$GAE doliente

De la serie: Correo ordinario

Hemos podido ver estos días un resurgir mediático de la $GAE (todavía no la acabo de ver SGAE) en los papeles. Igual que nos ha pasado en la Asociación de Internautas, parece que ha sufrido una cierta hibernación, en lo que a apariciones públicas se refiere. Y la razón, claro, es la misma: el impresentable ministro Wert ha liado pollos tan enormes en algo tan serio como es la educación, que ha relegado los problemas de la cultura (que ya eran muchos antes de su llegada y más que los ha incrementado él) a un segundo término. Pero están ahí y, claro, acaban saliendo. Lo que no deja de ser ilustrativo es que, pese a la que está cayendo en tantos ámbitos y, como digo, en el de la propia cultura, volvemos unos y otros a la palestra por el tema del canon digital y de la copia privada. No parece que haya forma de cerrar este tema, como no sea dejar que el paso del tiempo, con su particular e inexorable ley de la gravedad, lo solucione por la vía de hecho. Pero, como decía el otro día, la única ventaja de esta guerra es que es tan diáfana y tan sentida por la ciudadanía que sirve de sencillo ejemplo para ilustrar otras barbaridades de los políticos de más prolija y polémica explicación. El canon es sentido por todos, a derecha e izquierda, como una agresión y, por tanto, muestra muy bien, muy diáfanamente, cómo funciona la vesanía y la venalidad de la Casta.

Antón Reixa ha aparecido estos días en varios medios quejándose precisamente de eso, de la impopularidad de la $GAE, constatando que esa impopularidad sigue ahí (vía Asociación de Internautas) y de lo odioso que le resulta ser comparado con Teddy Bautista.

Las cosas como son: no. La distancia entre el viejo Teddy y Antón Reixa es sideral, aunque sólo nos quedáramos en el lenguaje y en la comunciación; y eso, los que quisimos verlo, pudimos verlo prácticamente desde el primer momento. Pero la $GAE las ha hecho muy gordas; y las ha hecho muy gordas no solamente en lo que se refiere a las irregularidades y presuntos delitos que están ahora en manos de la Justicia, sino en su actitud prepotente y avasalladora hacia los ciudadanos. A Reixa le va a costar mucho eliminar las bravatas de Teddy y los centimillos del finado Borau de la memoria de los ciudadanos. No de los internautas: de los ciudadanos. No es una cuestión de comparación: es que la $GAE está ahí y sigue siendo la misma; que hay un claro apaciguamiento formal en su cúpula, es innegable, pero no todo acaba ahí. Y las vías de diálogo con la sociedad civil se han insinuado, ha habido algún gesto, pero, desde luego, no se han abierto; no, ni mucho menos, de par en par.

Reixa, y quizá nosotros, en la AI, también, hemos perdido una oportunidad muy buena con motivo del canonazo de Wert: hubiéramos podido adoptar una postura común. Común y, además, conjunta. ¿Se imagina alguien lo devastador que hubiera sido para Wert una conferencia de prensa conjunta de Antón Reixa y de Víctor Domingo ciscándose ambos a coro en el canonazo? Pero, claro, para eso hubieran tenido que presentar una alternativa asimismo común y conjunta; y eso, además de devastador, hubiera sido poco menos que revolucionario porque esa alternativa hubiera tenido que hacer dos cosas fundamentales: una, establecer con claridad y de manera indubitada los límites de la copia privada; y dos, establecer con idéntica claridad una forma satisfactoria para ambas partes un mecanismo de retribución autoral por esa copia privada. Y si lo segundo es difícil, lo primero ni te cuento… Vamos, en realidad lo primero es, técnicamente, lo más fácil, pero políticamente lomás complicado porque el quid de la cuestión está en las descargas, en definirlas o no como una modalidad de la copia privada; con la dificultad añadida de que mucha gente piensa como yo: si las descargas (de redes P2P o similares, se sobreentiende, y siempre para uso particular y sin ánimo lucrativo por ninguna de las partes, ni la que da ni la que recibe) no se consideran una modalidad de copia privada, la copia privada, de facto, desaparece. O sea que es un todo o nada y, por eso mismo, muy difícil de negociar. Sin embargo, yo creo que si la descarga -en las condiciones antedichas- fueran consideradas coo una modalidad de la copia privada, el tema de la compensación autoral sería, dentro de lo complicado, bastante más fácil, me parece a mí.

En todo caso, es un tema que habrá que afrontar sí o sí cuando, en mejores o peores condiciones, Wert (¡glub!) o quien sea, aborde la modificación de la Ley de Propiedad Intelectual y, por tanto, yo me atrevería a sugerir a Reixa y a Domingo -y a cuantos terceros pudieran estar legítimamente interesados- que empiecen a negociar este tema ya, sin esperar a que Wert lo ponga encima de la mesa (si es que tiene la menor intención de poner nada sobre mesa alguna) y mande él en las conversaciones. Veo difícil un acuerdo, precisamente por ese escollo de las descargas, pero si hubiera un resquicio para el mismo, sería fantástico que se pudiera poner sobre la mesa de Wert una postura unitaria de ambas partes: a ver cómo se las componía entonces este personajillo para dar satisfacción a la industria, que vería ese acuerdo como lejía en los ojos.

Y es de este modo, don Antón, como la $GAE empezaría a dejar de ser odiosa a los ojos de la ciudadanía y volvería a ser la SGAE que nunca debió de dejar de ser.

Otra cosa es que le doy la razón en lo que se refiere a la industria y a los intermediarios comerciales: han empapado el canon en los precios y, pese a que el canon clásico se ha suprimido, los precios se mantienen. Pero no es tan importante porque la razón la tiene Reixa a medias: si bien los CD y DVD mantienen sus precios con canon al menos en las grandes superficies, otros dispositivos (las llaves USB, por ejempo, bajan incesantemente). Lo cierto es que la guerra del canon (y esa es otra) empezó porque se gravaban unos dispositivos que hoy en día se usan ya muy poco y con tendencia a que se usen aún menos, porque la nube está ganando terreno a cada día que pasa. Mi última compra de CD y DVD tiene ya dos años y la mitad de los que compré, ahí están, muertos de risa en sus envases, los cuales, a su vez, andan tirados por no sé dónde. Mis hijas apenas descargan nada porque todo lo ven o lo escuchan en streaming y pasan completamente de soportes físicos; la mayor, lee los documentos que necesita en sus clases con una tablet y los toma de un almacenamiento on the cloud gracias a la conexión wifi de su facultad. En ese entorno -cada día más y más generalizado, por otra parte- hablar de canon, de soportes físicos o, incluso, de las descargas mismas, casi parece pleistocénico. Y es que lo que los seres humanos no sepamos solucionar en brevísimo tiempo (y cada vez será menos) lo solucionará la realidad tecnológica con esa particular ley de la gravedad a la que antes hacía referencia.

Tan insoslayable, además, como la que enunció Newton.

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Comentarios

  • Jordi  On 14/12/2012 at .

    Ya ya ni me bajo música: me conecto a youtube y veo directamente actuaciones en directo. Es alucinante como unos aún están hablando de pergaminos y monjes copistas cuando la imprenta va a todo trapo.

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