¿Todo es un espejismo?

De la serie: Esto es lo que hay

Bárcenas dice que los apuntes no son suyos y que, de hecho, no es su letra (aunque, si hemos de hacer caso a uno o dos medios, varios peritos calígrafos han asegurado que sí lo es). Rajoy dice que él no ha visto un duro ilegal, ni para sí ni para otros (aunque, a confesión de parte, admite que dos o tres de esos apuntes pueden ser ciertos, pero a modo de flauta que sonó por casualidad). Ana Mato, fíjate, ni siquiera se entera de facturas de siete mil euros. Oriol Pujol es inocente como un pajarito. Urdangarín, faltaría más, también: lo único que hizo fue entretenerse -en la familia real, al parecer, se aburren mucho- con una fundación sin ánimo de lucro, pero sin pillar euro para sí; y su santa esposa menos, no faltaría más. Convergència Democràtica de Catalunya (la C de CiU) tiene su sede embargada cautelarmente para responder de una posible implicación en causa de financiación ilícita alrededor del caso del Palau de la Música; Unió Democràtica de Catalunya (la U de CiU) tuvo que retratarse el otro día en un buen montón de miles de euros como responsable civil subsidiario por el marraneo de algunos de sus cargos -convictos y confesos, esos deben ser los únicos que ya no son inocentes– con los dineros de fondos europeos que deberían haber sido destinados a la formación de trabajadores. El Fabra aquel del aeropuerto, también es inocente pío pío a la par que afortunado en la lotería; Camps, vergonzosamente declarado inocente por un jurado que debería ser investigado a fondo (las pruebas eran de cajón) ya lo era antes de tan berroqueño veredicto (que creo que está recurrido, pero, en fin…). Inocente lo es también Pepiño, no faltaría más, como inocentes lo son también los del marraneo de los ERE en Andalucía.

Si esto fuera Japón, tendríamos que arremangarnos los pantalones para no ponernos perdido el dobladillo, de los arroyos de sangre de seppuku que correrían, pero aquí no, aquí todo el mundo es inocente, no faltaría más. 300 políticos imputados por marranerías diversas son inocentes y puros como un lirio blanco.

Total: que aquí no hay corrupción. Es un completo invento de dos o tres plumíferos malintencionados y de un montón de ciudadanos incautos que nos tragamos la trola. No es más que eso. Nada más. Aquí no hay tráfico de influencias, ni venta de favores, ni sobres, ni comisiones, ni licitaciones amañadas, ni sobreprecios fraudulentos… nada. Todo es falso, todo es mentira.

Y lo que hay son sinvergüenzas al cuadrado. Sinvergüenzas intrínsecos, por meterle la mano en el cajón y sinvergüenzas, adicionalmente, por tener el morro de negarlo por más que hayan sido pillados poco menos que in fraganti.

Aquí lo que hay es una entera clase política completamente corrupta. Completamente. Que no me vengan con leches de que no todos son iguales. Ya lo creo que lo son. Las excepciones se cuentan con los dedos del culo. Porque están los que cobran pero, sobre todo -y esos son igual de culpables- están los que saben y callan. Y están -y siguen siendo igual de culpables- los que no supieron, pero que, cuando se destapa la olla, apoyan al corrupto, lo cubren, lo arropan, en vez de arrojarlo a las tinieblas y al escarnio..

Precisamente ayer o anteayer leía un lúcido artículo de José Antonio Zarzalejos -antiguo director de ABC y que, al parecer, conoce personalmente a Rajoy, cosa que no es sorprendente- escrito en forma de carta abierta, en el que manifiesta sus dudas de que Rajoy pillara un euro para sí -dudas que quizá vayan a verse desmentidas, según parece- pero le reprocha que cubra como está cubriendo a los corruptos. Esa es la gran corrupción: que todos, de alguna manera están pringados, todos son deudores de los corruptos propiamente dichos, todos están pillados, todos tienen algún documento que les compromete en manos de algún inocente.

Se apoderaron de las cajas y las saquearon a modo, causando con ello parte del problema financiero, económico y social que tiene este país ahora, el más grave desde la posguerra: sólo los octogenarios recuerdan momentos tan difíciles, porque desde que, a mediados de los cincuenta, este país empezó a levantar el vuelo, no se recuerdan etapas tan económicamente negras y, sobre todo, con tanta desesperanza en el futuro. Nos han arruinado y han arruinado a nuestros hijos. Se han gastado en putas -en no pocos casos, además, literalmente- nuestra ilusión, nuestra confianza, nuestra fe en nosotros mismos, nuestro futuro, las familias de nuestros hijos… Aunque hasta hoy apenas me lo habia planteado, nunca como hoy veo tan difícil y tan negro llegar a tener nietos algún día, a no ser que mis hijas corran riesgos que no sé yo si serán asumibles… Y van los hijos de la gran puta y dicen que son inocentes.

Sólo el cadalso -después de un Nüremberg ejemplar- podría lavar su iniquidad, pero parece que ya no es hora histórica de cadalsos. Lástima. De verdad que es una lástima, porque el estruendo de unas trampillas abriéndose una madrugada en Spandau, proscribieron en última instancia el nazismo declarándolo maldad absoluta, prohibiéndolo incluso en lo intelectual. Lo que nos ha hecho esa puta chusma de la clase política no merece menos.

Ellos, esos inocentes son los culpables de más de seis millones de parados (esa cifra de los seis millones… qué significativa coincidencia ¿no?), de una entera juventud a la intemperie con más de la mitad de sus miembros sin trabajo y sin esperanzas de hallarlo (y mira qué calidad de empleo los que lo tienen), de la ruina por desahucio de miles y miles de familias, de centenares y centenares de suicidios causados por la ruina económica, de un país entero pasando miedo, ansiedad y dolor.

¿Y qué ocurrirá si se desbordan los embalses de la ira? ¿Qué pasará si toda la furia contenida en el corazón de todos los españoles rompe un día las ataduras y se suelta incontenible? ¿Clamará entonces ese hatajo de cerdos por una democracia que ellos han corrompido, por una ley que ellos han prostituido, por una tranquilidad que ellos han roto, por una serenidad que ellos han desintegrado?

Son culpables. Culpables todos. Sin excepciones. El que se considere una excepción tiene el camino muy claro: largarse, salirse, dejar el pesebre, reintegrarse a la sociedad común y trabajar -si puede- como cualquier otro hijo de vecino, sin chollos, sin pensiones, sin blindajes.

Y si se queda, que asuma su puta responsabilidad, que se aguante y que se calle, que no venga con la cantinela que que no todos son iguales. Lo son. Mientras sigan ahí cobrando sobres y/o callando y/o solidarizándose con la mierda y con los mierdas, son iguales que ellos. Su inocencia sólo puede estar en la calle.

Y, cuando esto, por fin, estalle, no habrá otro elemento de juicio. Que lo sepan.

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Comentarios

  • asmpredator  On 05/02/2013 at .

    Esta vez debo darte la razón NO HAY EXCEPCIONES, los corruptos NO SON EXCEPCION, en todo caso lo son los honrados si es que queda alguno, en cuanto a corrupción todos los de la casta están de acuerdo (es en lo único) de apuntarse al carro de la rica corruptela.Pero que sepan que nuestra paciencia tiene un limite, limite que se esta ya desbordando, lo han traspasado con creces y de un señor como Rajoy que ha mentido en todo, no puedo creerme que ahora no mienta, como todos sus palmeros.

  • Beetlejuice  On 07/02/2013 at .

    ¿De verdad crees que esto estallará? ¿No será que estan muy tranquilos porque saben perfectamente que con el proximo Barça-Madrid (por poner un ejemplo) nos olvidaremos de todo?
    Llamame pesimista pero cada vez creo menos en nosotros, y “ellos” tambien.

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