni un dedo. “Ándeme yo caliente y ríase la gente”, que decía Góngora.

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