Monthly Archives: abril 2007

Micro$oftitat de Catalunya

El jueves por la noche llegó a mi buzón de correo personal (no tardará mucho en llegar también al profesional) una convocatoria de la Fundació Barcelona Digital; nada extraño: recibo uno o dos al mes y asisto de cuando en cuando a algunas que me susciten algún interés y siempre que no me obliguen a tomarme horas moscosas o, por lo menos, no un número excesivo de ellas.

Pero la convocatoria, en esta ocasión, me dejó boquiabierto: nada menos que una impresionante sesión de cepillado a la salud de Micro$oft, al parecer ahora constituida en empresa almogávar y nao capitana de las Cataluñas irredentas. Así nos luce el pelo. Pero, claro, hay que ver lo que es la Fundació Barcelona Digital: entre sus patronos, destacan la Generalitat de Catalunya y el achuntamén de Barcelona, o sea, que hay pasta pública por un tubo; pero también cuenta con la participación en su patronazgo de empresas como T-Systems (eterna vencedora imbatible de las licitaciones de ambas administraciones públicas y, claro, a donde va la gente, va Vicente), HP, IBM, Telefoníca, «la Caixa» y varias más entre las que, naturalmente, no podía faltar la dichosa Micro$oft. En el acto en cuestión intervendrán -supongo que con un pañal puesto para que no se les derrame por la pernera la abundante colonia Lavanda Puig que mearán- el director general de la Fundació, Miquel Pueyo, Secretario de Política Lingüística (sí, porque parece que Micro$oft ha venido -gracias le sean dadas a Sant Guillem Portes- a salvar la lengua catalana en el mundo digital, que no sé qué sería del catalán en red sin Micro$oft), y Jordi Bosch, secretario de Telecomunicacions i Societat de la Informació. Aparte, claro -pero ellos ya van con la entrada- de directivos de Micro$oft y otro par de por ahí. Después -la casa es potente y no repara en gastos-, un cóctel (no se hace nunca en este tipo de eventos de la Fundació).

Lo de Micro$oft es para verlo: pocas veces a una empresa concreta se le da tantísimo bombo de forma individual, con tan frecuente cadencia y con tanto derramamiento de baba pública. Claro que hay que reconocer que en sus performances Micro$oft siempre regala llaveros y pegatinas; bueno, en este caso, como los destinatarios son corbatas y gominas, además de los habituales y reglamentarios cagapalanganas del partido correspondiente, lo que regala Micro$oft son lápices USB con 1 Gb de capacidad (cargaditos de software de la casa, altamente útil para la renaixença digital).

La habitualmente mortecina lista «admpub» de Softcatalà (mortecina, repito, habitualmente, pero lleva unos días más activa que de ordinario) se despertó ayer domingo a mediodía rebotándose contra el acto en cuestión a partir de un mensaje de Jordi Mas advirtiendo de la cosa. Comprensiblemente, se organizó el correspondiente concierto de sapos y culebras, más aún teniendo en cuenta que en los útlimos días la lista bajaba bastante calentita precisamente con la Secretaria de Telecomunicacions y Societat de la Informació.

Es sabido que hace ya unos meses decidí, como a la puerta del infierno de Dante, abandonar toda esperanza para Catalunya, no tanto por el hecho de que los políticos le estén tomando el pelo descaradamente al mundo del software libre -en el resto de España también era así, y a base de esfuerzo y de unión en el objetivo común se han ido dando pasitos aquí y allá y va habiendo cosas- sino porque aquí no hay manera con el personal: está muy fragmentado y con muchas ganas de seguir estándolo, a lo que parece. Periódicamente -ahora mismo, sin ir más lejos- surgen iniciativas que intentan cambiar esto, pero trabajan desde parámetros erróneos, empeñados en plataformas y cosas horizontales, muy estéticas, muy democráticas, pero inoperantes. Tan inoperantes que hasta ahora no han podido ni siquiera fundarse. Alguien dirá que en un ambiente de individualismo feroz como el que hay aquí, no puede hacerse otra cosa: quizá, es posible que sea así, pero hay que cambiarlo y, en mi opinión, eso sólo se cambia con estructuras en pirámide que vayan dando resultados, aunque inicialmente sean modestos. Donde nunca se ha conseguido ni una miserable migaja, un modesto panecillo sería un triunfo rayano en lo revolucionario: quizá partiendo de él, podría lograrse la harina necesaria para llegar a obtener una buena hornada.

Y, a falta de un lobby, por ínfimo que sea, los políticos están al completo e incondicional servicio de Micro$oft, poniendo con ello al sector público catalán en el ambiente de panolismo digital más increíble que pueda verse en España (y ojo que, entre unas cosas y otras, España, como común, no es manca). Porque hay que tener en cuenta que, además, en el tema de los sistemas operativos y formatos libres, no hay alternativa política: con CiU tendríamos (tuvimos) lo mismo de lo mismo, sólo que, a diferencia de los de ahora, nunca anduvieron con cuentos ni camelos: el portazo fue directo y en las mismas narices. El mundo de la empresa, en cambio, me preocupa mucho menos; en las empresas mandan los números y éstos son claros: Micro$oft pierde. Lo único que disuade a las PYMEs catalanas para pasarse al software libre es el coste de las migraciones, pero cabe esperar que Window$ Vi$ta eche una mano al respecto con su pública y notoria exigencia de maquinón que para las PYMEs será altamente disuasoria. Invertir a la fuerza por invertir a la fuerza -pensarán muchos- hagámoslo en algo que nos garantice que esta sea la última vez que nos pase.

Catalunya, en definitiva y si no ocurre una especie de milagro antes, cambiará a los sistemas operativos y formatos libres cuando no le quede más remedio, dentro de unos años, cuando el común de España y varios países europeos ya lleven una trayectoria considerable en la materia y su uso sea tan inevitable como la fuerza de la gravedad. Entonces sí, deprisa y corriendo, con unos costes aberrantes y con los políticos, éstos u otros, columpiándose y echándose flores sobre lo avanzadísima y puntera que es Catalunya en materia de innovación.

Y a Catalunya, a cada día que pasa, le van cuadrando ya aquellos versos llenos de dolor y de asco que Machado dedicara al atraso mesetario:

Castilla miserable,
ayer dominadora,
envuelta en sus harapos,
desprecia cuanto ignora

Aquel fet diferencial (el de verdad) que, en medio de una España decadente y aherrojada, llevó a Catalunya a lo más alto en épocas y circunstancias dificilísimas, realmente muy complicadas, incluso dramáticas, ha sido ahora secuestrado y enterrado en vida por la peña de políticos de perfil más bajo que se haya visto jamás; y por una sociedad apática, carente de dinámica propia y que no reacciona.

Bon cop de fems.

No me creo nada

Leía anteayer un artículo de Félix Esteban (un lapsus, perdón) González Pons que, publicado en «ABC», reproducía la página de la AI.

Siento un enorme respeto por la figura de Félix (y dale) Esteban González Pons, precisamente en el recuerdo de la época a la que él alude en su artículo: fue el primer parlamentario español en diagnosticar lo que la red significaba ya en el mundo y la importancia que tenía para España estar en primera fila de esa revolución digital. Aún hoy, diez años después, dicho sea para vergüenza y oprobio de quienes corresponda, que corresponde a prácticamente todos, los políticos que, como González Pons, como Rodríguez Ibarra, como Chaves o como Belloch, saben desde hace tiempo de qué lado sopla el viento, pueden contarse -ellos aparte- con los dedos del culo.

Me sabe mal, y mucho, que aquel entonces senador y hoy conseller de la Generalitat valenciana sea usado por su partido para dar imagen tecnoguay cuando le conviene -sin, por otra parte, hacer ni puto caso de lo que él siempre ha predicado-, disponiendo asimismo de la dichosa Salmones cuando hay que dar un buen masaje a la $GAE. La perrera juega a la vieja comedieta del poli bueno y el poli malo. Ya no cuela, hombre, eso es de película americana de serie B de los años cincuenta. El síndrome de Estocolmo que experimenta el PP ante las sociedades gestoras de derechos peseteros de autor, que dedican todo su muchísimo tiempo libre (el canon da para medrar lo suyo) a escarnecer a la derecha y a abominar de ella -y eso que hay que joderse con lo izquierdistas que son los presuntos autorcitos de los cojones-, será una cuestión que el Partido Popular deberá explicar, en primer lugar, a sus militantes -los primeros cornudos y apaleados ante tanta pleitesía a la farándula-, después a sus votantes y, muy en último lugar (como siempre), y si gustan, a la entera ciudadanía. Pero si se pasan por el forro a los dos primeros, no te digo nada sobre estos últimos.

Que Félix (y venga) Esteban González Pons y la Salmones de las narices estén en el mismo partido -y disfrutando de sus respectivos cargos y prebendas- diciendo lo que dicen ambos en práctica identidad de espacio-tiempo, es algo que sólo puede explicarse por la vía de la tomadura de pelo.

Pero es que los del otro lado no son mancos, y ahí está lo desesperante: mande quien mande, estamos en la mierda. Por eso decía yo ayer o anteayer en la lista de correo de la Asociación de Internautas, que los ciudadanos estamos solos en esta lucha. Podemos ser los amos si nos movilizamos (ya ha habido un poquito de eso, sólo un poquitín, pero lo suficiente para acojonar a unos cuantos) y nos la van a meter doblada como nos durmamos o como vayamos por el mundo de sobrados. Pero, de un modo u otro, somos nosotros los responsables únicos de nuestro destino: no tenemos amigos, no podemos fiarnos de nadie, y menos aún de quienes dicen ser nuestros representantes; y nuestros aliados lo son sólo en función de ocasionales convocatorias electorales o de sus cuentas de resultados: solucionados los respectivos escollos, volveremos a tenerlos enfrente o, en el mejor de los casos, pasando de nosotros como de un cagallón.

Sólo hay que ver los últimos acontecimientos: teníamos encima, como la espada de Damocles, el canon. Lo del canon tenía que haberse resuelto, por inexcusable imperio de la ley, a lo más tardar el día 27 de marzo pero… los ministerios de Industria y de Cultura (Clos y Dixie, respectivamente) se la han saltado a la torera, así, porque les sale de los cataplines. O, más propiamente, porque hay elecciones y están esperando a cascarnos el palo tras la impunidad y la irreversibilidad de los resultados electorales; nunca vióse tan claramente un tamaño ejercicio de traición, llana y redonda, a los intereses de la ciudadanía; y lo gordo es que a los tíos -a los dos citados y a otros más que se esconden tras ellos- les importa un carajo, absolutamente seguros tras -y convencidos de- su invulnerabilidad.

El millón de firmas contra el canon les convenció (ya era hora) de que el movimiento cívico que ellos no percibían desde su burbuja de cinco estrellas, pagada con el oro de nuestro IRPF, existe y es real… y alarmante (para ellos, claro). Estamos obteniendo claros resultados y la respuesta a la pregunta de hasta dónde podemos llegar con esto -después de casi cuatro años rotundos en los que parece que por fin ha quedado claro que, pase lo que pase, no vamos a soltar la presa de nuestros derechos civiles- está llenando de zurrapas ilustres bragas y calzoncillos.

A partir de ahí, parece que entre ellos mismos se haya liado una especie de ceremonia de la confusión: ahora pongo censura administrativa en Internet, ahora la quito; ahora pongo censura privada en Internet, ahora la quito. Después, inmediatamente después, juro que nunca volveré a pasar hambre, ay, no, perdón, el ministro Clos promete por sus ancestros que no volverá a intentar promulgar normas que regalen la censura de contenidos a entidades privadas (no aclara, sin embargo, qué piensa hacer con la censura gubernativa).

Hace diez años -y de ahí para atrás- cuando un ministro empeñaba su palabra en que se abandonaba tal o cual política o su proyección legislativa, eso era misa. Daba igual que lo dijera uno del primer mandato del PP, del PSOE felipista, de la UCD, de Franco, de la República, de Cánovas o de Sagasta, daba igual. El ministro ha dicho que esto no pasa más y no pasa más y punto. Pero ahora… ¡ay, ahora! En el gobierno de un partido cuyo presidente y secretario general, respectivamente, iba a apoyar el Estatuto que saliera del Parlamento catalán (obviemos ahora las simpatías o antipatías que se le tengan al estatuto catalán)… ¿qué podemos esperar de la palabra de un ministro? De la palabra de un ministro que, además, ha sido públicamente impugnada por otra ministra del mismo gobierno.

Con la caída del famoso y ominoso 17bis de la LISI y de su confusa repercusión en una especie de ley rara de regulación de la propiedad intelectual en la red, con la subsiguiente caída (tras un enorme clamor que ya trascendió de Internet y llegó a esparcirse por la calle misma), vivimos horas de alegría, pero no sé hasta qué punto esa alegría es procedente. Podríamos estar celebrando un gran triunfo si la palabra de Clos fuera fiable. No lo es. No lo es, por definición, la palabra de un político; la de Clos, aún menos. Volverán a intentar pegárnosla; cuando y por dónde no lo sé, pero tengo claro que lo volverán a intentar. Con el canon, por supuesto; el canon está cantado y bailado que nos lo tragamos a tutiplén; incluso sería poco sorprendente que los acontecimientos de estos últimos días no fueran sino una escenificación a humo de pajas para justificar la torta del canon («el gobierno ha propinado una buena serie de reveses a las entidades gestoras de derechos peseteros de autor; es justo, pues, ya toca, darles una alegría»).

Lo dije unos cuantos artículos atrás: estamos en la misma dinámica que las patentes de software en el contexto europeo. Debemos mantenernos alerta y con los ojos bien abiertos: incluso una ley de presupuestos generales o una ley de acompañamiento a los mismos -y ojalá no esté dando ideas- podría servir para colarnos alguna barbaridad como las que hemos ido capeando. No vacilarán en recurrir a cualquier trampa: en estos años les hemos tomado las medidas perfectamente y sabemos de sobra que son perfectamente capaces de lo más inaudito, de la trampa más artera, de la abominación más odiosa.

Por eso no me fío ni un pelo. Ni de los políticos ni de su palabra.

Jamás.

La $GAE contra las barricadas

Un nuevo frente se ha abierto en la red con una nueva agresión a cargo de la inevitable $GAE. La víctima, en esta ocasión, es el portal anarquista Alasbarricadas.org y el ataque ha consistido en una demanda por intromisión en el honor del tal Ramoncín, conocido, más que por otra cosa, por su constante denigración de las libertades en red. Conviene especificar, no obstante, que, según la propia demanda, las presuntas injurias habrían sido proferidas en algunos comentarios de entre las muchísimas decenas -¿quizá centenares?- que ese portal recibe.

Bueno, ya conocemos la maniobra y hasta la hemos caracterizado: es la sempiterna práctica del terror procesal que la $GAE y su gente practican constantemente ora contra páginas web, ora contra bloggers, ora contra pequeños comerciantes… contra todo lo que resiste, en cualquier ámbito, a sus designios, exigencias e imposiciones.

No voy a entrar en el fondo de la cuestión, es decir, en si las expresiones escritas que se reflejan en la demanda que podéis encontrar aquí son o no injuriosas porque para eso están los jueces, especialistas en cortar en finas rodajitas de quintales de papel cuatro expresiones escritas en unos pocos segundos. Supongo -téngase si no como sugerencia- que sus señorías valorarán a su vez que el presunto injuriado se ha pasado años de su vida llenándose la boca con palabritas como «ladrones», «robo» y otras más gruesas dirigidas a colectivos enteros de ciudadanos probos y a actitudes en todo acordes con la ley y el orden público, cosa que, habrán de reconocer sus señorías, siempre contribuye a encabronar el ambiente. Recuerden, asimismo, sus señorías, que en eso de andar motejando a la gente no empezó el sector internauta, que la inauguración de la tendencia se la debemos, precisamente, a don Teddy Bautista, con su ya ilustre y mundialmente conocido «pendejos electrónicos» con que nos obsequió; impunemente, por cierto.

Pero en lo que sí voy a entrar es en algunos aspectos de la demanda que, parafraseando al conocido señor Federico Trillo en funciones de presidente del Congreso de los Diputados, «manda huevos» y manda una mala fe argumentaria fenomenal o un desconocimiento absoluto -habitual, por otra parte en los procelosos y llenos de sargazos mares territoriales de la $GAE- sobre lo que es la red y lo que pasa ahí. Espero que la asistencia letrada del titular de Alasbarricadas.org se apresurará a desactivar la cuestión que parece especialmente dirigida a desconcertar a los jueces.

Después de un largo, quejoso y sentido llanto sobre lo difícil que ha resultado localizar al autor de la página, de lo extendido e impune que está el anonimato en la pérfida Internet y, en fin, de toda la cagarela habitual de quienes gustan de arrogarse la estrella de sheriff (aunque hoy la habéis cagado de nuevo, muchachitos), la demanda entra por fin en materia. Y, como para darle ambiente al lloriqueo, arguye preceptos de nuestra vieja amiga la LSSI, preceptos que entran en contradicción flagrante con las pretensiones del tal Ramoncín (pretensiones que, en suma, consisten en 6.000 euros de vellón).

Veamos. La demanda, en su página 4, se acoge al precepto que «[…] obliga al prestador de servicios de la sociedad de la información (incluyendo a los que suministran información y contenidos a través de internet, esto es a los proveedores de contenido como en el caso de la página web ALASBARRICADAS.ORG a disponer de medios que permitan acceder “de forma permanente, fácil, directa y gratuita, a la siguiente información” […]». Y aquí sigue la exigencia legal de que en la página obre el nombre, domicilio y correo electrónico del titular de la página. Por cierto: las negritas y las cursivas del entrecomillado vienen tal cual en la demanda, no las he puesto yo. Y este es, ni más ni menos, el quid de la cuestión.

Para empezar, a mí me parece que considerar Alasbarricadas.org como un proveedor de servicios, es retorcer la cuestión hasta lo insufrible, por más que es necesario reconocer que tampoco se trata de una bitácora común y corriente -como esta misma, por ejemplo- dado que está abierta a quien quiera decir algo allí, mientras que las bitácoras se caracterizan por tener un número de autores fijo -generalmente uno, pero frecuentemente las hay que tienen varios- y estar cerradas a quienes no lo sean, salvo, por supuesto, en la parte de comentarios, que es característica del blog.

Pero, bien, realmente, hay que definir lo que es o, por lo menos, lo que no es Alasbarricadas.org y serán los jueces (¡que Santa Tecla los ilumine!) los que tendrán la última palabra.

Si se admitiera que Alasbarricadas.org es, efectivamente, un proveedor de servicios, tendría razón la demanda en lo referente a una serie de infracciones administrativas en que habría incurrido el dueño de la página; pero repito: infracciones administrativas, en la sanción de las cuales ni la $GAE ni el tal Ramoncín. Pero si Alasbarricadas.org es un proveedor de servicios, estaría en la misma posición que la propia Asociación de Internautas en el litigio que, interpuesto por la propia $GAE y por Teddy Bautista, sostiene en estos momentos en fase de recurso de casación ante el Tribunal Supremo y que ha sido objeto de un informe del Fiscal francamente demoledor. Por lo tanto, esa demanda contra Alasbarricadas.org habrá de correr la misma suerte que la interpuesta contra la Asociación de Internautas. Y a lo que salga. Pero yo diría que la $GAE está metiendo demasiados huevos en una misma cesta y no sé yo si esa cesta no se va a desfondar…

Pero… ¿y si Alasbarricadas.org no es un proveedor de servicios y sí una bitácora como todas las demás? Bueno, pues ahí también tenemos una referencia, constituida por aquel asunto de un muchacho, alumno de un instituto que sufrió represalias administrativas y denuncia judicial por presuntas injurias realizadas a unos profesores desde… unos comentarios en su bitácora. Hace no muchos días, la Audiencia Provincial de Madrid absolvió al muchacho de la condena en faltas que se le impuso (a pesar de que suministró la IP de los presuntos injuriantes y de que el Fiscal retiró la acusación). Naturalmente, esa sentencia no tiene el valor jurisprudencial de una del Tribunal Supremo, pero es una referencia que puede alegarse en cualquier procedimiento judicial.

Por tanto, salvo que los jueces sostengan otros criterios (ya hemos visto cosas berroqueñas en este ámbito y, en todo caso, no debemos olvidar que la $GAE parece estar a partir un piñón con el colectivo) yo diría -quizá un tanto imprudentemente, lo reconozco- que Alasbarricadas.org lo tiene más bien que mal. Pero, claro, es un marrón. Para quien no vive de la cosa esa de litigios, jueces y abogados, un pleito siempre es una fuente de estrés y de ansiedad.

Sólo me queda una duda y se refiere a la razón por la que Alasbarricadas.org ha sido elegida como target, como blanco de este nuevo ataque de la $GAE -por medio de su factótum, el tal Ramoncín– cuando una sencilla búsqueda en Google relacionando los términos presuntamente injuriosos con la persona presuntamente injuriada (y con la $GAE misma) nos devuelve una verdadera montonada de páginas en que estos términos, aplicados a la misma persona y a otras de similar encuadramiento, con la entidad de gestión de derechos peseteros de autor como factor común, se repiten en los comentarios una y otra vez. Entonces… ¿por qué Alasbarricadas.org? ¿Es que la $GAE quizá cree que su ideología será especialmente antipática a ojos de los jueces? ¿Es que es especialmente antipática a los ojos de la propia $GAE o de su factótum? ¿O es que cree quizá en la leyenda urbana que asocia la ideología anarquista con actitudes violentas? ¿Qué clase de dinámicas pretende -espero que en vano- desencadenar la $GAE?

Me parece más que necesario, más que imprescindible, en todo caso, que las protestas -de cualquier modo inevitables- que generará esta nueva agresión de la $GAE a la red se canalicen, por enérgicas que sean, por cauces estrictamente pacíficos y cívicos.

No hay que caer en las trampas ni en las provocaciones.

El rosario de la Aurora

Misterios de gozo – Primer misterio: Astroc se cae de la burbuja y no inventa la hostia, pero se da una que pa qué

Que si el hombre de Inditex se había ido con viento fresco, o que si no, que no se ha ido, pero el caso es que el especulador -más cobarde aún que su propia pasta, que ya es ser cagueta- aire tú, vámonos de aquí que esto huele a muerto que no se puede aguantar. Y el… valor (llamémoslo así) se desploma y con él se vienen abajo los demás buitres del escarpado. Acojonamiento general, la caída del IBEX se acerca peligrosamente al 3 por 100 y aquellos 15.000 del indicador que apenas hace una semana se lamieron con fruición, quedan de nuevo lejos.

La teoría «los pisos nunca bajan: en lo peor, se mantienen» ancestralmente cierta, se derrumba también y el precio de los pisos baja, un 4 por 100 confeso, pero muy probablemente será mucho más andando los meses: hay quien habla de un 30 por 100. Se retraen los bancos y cajas -sobre todo éstas últimas, tradicionales aliadas de los especuladores- ojo chaval, que esto entra en zona de riesgo (si es que no la hemos cagado ya, a estas horas) y, aunque les produce horror la sola idea (que negarán incluso más allá de la evidencia) la gente pisa el freno. Espera, María, que esto está empezando a bajar, a ver si vamos a ser nosotros de los tontos que se lanzan a comprar porque el metro (el cuadrado, no el del alcalde) ha bajado dos pesetas y nos ponemos a pagar ahora un 20 por 100 más de lo que nos costará dentro de seis o nueve meses; tú sigue tomando la pastilla que ya no nos va a venir de un año más.

No, a María y a su novio ya no les va a venir de un año más. A los sinvergüenzas gordos, tampoco: esos macarras canviaron (no se puede pensar en catalán mientras se escribe en castellano: gracias, Lamastelle) cambiaron de aires y llevan ya casi un año jodiendo a los polacos, a los checos y a toda esa pobre gente recién llegada a esa Europa de oropel, falsa y segundona, que está fuera de la zona fetén, la zona Euro más británicos y suecos; muchachotes, ya estáis en el primer mundo (o eso os creéis, panolis), pantalones abajo y culo en pompa que os vamos a enseñar lo que cuesta darse el farde por Bruselas. No, los que están sudando la gota gorda son los cutresinvergüenzas de mercadillo, los listos que creyeron que todo el monte es orégano y que, además, lo es para siempre; los que están pringados con un contrato de compraventa que les comprometió -sobre plano- a una cantidad que ya no van a obtener con la reventa, ay, Joaquina, que estamos poniendo esa mierda de piso a la venta treinta mil euros por debajo de lo que tenemos que pagar y sigue sin salir y la entrega de llaves será en junio, y dimos cincuenta mil euros de arras, ay, ay, ay…

También sudan la gota gorda los pequeños tenderetes inmobiliarios de intermediarios acostumbrados al venta que hago, BMW que me compro; ay, que este mes no sé si cubriremos el alquiler, Jennifer, que te pago lo del convenio para que hagas de auxiliar administrativa y me sigas contestando el teléfono, pero el suplemento de desembrague vamos a tener que dejarlo correr, mira, cuando me vea apurado ya iré a limpiar fondos al puticlub de la otra calle, joder, Jennifer, que no me llega ni la pasta a las vacaciones ni la camisa al cuerpo, y date con un canto en los dientes de no verte en medio de un ERE (je, ya te lo encontrarás, cuando veas la chapa el 3 de septiembre…).

Y ¡hombre! por una vez, igual pringan los de la gomina, je, je, je. Caramba, don Borja-Gonzalo de Torre Grande y Hornachuelo, ya me sabe mal, que en esta casa siempre hemos tenido en muy alta consideración su brillante curriculum y su fastuoso MBA por IESE, pero, claro, ya comprenderá usted que tal como han quedado los resultados en bolsa después de la sesión del martes… en fin, que ha sido un placer y no es necesario que se moleste en recoger sus cosas: Evelio, el segurata, ha tenido el detalle de hacerlo por usted y muy atentamente se las custodia en la garita de la planta baja para lo que usted guste disponer respecto de ellas. Y que disfrute usted sus stock options, que bien se las ha ganado.

Misterios de gloria – Segundo misterio: Solbes se viste de bombero, pero el extintor tiene la carga caducada y sólo suelta un escupitajo de bicarbonato teñido

De modo que el ministro Solbes, que así, entre paréntesis, es el único que tiene una inteligencia reconocida en medio de toda esa banda, tiene que apagar el fuego. Sabe que es como intentar apagar con una regadera lo del World Trade Center pero, igual que les pasó a los bomberos de Nueva York, el marrón va con el sueldo, así que el hombre se ata los machos e intenta convencer al personal de que no pasa nada, qué es tanta alarma y tanta cagarela, hombre, estas cosas en la bolsa pasan todos los días a la hora del desayuno y, bueno, los pisos se siguen vendiendo a porrillo y las constructoras experimentan una ligerísima desaceleración (una cuestión puramente coyuntural que no llega ni a pico, apenas una pequeña ondulación).

Que no cunda el pánico. Sobre todo que no cunda el pánico. Porque como cunda, -y, si cunde, los resultados se verán prístinos justo antes de las elecciones generales- nos vamos al guano de cabeza. No, si ya me lo decía la parienta: «Pedro, hombre, que pareces nuevo…; pero ¿cómo se te ocurre meterte en esa charca de analfabetos así, a pelo, sin condón ni nada?». ¡Qué tropa! Ya verás, ya, cómo el año que viene no irá Zapatero a la Bolsa a explicar los números del PIB, me hará ir a mí a comerme el cagarro; y a los tíos estos no te los llevas al huerto así por las buenas. Y, virgencita, que no falle el sector turístico, que no sea verdad eso de que viene cada vez más gente pero que entra cada día menos pasta; no virgencita, eso no me lo hagas ¿eh? Ya me atormentas bastante obligándome a escuchar sin pestañear las teorías presupuestarias de Carmen Calvo y la ausencia total de teorías de Clos, virgencita, piensa que el otro día los de las telecos le dijeron prácticamente a la cara que hasta un repetidor de cinco asignaturas de bachillerato conoce su oficio mejor que él; y yo, virgencita, mirando fijamente a las molduras, por si hay grietas en el techo. Pero las grietas, virgencita, las tengo yo, de puro pánico, en el agujero del culo y no sabes lo que duele eso, así que, porfa, no me jodas el sector turístico, por tu Hijo te lo pido -y hasta por tu padre-, y que las cifras funcionen por ese lado o acabaremos todos colgados por los pulgares… o por un sitio peor.

Da penita, Solbes (hasta donde cabe que dé penita un político, que cabe poco). Toda una españaquevabien sustentada en el pelotazo, o sea, en el ladrillo y en el hotel que se mea en la Ley de Costas -como la piscina de Rodríguez (P.J.)-, desde tiempo inmemorial y ahora resulta que el ladrillo se da el hostiazo y que el turismo ya no es de alpargata, sino que viene directamente descalzo, borracho y volando en low cost con tarifa plana de birras en el hotel.

Y la gran esperanza blanca europea, el sector tecnológico y el conocimiento, bloqueados en España por Micro$oft y por la $GAE.

Virgencita, sí… pero la de Lourdes.

Misterios de dolor – Tercer misterio: el ciudadano común, corriente y currante, se cae, de todos modos, con todo el equipo

Bueno, no desvelo ningún secreto si digo que, al final, y a pesar de algunas alegrías como las arriba enunciadas, efímeras, por supuesto, siempre acabamos pagándolo todo los mismos. Es como el hombre elegante -traje de mil euros, zapatos de trescientos- que emplea los servicios de un limpiabotas y, terminado el servicio, se levanta con modos mesurados y altivos y le dice al camarero: «la cuenta, al señor que está allí arrodillado». En la vida real, el señor que está allí arrodillado, le suelta un par de hostias al camarero, luego trinca al fulano elegante y le embetuna hasta el colodrillo. Pero en el símil cívico, el limpiabotas paga al camarero la consumición, le da propina y luego le pide al otro que vuelva pronto; y, por supuesto, siempre de rodillas.

¿Qué síndrome de Estocolmo acogota a los ciudadanos frente a quienes los convierten en vasallos de la vesanía? No lo sé. De hecho, es una constante histórica, como también lo es el que, en determinados y puntuales momentos, el ciudadano parece ser consciente de su fuerza, da rienda suelta a su cólera y estalla como una bomba que lo rompe todo y lo llena todo de sangre y de fuego. No hay manera de conseguir que la ciudadanía, en vez de comportarse como una bomba, que es un trasto inútil hasta que explota y entonces ya no se trata de utilidad o de inutilidad sino de destrucción sistemática, se comporte como una central nuclear, que va liberando toda su potencia de una forma constructiva manteniendo, simultáneamente, en perpetuo temor al explotador.

Por ello, mientras la ocasional y tremenda explosión no se produce, los sinvergüenzas retuercen al ciudadano sin escrúpulo alguno. De este modo, el ciudadano, que ha pagado la especulación inmobiliaria de la que todos, de alguna manera, hemos sido víctimas, pagará también el derrumbamiento de este concreto episodio especulativo (no de la especulación como fenómeno permanente, claro está). Si la construcción se detiene o se ralentiza, el número de parados aumentará y se verá aún incrementado tremendamente por un sector auxiliar de muy importante volumen y de ahí pasará a otros sectores como una reacción en cadena; a la crisis subsiguiente, cabrá superponerle una previsible morosidad de amplio alcance que podría llevar -ya me extrañaría, ya, pero no está fuera de lo posible- a una crisis bancaria importante… a no ser que se cargara también sobre el ciudadano de la nómina la factura hipotecaria, cosa que parece que les ronda por la cabeza, tal como recogía en la última entrada de la paella de la semana pasada.

Está claro: disminución del poder adquisitivo general, especulación laboral, y toda la fenomenología adjunta que conocimos en los años setenta, a la que cabe añadir, probablemente, una exacerbación de la xenofobia y demás (en esas circunstancias, acabaríamos acusando a los inmigrantes de robarnos el trabajo). Naturalmente, subsiguientes recortes, seguramente importantes, de las prestaciones sociales y quizá una importante caída del estado del bienestar mismo.

Y, como le rezaba Solbes a la virgen de Lourdes en la entradilla anterior, que no se hunda lo del turismo.

En definitiva, siempre es el círculo vicioso: mala es la especulación y malo es el derrumbamiento de una de sus manifestaciones. Queda notoriamente claro, pues, que lo verdaderamente malo fue no haber puesto coto desde un principio a la exageración del ladrillo pero, naturalmente, la porquería política de turno dirá que la culpa fue del gobierno anterior (que, obviamente, fue del partido contrario). Y nos dejaremos tomar el pelo así de alegremente.

Es nuestro sino… hasta el próximo big bang.

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Entrando ya, a los efectos paelleros, en el mes de mayo. El próximo jueves será día 3, efeméride en la que el mando napoleónico trató con mano dura a los participantes, elegidos así, al alimón, de uno de esos estallidos que caracterizan a la raza, sucedido el día anterior.

También -no dejaré de recordarlo- es el mes en que se iba a celebrar, en la lógica del calendario, de la tradición y de nuestra cultura, la fiesta de Pentecostés, derogada a saco por la alcaldada hereditaria cagada de miedo ante la posibilidad de que nos escapemos de puente. Es hora, pues, de ir meditando nuestro voto y de ir meditando qué uso del mismo puede hacer más daño a esa chusma.

Aunque, realmente, ningún uso del voto puede dañarles. Ni siquiera la abstención, de la que siempre se hacen cruces de boquilla pero que luego les resbala soberanamente. Ellos sí que lo tienen atado y bien atado, para que luego digan del otro, del tío de las medallas.

Ya no es que den asco: es que producen alergia.

¡Hipócritas!

No tienen remedio, es que es increíble. Ahora obligan a los médicos a que denuncien los malos tratos a mujeres aunque éstas se opongan. ¡Qué maravilla y qué bonito!

Ahora veremos cuántas mujeres morirán por no requerir asistencia médica después de una somanta.

Querían el titular y ya lo tienen, hala, qué bonito y qué bien, cuánto nos preocupamos por la condición femenina.

¡Hipócritas!

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