Archivos en la Categoría: Partes de guerra

El salmo que acabó en gloria

De la serie: Pequeños bocaditos.

Menudo susto me llevé ayer con la mani del #12M (Barcelona). Ya me iba preocupando ver poco ambiente en el metro; otras veces siempre veías a uno u otro con camiseta ad hoc, chapas, carteles o similares, pero ayer, nadie: era imposible de todo punto distinguir quién iba de mani o quién de discoteca. Llegamos un amigo y yo a la plaza Catalunya que serían las seis menos veinte (la concentración estaba convocada para las seis) y, bueno, la plaza estaba con unas calveras de aquí te espero. Me preocupó un poco: el 15-O, a esa misma hora, ya no cabía un alfiler pero, en cambio, la de hace un año, el 15-M, sí que estaba así aproximadamente a esta misma hora. Y es que la puntualidad no es una cde las virtudes de la raza.

El problema es que media hora después, a las seis y cuarto, la cosa estaba igual. Así mismo:

Empezamos a temer lo peor. Buscamos aledaños. Fontanella, limpia, Ronda de Sant Pere, limpia. El paseo de Gràcia, sí, lleno, pero sólo hasta la Gran Via (cien metros). Ay, ay, ay.

En estas, @acampadabcn avisa en Twitter de que en Gran Via con Balmes hay un mogollón. Pues será allí, porque, en Gran Via con paseo de Gràcia no hay ni perico, y aunque sí que hacia Balmes parece que hay gente, la avenida que cruza Barcelona en paralelo a la línea de costa está completamente vacia. Voilà:

Las siete ya y con una gran mosca tras la oreja, caminamos -bien anchos- hasta Balmes. Y allí sí, meeeeeeenos mal, el gran mogollón. Tampoco parece, en un primer momento, un volumen comparable al de las otras dos ocasiones pero, en fin, echamos a andar y, a medida que avanzamos Balmes arriba, se hace más evidente que sí, que el gentío es comparable al 15-M 2011 y al 15-O. Realmente muy comparable: cuando llegamos a la Diagonal, parece aún haber gente hasta Pelai y el carril central de la Diagonal va también lleno el hasta paseo de Gràcia. A estas alturas ya sabemos, por Twitter, que el recorrido va a bajar hasta la plaza Catalunya para proceder a la correspondiente asamblea. Encaramos paseo de Gràcia hacia abajo y a la altura de Rosselló a mi amigo se le ha hecho tarde (realmente son ya casi las ocho y media) así que lo acompaño hasta las proximidades de su casa para lo cual retrocedemos por París y volvemos a cruzar Balmes, constatando que, habiendo gente que ha llegado hace rato a la plaza Catalunya, la calle Balmes, entre Diagonal y Pelai está llena.

No me cansaré de decir lo de menos mal. Hubo un momento (y así lo mencioné en Twitter) en que tuve la impresión -en aquel momento, la constatación palpable- de que la convocatoria había constituido un dolorosísimo pinchazo. En todo caso, sí hubo algo que no funcionó. Al llegar a casa, fui a la página de convocatorias del #12M15M y comprobé que, efectivamente, la de Barcelona estaba convocada para las 18:00 en la plaza de Catalunya. ¿Entonces?

Pues entonces, deduzco que habrá otra u otras páginas de convocatoria, ya que imagino que aquel gentío que había en Balmes no habría ido allí por obra y gracia del Espíritu Santo. Y el pequeño pero denso mogolloncito de gente que había en el paseo de Gràcia allí se quedaría viéndolas venir, como hubiera hecho yo de no haber estado atento a Twitter. Lo que habrá pasado, imagino es que, pese a haber una página central de convocatorias, luego cada @acampadaXXX habrá hecho la guerra por su cuenta en su propia página. Vamos bien.

Yo (y no era el único) creí que todo iba a discurrir como en las otras dos manifestaciones: empezar en Catalunya, emprender por Fontanella, bajar por Via Laietana, Colón y disolver a las puertas de la Ciutadella. En ningún momento supe de otro recorrido. Sin perjuicio de que, por lo demás, el de ayer me pareciera mejor, más inteligente, con mayor visibilidad.

Pues bueno.

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DRY o no DRY

De la serie: Esto es lo que hay

Es sabido ya que Democracia Real Ya ha sufrido un fraccionamiento, aunque ignoro -creo que, en general, ignoramos- en qué proporciones. Hace unos días, un grupo de ¿miembros? de DRY legalizó una asociación con ese mismo nombre y se armó la de San Quintín. Hombre, en principio, queda feo, porque da una sensación como de apropiación, como de decir yo soy lo auténtico, lo legal, lo guapo, y lo demás es… pirata. Así que la parte anárquica (más que anarquista) de mi corazoncito, casi se inclinaba por los otros, por los que se mantuvieron en el rollo tal cual, y eso que ya es sabido lo que pienso yo de lo asambleario, pero bueno, cada cosa en su lugar y momento. Hoy he sabido algunas cosas más. Los legalizados acusan a los fácticos de ser una camarilla que se ha apropiado de la marca en Twitter, en la web y demás, y que hace y deshace sin bendición democrática y, bueno, a partir de ahí se debate si una determinada asamblea fue o no legal porque la convocó o no un determinado porcentaje, lo que me lleva a la idea de que en el entorno fáctico hay también reglamentos, aunque no estén registrados.

Ante todo: conozco ambos argumentos y conozco el conjunto del problema muy superficialmente, de modo que el que espere que yo aquí y ahora vaya a tomar partido por una u otra facción, no hace falta que siga leyendo, que no se canse y vaya a otra parte. O que se quede, pero que no se queje. Sólo pretendo realizar un pequeño análisis de cómo están las cosas según las veo.

Aquí estamos ante una difícil dicotomía: organizarse dentro de la legalidad, lo que implica unos estatutos articulados e implica una directiva con unos responsables que, por muy controlados que estén asambleariamente, necesariamente adquieren un cierto poder, una cierta autonomía, por pequeña que sea, en la toma de decisiones, lo que los convierte en corruptibles o, cuando menos, en potencialmente sospechosos de serlo, cosa que lleva, de forma absolutamente inevitable, se ponga quien se ponga como se ponga, a que se formen, como mínimo, dos líneas, la oficialista y la opositora, pero la opositora puede, a su vez, estar integrada en varias sub-líneas, lo que, en definitiva, lleva a una burocratización y al apaga y vámonos por parte de mucha gente que ve que su propio tinglado se convierte en aquello contra lo que precisamente está combatiendo; por otro lado, el colectivo fáctico tiene el peligro de que, efectivamente -y no digo que esté sucediendo, sino que bien podría suceder- una pequeña camarilla que controla todos los mecanismos de proyección y de emisión de doctrina del colectivo se constituya es una especie de guardián de las esencias y decida urbi et orbi lo que sí y lo que no, al modo jacobino, y montando números ibsenianos con los disidentes, lo que llevaría a asambleas a la búlgara.

En el plano positivo, cada modelo tiene sus ventajas: pensando en que el enemigo (los políticos profesionales) está desesperado porque no sabe con quién negociar ni qué autoridad tienen los portavoces -cuando se dirigen a ellos- de cara a que se cumplan los acuerdos, parecería que la organización legalizada, con su inherente pirámide ejecutiva, sería muy eficiente; pero, por otro lado, un país anárquico que repugna el asuntillo este de los carnets, de las cuotas y, sobre todo, de las obligaciones, prefiere una nebulosa a la que adherirse cuando lo que resulta de ella es grato o a la que rechazar sin más cuando lo que sale del éter asambleario es ingrato o incómodo.

Es sabido que una de las primeras críticas que recibió el 15-M fue la de su falta de articulación. El enemigo, absolutamente sorprendido y desorientado, clamaba porque esa ciudadanía puesta en pie propusiera alternativas: «Bueno -decían- sabemos lo que no quieren pero, en definitiva ¿qué es lo que quieren?» Pero la ciudadanía se limitaba a protestar, sin más, y las pocas alternativas que se planteaban -que se concentraban básicamente en la propuesta de dispersar el voto- no se dirigían al enemigo sino a la propia ciudadanía. Los políticos fueron incapaces de comprender -no en vano los hemos acusado siempre de lerdos en la misma medida que de corruptos- que lo que hubieran debido hacer es tomar la iniciativa en el sentido de lo que los ciudadanos pedían con bastante claridad: medidas severas contra la corrupción, lo que podría implicar, por una parte, un código penal más riguroso al respecto pero, creo yo que sobre todo, un control interno dentro de los partidos (en el código penal creo poco, para ciertas cosas, porque es útil para combatir conductas extremas, pero no para poner coto a lo que ya es cotidiano) y un sistema electoral que permitiera una cuota mayor de representatividad. Yo creo que eso lo pedía la ciudadanía muy claramente. Otras cosas ya eran más complicadas: fin del poder financiero sobre la política, la participación de la sociedad civil en las decisiones políticas, etcétera. Digo complicadas, más que nada por su articulación (supuesto y, desgraciadamente, no admitido que se hubiera pretendido) para la cual sí hubiera hecho falta preguntar a los ciudadanos.

En otras palabras, hay reivindicaciones claras que los políticos hubieran podido resolver si hubieran querido, pero otras que ellos solos, aún con buena voluntad, no hubieran podido afrontar. Y si lo hubieran intentado, entonces sí, se hubieran encontrado con esa falta de interlocutores válidos.

Hablar, por hablar: lo que el enemigo ha pretendido en todo momento es marear la perdiz con excusas y pretextos, porque si se hubiera puesto a solucionar la parte perfectamente inteligible de las exigencias ciudadanas hubiera podido hacerlo sin más y de esa solución hubieran venido las otras: al articularse un sistema electoral más representativo, los ciudadanos ya hubieran podido hablar a través de él. Pero, en todo caso, la disposición de los políticos a vehiculizar las exigencias ciudadanas, hubieran dado lugar -y me caben pocas dudas- a que la ciudadanía articulara un sistema de representatividad provisional que proporcionara interlocutores con cara y ojos.

Ahora tenemos ese problema de la DRY (sector fáctico) y de la DRY (sector legal). En realidad, es un problema menor, menos grave de lo que parece. El único problema es que los ciudadanos odiamos la mierdecilla por el poder (¡es lo que nos ha movilizado!) y eso quizá podría afectar a las cifras de mañana. No lo creo, pero la posibilidad está ahí. En realidad, si las cifras de mañana no fueran lo que cabe esperar, dudo que el problema esté en el fraccionamiento de DRY sino, más bien, creo que el fraccionamiento de DRY podría ser la parte pequeña del problema que habría que deducir, si llegara a ser el caso, en una mala gestión del 15-M.

Pero incluso unas cifras cortas mañana me preocuparían poco: una ciudadanía cabreada es una olla a presión y el hecho de que la válvula no funcione bien no quiere decir que la presión no exista: si DRY se convierte en, o se percibe como, una olla de grillos, mañana no pasará gran cosa (vaya, mucha gente siempre la habrá, pero sí, según ruede, podría resultar mucho menos masivo de lo que todos deseamos) pero, de un modo u otro, la ira ciudadana encontrará otros canales que, además, surgirán muy fácilmente. Si no es Democracia Real Ya, será Democracia Real Plum, pero surgirán.

De modo que si los factótums de DRY (los fácticos y los legales) no llegan a ponerse de acuerdo para poner en común su patrimonio (los instrumentos de divulgación y los documentos legales) se van a quedar con ese patrimonio y en bragas, como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, mientras la ciudadanía busca otros canales para dar cauce a su justa ira y a su protesta.

Así que ellos mismos.

Pis pis

De la serie: Me parto el culo

El 15-M le da un quiebro a Puig: «nos manifestamos cuando queremos, no cuando quieras tú». Puig soñaba, en efecto, con graves incidentes durante la reunión de los tiparracos del Banco Mundial Banco Central Europeo en Barcelona con un doble fin: en primer lugar, justificar todas las brutalidades que sus muchachos han llevado a cabo en el pasado; en segundo lugar, dar pie a obtener cobertura legal y ejecutiva para todas las brutalidades que, con toda seguridad, está preparando para el futuro.

Pero se queda como el gallo de Morón. No va a haber nada de nada. El jueves, los estudiantes se manifestarán contra la subida de las tasas académicas y eso va a ser todo. Los ocho mil antidisturbios de mil colores que Puig nos tenía preparados, entre mossos, maderos y civiles, se van a quedar ahí, exhibiéndose como los tíos más ridículos de toda la ciudad, sin otro quehacer que jugar al tute o machacársela.

Los ciudadanos, mientras tanto, nos dedicaremos tranquilamente a preparar el aniversario del 15-M. Aniversario en el que Puig habrá de tener las manos quietecitas, si no quiere aparecer bien retratado en las principales portadas del mundo. Porque el 12 de mayo, todo el mundo mirará a España y, sobre todo, a Madrid y a Barcelona.

Los provocadores pagados con dinero público están de pega.

Por una vivienda digna para todos

 

MANIFIESTO

Contra la condena hipotecaria, por el derecho a la vivienda

Apoyamos una ILP para que miles de familias puedan rehacer sus vidas

A la dificultad histórica en nuestro país para acceder a una vivienda digna por parte de amplios sectores de la población, con la actual crisis económica se suma el problema –emergente y dramático- de la pérdida de la vivienda por motivos económicos. Según datos del Consejo General del Poder Judicial, desde 2007 – año en que estalla la crisis- y hasta el tercer trimestre de 2011, se han producido 350.000 ejecuciones hipotecarias en toda España. Las previsiones de futuro no son mejores e indican que estas cifras podrían duplicarse en 2012-13.

Si estos datos ya dibujan un panorama suficientemente complicado, aún lo es más cuando profundizamos en el problema. Por un lado, las personas afectadas por estos desahucios pertenecen a los sectores sociales más castigados por la crisis: las personas que han perdido el trabajo, especialmente las que se encuentran en situación de paro de larga duración, y de éstas, los colectivos tradicionalmente más vulnerables, como las personas inmigrantes o las familias monoparentales. Por otro lado, a la pérdida del trabajo y la consiguiente pérdida de la vivienda se suma una consecuencia totalmente inesperada y de graves efectos: el actual procedimiento de ejecución hipotecaria prevé que, en caso de impago, la vivienda vaya a subasta. Si la subasta queda desierta (lo que sucede en la mayoría de los casos), el acreedor –la entidad financiera- se puede adjudicar la vivienda por el 60% del valor de tasación y seguir reclamando el resto de la deuda pendiente -más intereses y costes judiciales- a la persona ejecutada durante el resto de su vida. Así, a la dramática situación de no tener trabajo ni vivienda se suma una deuda irrecuperable que supone el embargo de nóminas o de cualquier ingreso o propiedad a su nombre. Se trata, por tanto, de una condena a la exclusión social de por vida, de la que uno no puede escapar por mucho que trabaje y que, por tanto, empuja a muchas familias a la economía sumergida con tal de sobrevivir.

Ante los abusos de las entidades financieras -en gran medida responsables de la actual crisis económica- y la complicidad del Gobierno, que les da cobertura con una ley injusta que hace recaer toda la responsabilidad sobre la parte más vulnerable, a la vez que destina miles de millones de euros en ayudas públicas a la banca sin ningún tipo de contraprestación, es necesaria una movilización social que fuerce un plan de rescate para las miles de personas que se endeudaron, no para especular, sino simplemente para acceder a un bien de primera necesidad y a un derecho fundamental como es una vivienda digna.

Por todo esto, la Comisión Promotora os invita a sumaros a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que permita llevar al Congreso de los Diputados una modificación de la ley hipotecaria y de la ley de enjuiciamiento civil para regular la dación en pago retroactiva, paralizar los desahucios y promover el alquiler social. Así, se pretende que en los casos de primera residencia y deudores de buena fe (aquellos que han dejado de pagar por una causa justificada, como el paro o una enfermedad), las personas puedan liquidar su deuda con la entrega de la vivienda y empezar de cero, tal y como sucede en los Estados Unidos o, a través de diferentes procedimientos, en muchos otros países europeos. Pero además de la dación en pago, esta ILP también propone que se paralicen los desahucios y que aquellas hipotecas que hoy resultan impagables puedan reconvertirse en un alquiler social, de manera que los hasta entonces propietarios puedan permanecer en las viviendas no destinando más del 30% de los ingresos familiares al pago de la renta.

Porque no tiene sentido que los bancos acumulen miles de pisos vacíos mientras miles de familias se quedan en la calle. Por el derecho a una segunda oportunidad. Por el derecho a la vivienda. ¡Únete a la ILP!

Reflexión a toro pasado

De la serie: Esto es lo que hay

Bueno, pues ya pasó la huelga general y pasó entre la habitual guerra de cifras: la patronal decía una, los sindicatos otra, el Gobierno una tercera (por no hablar de los autonómicos) y hasta la Guàrdia Urbana de Barcelona daba sus habitualmente pintorescos números, para no perder la costumbre.

Ha habido muchísima violencia, en esta ocasión: ha habido violencia en las calles, ha habido violencia en los piquetes y ha habido violencia en los empresarios.

Esta vez, en algunos lugares no ha sido una huelga pacífica. Se dirá, y es verdad, que hoy ha sido el día grande de esa especie de estrambóticos semiprofesionales de la guerrilla urbana (la verdad es que, si nadie les paga, son unos simples psicópatas) pero no creo que todos los contenedores quemados, todos los escaparates rotos y demás hayan sido debidos a esos capullos. Hay mucha ira en el ambiente porque la alimenta la impotencia. Y hay una sensación muy grande de impotencia entre la ciudadanía: a la frustración de la falta de alternativa política válida, se suma el ser constantemente víctimas indefensas de la barbarie económica: desahucios, despidos en masa, emigración cada vez más numerosa, una juventud sin futuro a la que ya nadie se esconde para denominar generación perdida… ¿De qué nos sirve la ley, el derecho, las instituciones? Cada consejo de ministros que se celebra prodiga indultos para los delincuentes encorbatados, pero nadie indulta al que no pudo pagar la hipoteca… Nunca jamás la ley del embudo fue tan evidente y descarada. La desesperación hace presa en capas más amplias de la sociedad a cada día que pasa: cada vez se ve más gente durmiendo en los vestíbulos de los bancos, cada vez se ve a más gente removiendo los contenedores en busca de chatarra o de comida, cada vez hay más cola en los comedores sociales, cada vez hay más niños que van al cole sin desayunar… y quién sabe si siquiera cenaron anoche. ¿Se espera que esa gente, que esos padres desesperados…? Pero, bueno… ¿cómo puede estar el corazón de un padre o de una madre cuando despiden al hijo que se va al colegio sin haberle podido dar siquiera un mendrugo? ¿Se pretende que ese hombre, que esa mujer, no quemen contenedores, que confíen en no sé qué ley y en no sé qué democracia y en no sé qué instituciones? ¡Y una mierda! Hubo violencia ayer y la seguirá habiendo y cada vez estará más extendida y será más dura.

Los piquetes… La gente de orden clamaba ayer por los piquetes. No hay derecho… ¿y el derecho al trabajo? (ya veremos cuánto clama la gente de orden por el derecho al trabajo hoy, mañana y dentro de una semana). Pero tienen razón, por más que me duela dársela: esto de los piquetes es una canallada y todo aquel que agrede, amenaza o amedrenta a una persona que se dirige a su trabajo, es un delincuente. Sin paliativos y sin otra denominación posible. ¿Vale? He dicho delincuente y canallada ¿Sí? Y he añadido que sin paliativos, que no hay denominación alternativa que valga. ¿Queda claro?

Pues si vale, si sí y si queda claro, hablemos ahora de los que van a trabajar. Al trabajo se puede ir por varios motivos: porque se corre el riesgo cierto de perderlo si se va a la huelga, porque se teme que se pueda correr ese riesgo aunque no esté constatado, porque no se está de acuerdo con la huelga o porque se es un cobarde y un mierda. Vamos a dejar ahora a los dos primeros, al del riesgo y al del miedo, que de ellos hablaremos más adelante. Al que no está de acuerdo con una huelga y lo dice de verdad y no de boquilla, suele reconocérsele porque en otras ocasiones sí ha estado de acuerdo y, por tanto, si la ha hecho, o bien ha dado la cara o, cuando menos, ha participado en otras movilizaciones; se trata, por tanto, de una persona digna de todo respeto que ejerce legítima y éticamente una libertad que posee, y constituye el más claro caso de criminalización de piquetes, ante la idea de que alguno de esos bárbaros pueda causar daño a alguna de esas personas.

Queda… el último de la fila. Estamos ante un caso que tiene sus diversas especialidades: el sobrado que está por encima de estas cosas propias de proletarios cutres (que, a veces, es un sobrado más o menos real y otras veces es un gilipollas tan cutre como cualquier otro huelguista, sólo que con ínfulas), el simple pelota, esto es, el mierda que no quiere quedar mal ante sus jefes, el miedoso patológico, o sea, el saltimbanqui que no quiere meterse en líos (que existe incluso entre funcionarios de carrera, manda narices), y esa tan frecuente especie de miserable que se cree solamente acreedor de derechos y jamás de obligaciones, incapaz de hacer nada que no sea para sí mismo (única y exclusivamente para sí mismo), que es el que utiliza todo lo demás como excusa (es el genio que suele decir -y pretende ser creído- que no puede permitirse prescindir de los ingresos de ese día: precisamente a quienes les viene de los ingresos de ese día son los que hacen huelga cada vez que se convoca, porque saben que no pararle los pies al enemigo puede costarles muchísimo más que eso). A estos elementos sí que les daría yo piquete, pero bien dado. Lo que ocurre es que, si no se está dentro de la empresa o de la unidad (y los piqueteros no suelen estarlo y hacen bien, si no, al día siguiente sus morros no valdrían un ardite) no se distingue a estos elementos de otros que acuden a su puesto de trabajo por motivos decentes. Actualización (que se me había olvidado): ninguno de estos sinvergüenzas renuncia jamás a ser partícipe de los beneficios o de los minusperjuicios que han logrado los otros con su riesgo y con su sacrificio.

Luego queda lo del miedo. No es el motivo más gallardo, pero sí el más humano. Al heroismo nadie está obligado y, en muchos casos, seguir la huelga constituiría, en términos laborales, un caso de heroismo (pero ojo, que los hay, no obstante). Porque una de las cosas que ha caracterizado a esta huelga, en mayor medida que en otras ocasiones, es el terrorismo empresarial. Hemos sabido -incluso de han hecho listas negras- de empresas que han amenazado o coaccionado a sus trabajadores: grandes superficies (alguna de ellas muy caracterizada), cadenas de alimentación y, en fin, establecimientos diversos. Hemos sabido, incluso -y parece que no es una aislada excepción- de hoteles que han prácticamente obligado al personal a pernoctar en el establecimiento la víspera para tener bien sujetos a los que habían de entrar de servicio ayer. Esto, señores de la patronal, es violencia y esta violencia desactiva sus lágrimas de cocodrilo ante los piquetes, ante los bloqueos de la entrada de grandes establecimientos, ante roturas de cristales, pintadas y demás. Yo no justifico nada, ojo, pero cuando digo nada es nada. Ustedes, los de la patronal, se quejan de una violencia, pero han promovido, motorizado y vehiculizado la otra. Así que si les han roto cosas, si les han obligado a echar el cierre, si les han echado los muebles por la ventana, se joden ustedes. Porque los que entorpecen el derecho a la huelga, son delincuentes, exactamente en la misma medida, o más, que lo son los piqueteros, aunque policías, fiscales, jueces y ministros y consejeros de Interior miren para otro lado en vez de actuar de oficio como tan prestamente actúan en tantos otros casos muchos de los cuales ni siquiera constituyen acciones delictivas.

Ayer hubo una huelga general que, más allá de los números, tuvo un seguimiento importante globalmente considerada (que hubiera sectores de más y de menos, es natural) y, como colofón, unas manifestaciones numerosísimas en prácticamente toda España, llamando muchísimo la atención las masas (ya no hablo de cifras) de Barcelona, Madrid y -anda- Valencia.

Ustedes, cínicos de mierda, a quienes tanto les gusta repetir el proverbio chino aquel de que crisis equivale a oportunidad, les devuelvo ese otro proverbio que me acabo de inventar yo pero que, andando el tiempo, verán como se cumple: huelga general y manifestaciones masivas equivalen a oportunidad.

No la aprovechen y verán lo que acabará pasando en este país.

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